
Las tensiones geopolíticas en el Golfo Pérsico han escalado en los últimos días hasta alcanzar un punto que vuelve a colocar al precio del petróleo en el centro de la economía mundial. El conflicto militar que involucra a Irán, EE. UU. e Israel, junto con ataques a infraestructura energética y la creciente inseguridad en el Estrecho de Ormuz, ha elevado significativamente el riesgo sobre el suministro global de energía.
Este estrecho corredor marítimo es una de las arterias más sensibles del comercio energético internacional. Por él transita aproximadamente el 20.0 % del petróleo que se consume en el mundo, cerca del 25.0 % del comercio global de gas natural licuado y, algo más del 5.0% de otras mercaderías. Cualquier interrupción en esa ruta tiene un impacto inmediato sobre los mercados petroleros.
Los acontecimientos más recientes —incluyendo ataques a instalaciones petroleras y el aumento de las tensiones militares en la región— han incrementado la incertidumbre sobre la continuidad normal del suministro energético global. Como resultado, el precio del petróleo ha reaccionado al alza y con perspectivas a mantenerse.
Para economías importadoras de energía como la dominicana, estos episodios no son simples fluctuaciones de mercado. Constituyen choques externos capaces de afectar variables fundamentales como la inflación, el tipo de cambio, el déficit fiscal, las tasas de interés y el crecimiento económico.
Sin embargo, la pregunta clave no es únicamente si la República Dominicana puede absorber el choque petrolero, sino qué ocurre con la economía cuando lo hace.
Un aumento que responde a riesgo real, no a especulación
En el debate público suele afirmarse que el aumento del petróleo responde a especulación en los mercados financieros. Sin embargo, el contexto actual sugiere que el movimiento de precios responde principalmente a riesgos geopolíticos reales.
No existe evidencia de acumulación extraordinaria de inventarios físicos de petróleo ni de una burbuja especulativa desconectada de las condiciones del mercado. Por el contrario, el conflicto está afectando directamente tanto la producción como las rutas de transporte energético.
Además, el aumento de las operaciones en los mercados de futuros responde fundamentalmente a estrategias de cobertura frente al riesgo. Refinerías, aerolíneas y empresas energéticas utilizan estos instrumentos para asegurar suministro a precios conocidos ante la posibilidad de interrupciones en el mercado físico.
En ese sentido, el aumento reciente del petróleo no refleja una burbuja financiera, sino una prima geopolítica asociada al riesgo de escasez o interrupción del suministro.
El nuevo rango probable del petróleo
Antes del conflicto, el petróleo se movía en un rango cercano a los 70 dólares por barril. La escalada geopolítica lo ha llevado a niveles que superan los 90 dólares, con episodios de mayor volatilidad.
Si el conflicto se mantiene contenido, el mercado podría estabilizarse en un rango de US$90.0 a US$100 por barril. Sin embargo, si las tensiones militares se intensifican o el tráfico marítimo en el Estrecho de Ormuz se ve interrumpido de forma significativa, el mercado podría entrar en un escenario de US$100 a US$120 por barril, e incluso más alto en caso de una disrupción prolongada.
En otras palabras, el mundo podría estar entrando en una nueva fase de prima geopolítica energética.
El impacto sobre la economía dominicana
La República Dominicana importa prácticamente la totalidad de los combustibles que consume. Esto significa que cualquier aumento sostenido del precio del petróleo se transmite inevitablemente a la economía local.
El primer canal de transmisión es la factura petrolera. Un petróleo más caro implica que el país necesita más divisas para pagar sus importaciones energéticas, lo que aumenta la presión sobre la balanza comercial y sobre el mercado cambiario.
El segundo canal es el inflacionario. El petróleo es un insumo fundamental para el transporte, la generación eléctrica y la logística de la economía. Cuando su precio sube, los costos de producción aumentan y eventualmente parte de ese incremento se traslada al consumidor final.
