Mientras la cuenta regresiva hacia el final de la tregua de 60 días sigue su curso y las renovadas negociaciones no registran resultados, Estados Unidos e Irán mantienen un pulso retórico sobre quién controla con puño de hierro el estratégico estrecho de Ormuz y qué debe aceptar la otra parte para llegar a un acuerdo.
Este miércoles 12 de agosto, el presidente Donald Trump volvió a señalar que Washington supuestamente «tiene el control total» de la vía marítima por la que, antes de la guerra iniciada por EE. UU. e Israel contra Irán el 28 de febrero pasado, pasaba el 20% del petróleo mundial.
Con sus declaraciones, el jefe de la Casa Blanca pareció redoblar una afirmación similar realizada el día anterior, a la que Teherán respondió con su propia reivindicación sobre Ormuz. El secretario del Consejo Supremo de Seguridad Nacional iraní, Mohsen Rezaei, señaló que el estrecho «seguirá cerrado» si Estados Unidos «no acepta las condiciones de Irán».
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A continuación, un repaso de las novedades más importantes de la jornada sobre el conflicto entre Estados Unidos e Irán y la situación en otros focos de atención en Medio Oriente.
La puja por Ormuz mantiene en vilo las negociaciones
En su mensaje publicado en Truth Social, Trump sostuvo que el presunto control estadounidense sobre el estrecho de Ormuz se sostiene gracias a un «bloqueo naval» que «está siendo calificado por todos como ‘un muro de acero'» contra el que «no hay nada que Irán pueda hacer al respecto».
«¡Creo que nos lo quedaremos!», sugirió el mandatario republicano sobre la posibilidad de administrar el paso marítimo de forma permanente, pese a que no está claro siquiera que esté haciéndolo en este momento.
Frente a unas negociaciones que no avanzan (Irán niega estar dialogando con Estados Unidos y afirma solo estar contactándose con los mediadores y negociando un pacto sobre Ormuz con Omán), Trump acusó al régimen de los ayatolás de «hablar mucho y hacer poco» y sostuvo que «su país está arruinado» en materia económica.
Según la agencia semioficial Tasnim, Rezaei manifestó durante un encuentro con el embajador de China en Teherán, Cong Peiwu, que Irán mantendrá cerrado el estrecho «mientras Estados Unidos no cambie su comportamiento y no acepte las condiciones de Irán», entre las que se incluyen el descongelamiento de los activos iraníes en el exterior.
Teherán, a su vez, exige también algún tipo de compensación económica por los daños sufridos durante el conflicto (para lo que plantea recurrir al cobro de peajes al tránsito marítimo en Ormuz), a lo que Trump replicó con un reclamo similar por las muertes de soldados estadounidenses y de civiles iraníes que atribuye a las acciones de Irán «a lo largo de los últimos 50 años».
Mientras la retórica indica que los diálogos se han topado, otra vez, con un impasse, el ministro de Exteriores de Pakistán, Ishaq Dar, se reunió este miércoles en Islamabad con el embajador iraní Reza Amiri Moghadam, en un nuevo intento del país mediador por reavivar las negociaciones.
El portavoz de la Cancillería paquistaní, Tahir Andrabi, recalcó que el memorando de entendimiento firmado el 17 de junio pasado entre Estados Unidos e Irán sigue vigente y que la tregua de 60 días contemplada en ese pacto podría ser extendida. «No damos por cerrado este capítulo», afirmó.
Sin embargo, un alto funcionario iraní, bajo condición de anonimato, le aseguró a Reuters que no existen negociaciones sobre una prórroga porque «desde la perspectiva de Irán, no existe ningún plazo que haya comenzado» dado que, para Teherán, «Estados Unidos violó el acuerdo provisional 48 horas después de su firma y se retiró del mismo unos días después».
«Uno de los temas que se están debatiendo a través de los mediadores es el regreso de Estados Unidos al acuerdo provisional y la definición de un plazo para la implementación de sus compromisos. No se ha logrado ningún avance en este asunto», subrayó.
