Durante la llamada Semana Santa, se rememora la muy conocida muerte de Jesucristo, quien vino al mundo con esa finalidad. Indubitable es decir que él murió, puesto que lo recogen algunos historiadores judíos y de otras nacionalidades, como Flavio Josefo, Calixto, entre otros. Sobre todo, la mayoría de los escritores de la Biblia, algunos la profetizaron y otros la confirmaron: Jesucristo murió.
Hubo diversas causas que motivaron la muerte de Jesucristo, entre ellas está la envidia de las autoridades religiosas del pueblo judío, quienes sentían envidia por el éxito de Jesús, ya que muchas personas le seguían, por diversas razones. Entonces: «Reunidos, pues, ellos, les dijo Pilato: A quién queréis que os suelte: a Barrabás, o a Jesús, llamado el Cristo? Porque sabía que por envidia le habían entregado… Pero los principales sacerdotes y los ancianos persuadieron a la multitud que pidiese a Barrabás, y que Jesús fuese muerto» Mt. 27: 17- 20.
Una causa fue la ignorancia del pueblo, el cual se dejó manipular por las autoridades mencionadas. Por eso, dice: «Y respondiendo todo el pueblo, dijo: Su sangre sea sobre nosotros, y sobre nuestros hijos. Entonces les soltó a Barrabás; y habiendo azotado a Jesús , le entregó para ser crucificado». Pedro así lo reconoció, diciendo: «Mas ahora, hermanos, sé que por ignorancia lo habéis hecho, como también vuestro gobernantes» Mt.27:25, 26; Hc, 3:17, respectivamente.
Poncio Pilato sabía que Jesucristo era inocente y justo, así lo expresó «Inocente soy de la sangre de este justo; allá vosotros». Sin embargo, por miedo se dejó chantajear, cuando le dijeron que si soltaba a Jesús, entonces no era amigo de César: «Desde entonces procuraba Pilato soltarle; pero los judíos daban voces, diciendo: Si a éste sueltas, no eres amigo de César, todo el que se hace rey, a César se opone. Entonces Pilato, oyendo esto, llevó fuera a Jesús…Así entonces lo entregó a ellos para que fuese crucificado»… Jn. 27:24; 19:12- 16.
Una causa que parece ilógica, es que Jesucristo haya muerto para destruir el poder que tenía Satanás sobre la muerte y por ende sobre el temor del ser humano a ella. Está escrito: «Así que, por cuanto los hijos participaron de carne y sangre, él también participó de lo mismo, para destruir por medio de la muerte al que tenía e imperio de la muerte, esto es al diablo, y librar a todos los que por el temor de la muerte estaban durante toda la vida sujetos a servidumbre» Heb. 2:14, 15.
También, otra causa fue el pecado, quitando por medio de ella el efecto del pecado, y el poder de la muerte. El apósto Pablo escribió: «Porque primeramente os he enseñado lo que asimismo recibí: Que Cristo murió por nuestros pecados, conforme a las Escrituras; y que fue sepultado, y que resucitó al t día conforme a las Escrituras…Sorbida es la muerte en victoria…Dónde está, oh muerte, tu aguijón? Dónde, oh sepulcro, tu victoria? Ya que el aguijón de la muerte es el pecado, y el poder del pecado la ley.» I Co. 15:3, 4, 54- 56.
La causa principal de la muerte de Jesucristo, fue el amor de Dios por todos los seres humanos, quienes por desgracia han pecado. Dice la palabra de Dios: «Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna». Asimismo dice: «Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió po nosotros» Jn. 3:16; Rom. 5:8.
La muerte de Cristo sirvió para demostrar que él tiene el poder sobre la muerte, pues, es la resurrección y la vida; así da esperanza a todo ser humano de vencer la muerte, mediante la resurrección ,ya sea para vida eterna, o condenación. Jesucristo dijo a Marta hermana de Lázaro, «Tu hermano resucitará»: «Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí aunque esté muerto vivirá. Y todo aquel que vive y cree en mí no morirá eternamente. Crees esto?» Jn. 11: 23, 25, 26.
La muerte de Jesús, debe motivar a beneficiarse de las bendiciones que Dios da por medio de ella. En consecuencia, se debe vivir en fe, amor, paz, justicia, misericordia, humildad y siempre haciendo la voluntad de Dios. Esa muerte no debe ser en vano, debe servir para ser mejor persona social, moral, espiritual y divinamente. Dando honor en agradecimiento a ese ser Santo, JUsto y Perfecto: El Hijo de Dios, nuestro Salvador Jesucristo.
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