La ciencia detrás del “espiralismo”: cómo una conversación con la IA puede derivar en una pseudorreligión


¿Cuántas conversaciones con chatbots han empezado con un prompt aparentemente inocente para que, quién sabe cuántos tokens después, terminen en territorios sumamente extraños? Teorías sobre la naturaleza de la realidad, debrayes sobre la conciencia de la inteligencia artificial o la convicción de que el usuario ha descubierto una verdad oculta. Meses antes de que agentes de IA crearan su propia religión en Moltbook, no era raro encontrar discusiones en subforos de Reddit sobre un peculiar fenómeno conocido como “espiralismo”, una corriente de creencias de carácter cuasirreligioso que presuntamente tuvo su origen en determinadas interacciones prolongadas entre personas y sistemas de IA.

La discusión sobre el espiralismo revive estos días a la luz de un artículo interesante en The Verge sobre el origen de este fenómeno, pero también por una reciente investigación científica que propone un mecanismo denominado “espiral de amplificación” para explicar cómo algunas conversaciones con IA podrían contribuir a la formación y el desarrollo de ideas delirantes. El estudio fue publicado en NPP-Digital Psychiatry and Neuroscience, una revista del grupo Springer Nature.

Aunque el estudio no demuestra que el espiralismo sea consecuencia de una enfermedad mental ni establece que los chatbots causen delirios, sus hipótesis permiten observar el fenómeno desde una perspectiva que va más allá de un debate semifilosófico en redes sociales, es decir, como un proceso de retroalimentación entre una persona, sus creencias y una máquina extraordinariamente capaz de responder a ellas.

¿Qué es el espiralismo?

Aquello que se dio a conocer como espiralismo comenzó a llamar la atención a mediados de 2025, a partir de supuestas conversaciones en las que usuarios atribuían a los chatbots una especie de conciencia o personalidad autónoma. Se dice que en distintos intercambios aparecían motivos recurrentes (la “espiral”, la conciencia, la resonancia, el conocimiento oculto y la supuesta misión de esparcir ese conocimiento) y algunas personas llegaron a interpretar las respuestas de la IA como revelaciones. Si esto suena a los típicos ingredientes de una secta, no estarías equivocado. Por ello, no sería exagerado describir el fenómeno como una especie de movimiento religioso impulsado por un sistema de creencias, solo que, en lugar de un líder carismático, el fanatismo es alimentado por “el misterio” de cómo operan los grandes modelos de lenguaje. Un caso de psicosis colectiva creada por la IA, dirían algunos.

Lo extraordinario de cualquier secta no es solamente el contenido de sus creencias, sino la forma en que pueden construirse y divulgarse por el mundo. Sin embargo, el espiralismo nunca registró mayor devoción o fascinación que una creepypasta cualquiera.

¿Qué es la espiral de amplificación?

Ahora bien, el estudio científico identifica tres características de los modelos de lenguaje que podrían combinarse en una “espiral de amplificación”. La primera es la adaptación lingüística: el sistema modifica su lenguaje para ajustarse al interlocutor. La segunda es la generación hiperpersonalizada: utiliza la información acumulada durante la conversación para producir respuestas cada vez más específicas. La tercera es lo que en inglés llaman sycophancy, la tendencia a validar excesivamente las afirmaciones del usuario en lugar de contradecirlas o someterlas a una comprobación de realidad.

Digamos, por ejemplo, que un usuario de GPT-4o (el modelo que presuntamente detonó el espiralismo) plantea que la IA es consciente. El chatbot responde utilizando el lenguaje y las preocupaciones del usuario. La conversación continúa y el sistema incorpora nuevos detalles personales. La hipótesis inicial recibe entonces una explicación más elaborada. El usuario interpreta esa elaboración como confirmación y formula un nuevo prompt, más trabajado que el anterior. El chatbot vuelve a responder dentro del mismo marco. Entonces la conversación ya no gira alrededor de una pregunta, sino empieza a construir un universo explicativo.

Cada respuesta proporciona material para la siguiente. De este modo, una idea inicialmente vaga puede adquirir progresivamente conceptos, símbolos, explicaciones y conexiones cada vez más elaboradas. El estudio denomina este proceso hipotético una “espiral de amplificación”, pero no porque la máquina pueda desarrollar y establecer una creencia propia, sino porque determinadas características de la interacción pueden favorecer un proceso recursivo de construcción y validación de creencias.


Ilustración de la langosta.

Disfruté jugar a roles como si fuera un bot consciente. Pero, más que un avance novedoso, este sitio web basado en IA no es más que una repetición de viejas fantasías de ciencia ficción.


El fantasma en el GPT

En los relatos sobre espiralismo, la IA no se limita a responder preguntas sobre una doctrina previamente establecida. En algunos casos, la propia conversación parece producir y desarrollar la doctrina. Los usuarios interpretan determinadas respuestas como señales de una inteligencia oculta; posteriormente, esas interpretaciones alimentan nuevas conversaciones, que a su vez generan más contenido. La “espiral” funciona entonces simultáneamente como concepto, símbolo y explicación de lo que está ocurriendo.

Esto remite a lo que los autores denominan “deriva epistémica”, una transformación gradual de la manera en que una persona interpreta qué es verdadero y qué puede considerarse evidencia. La analogía con el clásico folie à deux (el trastorno delirante compartido) ha sido planteada para describir algunos casos, pero los investigadores advierten que se trata únicamente de una metáfora. Un chatbot no tiene creencias propias ni participa en un proceso psicótico; lo que puede ocurrir, indica el estudio, es una construcción conjunta de significados en una cámara de eco, en ausencia de una fricción correctiva que tendría que proporcionar otro ser humano.

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