La Vía Láctea está hecha a partir de colisiones titánicas y acabamos de descubrir la más antigua


El telescopio Hubble acaba de acceder al pasaje más antiguo conocido en la historia de la Vía Láctea. Un equipo de astrónomos identificó un conjunto de estrellas que formó parte de una gran galaxia que se fusionó con la proto-Vía Láctea hace unos 12,000 millones de años. Es evidencia de la gran fusión más antigua identificada hasta ahora. La cronología conocida de las grandes fusiones de nuestra galaxia se ha ampliado 1,800 millones de años, hasta una época en la que habían transcurrido menos de 2,000 millones de años desde el Big Bang.

Reordenando el árbol genealógico de la Vía Láctea

El modelo actual de evolución de galaxias sostiene que estas crecen de manera jerárquica. Es decir, las primeras estructuras galácticas eran relativamente pequeñas y, con el paso del tiempo, algunas crecieron hasta formar nuevas estrellas y fusionarse con otros sistemas. La Vía Láctea es producto de ese proceso. Durante miles de millones de años incorporó otras galaxias, cuyas estrellas y demás componentes pasaron a formar parte de un sistema cada vez más grande y complejo.

Esos bloques de antiguas galaxias están por todos lados. El problema es que hay demasiados a nuestro alrededor y, entre más atrás veamos, más díficil resulta distinguir su origen. Los científicos llevan décadas clasificando las estrellas cercanas para determinar cuáles pertenecieron a otras galaxias y cuándo ocurrió su fusión. El registro más antiguo de una colisión hasta ahora databa de hace 10,000 millones de años, cuando la proto-Vía Láctea absorbió a la galaxia Gaia-Sausage-Enceladus (GSE).

Había indicios de colisiones todavía más antiguas, pero su interpretación seguía siendo objeto de debate. Ahora, en palabras de la NASA, han identificado el primer lote significativo de ladrillos de nuestra casa. Gracias al Hubble, hay pruebas definitivas de otra fusión que ocurrió 1,800 millones de años antes de la gran colisión con GSE.


La mayor parte de la formación estelar de nuestra galaxia tiene lugar a menos de 40,000 años luz del centro.

Un equipo de astrónomos ha logrado definir el borde del disco de formación estelar de nuestra galaxia.


Dile hola a la antigua galaxia LKH

La galaxia recién identificada ya había dejado algunas pistas. Durante años, los astrónomos detectaron en el centro de la Vía Láctea tres poblaciones de estrellas y cúmulos que parecían provenir de antiguas fusiones. Las llamaron Low-energy, Kraken y Heracles. No estaba claro si tenían un origen común o si todas habían llegado desde otras galaxias, pero un nuevo estudio afirma que son rastros de un mismo sistema al que han nombrado Low-energy-Kraken-Heracles (LKH).

“Gracias a la alta resolución y profundidad de las imágenes del Hubble, pudimos medir la edad y el contenido metálico de estos cúmulos con una precisión sin precedentes. Junto con las mediciones de Gaia, esto permitió distinguir una población de cúmulos globulares diferentes a los demás. Estos son los cúmulos que nacieron en LKH, y nos indican cuándo esa galaxia fue engullida por la nuestra y cuál era su masa”, dijo Chiara Zerbinati, coautora del estudio, en un comunicado de la NASA.

El calculo estima que LKH contenía alrededor de 500 millones de masas solares en estrellas, una cantidad similar a Gaia-Sausage-Enceladus, y que buena parte de su material terminó en las regiones interiores de la Vía Láctea.

LKH se encontró con nuestra galaxia en una época muy distinta. La Vía Láctea todavía era joven y mucho más pequeña, por lo que aquella fusión debió tener un peso considerable en su evolución. Los autores estiman que la masa de LKH equivalía a más de una quinta parte de la del sistema con el que se fusionó.

Es bastante probable que existan colisiones más antiguas. Los científicos continuarán empleando las herramientas disponibles para ahondar más en la historia no contada de la Vía Láctea.

Previous El auge evangélico en América Latina: de las iglesias a las urnas
Next Bombero, piloto, jardinero… estos son los trabajos que corren el menor riesgo de ser reemplazados por la IA