¿Puede Ucrania celebrar elecciones en plena guerra, como exige el exministro de Defensa?



¿Por qué Ucrania no puede celebrar elecciones ahora?

La primera barrera es jurídica. Ucrania permanece bajo ley marcial desde febrero de 2022, cuando Rusia lanzó su invasión a gran escala, y esa legislación impide la celebración de elecciones durante su vigencia. Por tanto, no bastaría con una decisión política del presidente o del Parlamento: sería necesario modificar el marco legal para establecer cómo y cuándo podría celebrarse una votación en condiciones de guerra.

La Constitución ucraniana también se ha convertido en un elemento central de la disputa política. El mandato presidencial de Zelenski terminó formalmente en mayo de 2024, pero las autoridades ucranianas sostienen que no puede celebrarse una elección mientras esté vigente la ley marcial y que el presidente debe continuar ejerciendo sus funciones hasta que pueda realizarse una sucesión constitucional.

Archivo: un soldado ucraniano junto a la bandera de su país, en medio de la invasión rusa.
Archivo: un soldado ucraniano junto a la bandera de su país, en medio de la invasión rusa. © Anatolii Stepanov/AFP

Rusia utiliza precisamente este argumento para cuestionar la legitimidad de Zelenski y sostiene que su mandato terminó en 2024. Moscú afirma que, por ello, el presidente ucraniano no tendría autoridad para firmar acuerdos de paz. Trump también ha criticado en el pasado la ausencia de elecciones, aunque la cuestión sigue siendo mucho más compleja que simplemente fijar una fecha para acudir a las urnas.

Según el analista político Volodymyr Fesenko, incluso en un escenario de mejora de las condiciones de seguridad Ucrania tendría que construir buena parte del marco electoral desde cero. Sería necesario aprobar nuevas reglas sobre calendario, procedimientos y organización de los comicios. Fesenko calcula que ese proceso podría requerir unos seis meses.

¿Podría organizarse una elección segura mientras continúan los ataques rusos?

La segunda gran dificultad es la seguridad. El frente se extiende por más de 1.200 kilómetros y los ataques rusos con drones y misiles alcanzan con frecuencia ciudades situadas lejos de las zonas de combate. A ello se suma la vulnerabilidad de la infraestructura energética, que ha sufrido ataques y cortes de suministro.

Celebrar elecciones supondría convertir miles de colegios electorales y otros puntos de votación en posibles objetivos durante un periodo especialmente sensible. También habría que garantizar la seguridad del transporte de material electoral, de los funcionarios y de los votantes, así como impedir que ataques o amenazas alteraran la participación.

Por eso Zelenski ha planteado una condición concreta: estaría dispuesto a celebrar elecciones si Estados Unidos y los aliados europeos de Ucrania ofrecen garantías de seguridad suficientes. La idea apunta a que una eventual votación necesitaría producirse en un entorno considerablemente más estable que el actual, posiblemente acompañado de algún tipo de alto el fuego.

Three women sit on a bench near a mobile polling station during the early voting in Russia’s presidential election, in Donetsk, Russian-controlled Ukraine, on March 10, 2024.
Tres mujeres sentadas en un banco cerca de un colegio electoral móvil durante la votación anticipada de las elecciones presidenciales rusas, en Donetsk, Ucrania controlada por Rusia, el 10 de marzo de 2024. Kiev ha advertido de que se ha amenazado a los residentes en las zonas anexionadas por Rusia para que no voten. © Alexander Ermochenko / Reuters

Fesenko considera que un alto el fuego aéreo sería, como mínimo, un primer paso fundamental. Pero incluso un cese temporal de los ataques no resolvería todos los problemas. Ucrania tendría que anticipar también posibles operaciones rusas de desinformación, interferencia o manipulación destinadas a cuestionar el resultado o a sembrar dudas sobre la legitimidad del proceso.

¿Cómo votarían los millones de ucranianos desplazados por la guerra?