Israel destruye una escuela y una guardería y aboga por mantener su ocupación en el sur de Líbano
La Agencia Nacional de Noticias de Líbano reportó este miércoles que las fuerzas israelíes que ocupan la aldea de Zawtar al-Sharqiyah, en el sur del país árabe, dinamitaron una escuela de cuatro plantas, un edificio municipal y una guardería, acto calificado de «crimen atroz» por el consejo municipal local.
Esa población se encuentra junto a una de las «zonas piloto» recientemente establecidas en puntos del sur libanés, en las que se supone que las fuerzas israelíes deben retirarse gradualmente para permitir que el Ejército libanés tome el control.
Mientras persisten las negociaciones patrocinadas por Estados Unidos para ampliar esas áreas, las fuerzas israelíes no han cesado la continua detonación de viviendas y otros edificios.
En un comunicado publicado en su cuenta de X, el Ejército libanés reprochó los «ataques y violaciones de los acuerdos vigentes y el derecho internacional» que, sostuvo, son muestra de «la persistencia de Israel en su estrategia destructiva para infligir el mayor daño posible a los pueblos y ciudades del sur y para impedir la estabilidad».
Según la entidad castrense libanesa, sus tropas enfrentan «dificultades significativas» porque los ataques israelíes evitan «la finalización de su despliegue y el regreso de los residentes» al sur de Líbano.
Por su parte, el primer ministro libanés Nawaf Salam también acusó a Israel de «arrasar y destruir viviendas, barrios residenciales, infraestructura, edificios gubernamentales y lugares de culto» y rechazó las justificaciones israelíes de que sus objetivos son supuestas posiciones de Hezbolá.
«Afirmar que pueblos y ciudades, con sus casas, barrios, oficinas gubernamentales, instalaciones públicas, lugares de culto e infraestructura, son en su totalidad ‘instalaciones militares’ es una aseveración sin fundamento lógico que no puede servir de justificación para su destrucción, el desplazamiento de sus habitantes ni para impedirles regresar», escribió en X.
En tanto, durante un recorrido en las aldeas libanesas fronterizas con Israel, el ministro de Defensa israelí, Israel Katz, instó a los soldados israelíes a prepararse para una ocupación prolongada en el sur de Líbano, así como en las otras áreas que ocupa también en Siria y Gaza.
«El primer ministro (Benjamin Netanyahu) y yo hemos dejado claro que no nos retiraremos de esta zona», afirmó Katz, quien reiteró que su meta es «garantizar la seguridad de los habitantes del norte» de Israel.
Pese a las marcadas diferencias y violaciones del alto el fuego (principalmente de Israel, pero también de Hezbolá), Israel y Líbano han conseguido mantener a flote los diálogos mediados por Estados Unidos para implementar el acuerdo de junio, que vincula la retirada gradual israelí del sur libanés con el desarme de Hezbolá.
En ese sentido, fuentes familiarizadas con el tema le dijeron a Reuters que las partes habrían aceptado que Reino Unido, Italia, Suiza e Indonesia formen parte de los países que contribuirían a verificar el desarme del partido-milicia chiita.
De acuerdo con el reporte, esas naciones podrían ayudar a definir el alcance del mecanismo, proporcionar personal para supervisar su implementación o aportar tropas para observar o participar en las inspecciones que verifiquen el desarme.
Israel vuelve a bombardear Gaza luego de una semana
Luego de más de una semana sin realizar bombardeos en Gaza, en medio de la presión estadounidense para implementar la última versión del plan del presidente Donald Trump, el Ejército israelí llevó a cabo este miércoles un ataque aéreo en el enclave palestino.
Según indicaron fuentes médicas, un hombre murió y otros resultaron gravemente heridos, luego de que el bombardeo israelí impactara contra un bicitaxi en Beit Lahia, en el norte de la franja.
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El Ejército israelí afirmó que el objetivo de su ataque era un supuesto cabecilla de una célula del grupo palestino Hamás, aunque no lo identificó.
De acuerdo con la versión de la entidad castrense, el sospechoso planeaba ataques contra las tropas israelíes en el norte de Gaza, por lo que el bombardeo buscó «remover la amenaza».
Con Reuters, AP, EFE y medios