El tercer canal es fiscal. Cuando el petróleo sube, el gobierno enfrenta una decisión compleja: trasladar el aumento al consumidor o absorberlo mediante subsidios. Si el gobierno decide evitar aumentos bruscos en los combustibles, el costo termina siendo asumido por el presupuesto público o en forma mixta, el gobierno y los consumidores y esa señal ya ha sido dada esta semana con el aumente del precio de algunos de los derivados del petróleo como la gasolina que aumento RD$5.0 el galo y el subsidio se elevó a RD$ 1,189.8 millones
En un escenario en el que el petróleo se mantenga cerca de US$90.0 por barril, el subsidio para evitar aumentos podría situarse entre US$850 a US$1,000 millones a la semana. Si esta situación se prolongara durante varios meses, la presión sobre las finanzas públicas aumentaría y expondría al presupuesto público a reducir aun más el poco margen de espacio fiscal que todavía le queda.
¿Está preparada la economía dominicana?
Desde el punto de vista macroeconómico, la economía dominicana cuenta con algunas fortalezas que le permiten enfrentar el choque petrolero en el corto plazo. El país tiene reservas internacionales por el orden de los US$16,176 millones, lo que permite al Banco Central capacidad para intervenir en el mercado cambiario si el dólar se presiona al alza, escenario altamente previsible.
Además, la economía genera un flujo importante de divisas. En 2025 el país recibió alrededor de US$47 mil millones por concepto de turismo, exportaciones, remesas e inversión extranjera directa. Este flujo contribuye a financiar las importaciones, incluida la factura energética.
Sin embargo, el principal límite aparece en el frente fiscal. El presupuesto de 2026 contempla un déficit fiscal de alrededor de 3.2 % del PIB, mientras que el pago de intereses de la deuda representa cerca de 24 % de los ingresos fiscales. A esto se suman subsidios energéticos que superan los RD$98 mil millones entre electricidad y combustibles. Esto significa que el margen fiscal disponible para absorber choques externos es relativamente limitado.
El verdadero costo del petróleo caro
El problema no es únicamente si la economía dominicana puede resistir el choque petrolero, sino cuánto espacio macroeconómico pierde al hacerlo.
Cuando el Estado destina más recursos a subsidiar combustibles o a financiar una factura energética más alta, esos recursos dejan de estar disponibles para otras prioridades: inversión pública, infraestructura, programas sociales o reducción de deuda.
En el frente monetario, el petróleo caro puede presionar la inflación y obligar al Banco Central a mantener tasas de interés relativamente altas, reduciendo el margen para estimular la economía por conducto de tasas de interés bancaria más alta, probablemente inducida por expectativas o aumentos en la tasa de política monetaria.
En el frente externo, una mayor factura petrolera implica que más divisas se destinan a importar energía y menos a financiar inversiones productivas. En otras palabras, el petróleo caro no solo encarece los combustibles; también reduce el margen de maniobra de la política económica.
La paradoja del choque petrolero
La economía dominicana tiene capacidad para absorber el choque petrolero en el corto plazo gracias a su generación de divisas, a sus reservas internacionales y a la estabilidad relativa de su sistema macroeconómico. Pero esa capacidad tiene límites, el país no dispone de excedentes fiscales ni externos amplios que permitan absorber el impacto sin sacrificios.
La economía dominicana tiene capacidad para absorber el choque petrolero, pero no dispone de excedentes para hacerlo sin costo. Absorber el impacto implica utilizar recursos fiscales, monetarios y externos que dejan de estar disponibles para otras prioridades del desarrollo.
Esa es la verdadera paradoja que enfrenta la economía dominicana frente a un petróleo caro. El país puede resistir el choque, pero hacerlo implica perder espacio económico.
Y ese es, en última instancia, el costo invisible -luego se convierte en visible- que los conflictos energéticos internacionales imponen sobre economías importadoras de petróleo como la nuestra.