El desplazamiento de la población plantea uno de los mayores desafíos logísticos. Más de 4,4 millones de ucranianos tenían protección temporal en países de la Unión Europea a finales de junio, de acuerdo con los datos citados por Reuters.

Eso obligaría a organizar una infraestructura electoral fuera de las fronteras nacionales a una escala extraordinaria. Ucrania tendría que establecer centenares de centros de votación en Europa, actualizar los registros electorales y determinar cómo garantizar que los ciudadanos desplazados puedan votar sin duplicaciones ni irregularidades.

Dentro del país existe un problema similar. Cerca de cuatro millones de ucranianos están desplazados internamente, según datos de Naciones Unidas citados por Reuters. Muchos han abandonado sus lugares de residencia originales y necesitarían poder votar en sus nuevas comunidades o mediante mecanismos especiales.

A esto se suma la situación de aproximadamente un millón de personas que sirven en las fuerzas armadas. Organizar una elección en posiciones militares, especialmente cerca de un frente sometido a ataques de drones, sería extremadamente peligroso y podría exigir cambios adicionales en la legislación electoral.

¿Qué ocurriría con los ciudadanos que viven bajo ocupación rusa?

La ocupación de parte del territorio ucraniano plantea quizá el problema más difícil de resolver. Rusia controla aproximadamente el 19% del territorio de Ucrania y, según los datos citados por Reuters, unos 4,5 millones de adultos permanecían en 2024 en territorios ocupados.

Ucrania no podría organizar normalmente elecciones en esas zonas mientras permanezcan bajo control ruso. Los ciudadanos que viven allí podrían enfrentarse a presiones, restricciones o imposibilidad material para participar libremente en una votación organizada por Kiev.

El problema tiene además una dimensión política. Rusia tiene previsto celebrar elecciones en los territorios que ocupa, una medida que Ucrania considera ilegal. Cualquier proceso electoral ucraniano tendría que establecer cómo se contabilizarían los ciudadanos de esas regiones y cómo se garantizarían sus derechos sin legitimar la administración rusa de los territorios ocupados.

La cuestión territorial demuestra por qué la celebración de elecciones no es simplemente una decisión sobre abrir urnas. Para que una votación sea reconocida como libre y legítima, Ucrania tendría que encontrar un mecanismo aceptable para millones de ciudadanos que viven fuera del territorio controlado por Kiev o que han sido desplazados por la guerra.

¿Qué piensa la población ucraniana sobre votar durante la invasión rusa?

Los datos disponibles muestran que la sociedad ucraniana sigue siendo mayoritariamente contraria a celebrar elecciones mientras continúe el conflicto. La preocupación principal no parece ser exclusivamente política, sino también práctica: seguridad, desplazamiento, posibilidad de injerencia rusa y temor a que una campaña electoral fracture la unidad del país.

Según una encuesta de agosto del Instituto Internacional de Sociología de Kiev citada por EFE, el 57% de los ucranianos prefiere esperar hasta el final de la guerra. Un 38% aceptaría celebrar elecciones durante un alto el fuego, antes de que termine definitivamente el conflicto.

Es un dato relevante para entender el alcance de la propuesta de Fedorov. Su argumento es que la guerra no debería convertirse en una razón indefinida para suspender la vida democrática. El exministro sostiene que Ucrania necesita un mecanismo «legal, seguro y realista» que permita recuperar plenamente el proceso democrático incluso durante una guerra prolongada.

Pero su posición no representa necesariamente a la mayoría de la población. Para muchos ucranianos, convocar elecciones en plena guerra podría introducir una disputa partidista en un momento en que consideran esencial mantener la cohesión nacional frente a Rusia.

¿Por qué Fedorov ha puesto ahora las elecciones en el centro del debate?

La propuesta adquiere especial importancia porque procede de una figura que hasta hace poco formaba parte del círculo político de Zelenski. Fedorov, de 35 años, fue destituido recientemente como ministro de Defensa después de apenas seis meses en el cargo y sus críticas públicas representan una ruptura inusual dentro de la élite gubernamental ucraniana durante la guerra.

En un vídeo difundido esta semana, denunció una «crisis sistémica» en el Gobierno y cuestionó una política que, según él, recompensa más la lealtad que los resultados. Aunque no acusó directamente a Zelenski de corrupción, vinculó sus críticas a las investigaciones que afectan a figuras próximas al poder presidencial.

El momento es particularmente delicado. Este miércoles, los investigadores anticorrupción incluyeron a un subdirector de la Presidencia entre los sospechosos de una investigación por presunto blanqueo de unos 150 millones de grivnas, equivalentes a unos 3,4 millones de dólares. Zelenski no está acusado en el caso y la funcionaria destituida por el presidente, Iryna Mudra, tampoco figura entre los sospechosos, según la información disponible.

La crisis política coincide además con la llegada de Yevgueni Jmara al Ministerio de Defensa. El Parlamento aprobó su nombramiento por 312 votos, mientras Zelenski ha optado por no responder públicamente a las críticas de Fedorov. La situación puede marcar el comienzo de una carrera política independiente para el exministro, cuya popularidad ha aumentado en los últimos meses.

¿Quién ganaría si Ucrania celebrara elecciones presidenciales?

Las encuestas citadas por Reuters sugieren que Zelenski seguiría siendo uno de los principales candidatos, aunque ya no disfruta de los niveles de popularidad de los primeros meses de la invasión.

Su respaldo llegó a situarse cerca del 90% al comienzo de la guerra y posteriormente descendió hasta alrededor del 60%. Un importante escándalo de corrupción relacionado con el sector energético afectó a su imagen, aunque sus índices de aprobación se han recuperado.

Entre sus principales posibles rivales aparece Valeriy Zaluzhnyi, antiguo comandante en jefe de las Fuerzas Armadas y actual embajador en Reino Unido. También figura Kyrylo Budanov, antiguo jefe de la inteligencia militar y actual responsable de la oficina presidencial.

Fedorov ha irrumpido asimismo en las encuestas. Según cifras de la encuestadora ucraniana SOCIS citadas por Reuters, Zelenski obtendría alrededor del 22% de los votos, Zaluzhnyi el 21% y Fedorov el 13%. Los sondeos apuntan incluso a que tanto Zaluzhnyi como Fedorov podrían derrotar a Zelenski en una eventual segunda vuelta.

¿Es posible celebrar elecciones antes de que termine la guerra?

Sí, pero no en las condiciones actuales sin cambios profundos. La cuestión no es tanto si Ucrania puede imaginar técnicamente una elección durante una guerra, sino si puede garantizar que esa elección sea legal, segura, accesible y políticamente legítima.

Para hacerlo sería necesario modificar o adaptar el marco jurídico, establecer un calendario electoral, actualizar el registro de votantes, organizar el voto de millones de desplazados y refugiados, encontrar una solución para los militares y los territorios ocupados y garantizar la seguridad de los centros electorales. También habría que crear mecanismos capaces de resistir la interferencia rusa.

En términos prácticos, eso parece difícil mientras continúen los ataques aéreos y los combates a gran escala. Un alto el fuego, al menos temporal y con garantías internacionales, podría cambiar sustancialmente el cálculo. Zelenski ha dejado abierta esa posibilidad al condicionar su disposición a votar a garantías de seguridad estadounidenses y europeas.

Por ahora, por tanto, la exigencia de Fedorov funciona más como el inicio de un debate político que como una convocatoria electoral inmediata. Ucrania puede llegar a celebrar elecciones antes del final formal de la guerra, pero para ello tendría que superar primero una combinación excepcional de obstáculos jurídicos, militares y logísticos. Y cualquier calendario que no cuente con condiciones mínimas de seguridad y con la participación efectiva de los millones de ucranianos desplazados correría el riesgo de ser cuestionado tanto dentro como fuera del país.

Con Reuters, AP y EFE

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