Hayden Panettiere tenía 25 años cuando nació su hija Kaya. El nacimiento, en diciembre de 2014, debía ser el comienzo de una nueva etapa en la vida de la actriz, que para entonces ya era conocida por sus papeles en las series ‘Heroes’ y ‘Nashville’ y en la saga de terror ‘Scream’. Sin embargo, estuvo seguido por uno de los períodos más difíciles de su vida.
Panettiere sufrió depresión posparto, buscó tratamiento en varias oportunidades y comenzó una batalla contra el alcohol y otras sustancias que duraría años. En 2018, en medio de sus problemas de salud mental y adicciones, cedió la custodia de Kaya a su expareja, el excampeón mundial de boxeo ucraniano Wladimir Klitschko. Años después describiría esa decisión como uno de los momentos más dolorosos de su vida.
La actriz murió el domingo 16 de agosto a los 36 años en Greenville, Carolina del Sur. Fue hallada inconsciente y los servicios de emergencia no consiguieron reanimarla. Las autoridades investigan las circunstancias de su deceso y todavía no se ha determinado oficialmente la causa. La Policía indicó que no existen por el momento indicios de intervención de terceros.
Su muerte volvió a poner el foco sobre una historia que Panettiere había decidido hacer pública: la depresión que atravesó después de convertirse en madre y las consecuencias que tuvo en los años siguientes.
“Es algo que muchas mujeres experimentan”, dijo en 2015, pocos meses después del nacimiento de Kaya, cuando decidió hablar públicamente de su diagnóstico.
Ese mismo año ingresó voluntariamente a un centro para recibir tratamiento. Panettiere reveló que durante aquel período comenzó a apoyarse cada vez más en el alcohol como un método de escape, una conducta que, según reconoció luego, terminó agravando sus problemas.
La situación tenía además un componente particular. Mientras atravesaba una depresión posparto en la vida real, su personaje en Nashville, Juliette Barnes, vivía una historia similar frente a las cámaras. Panettiere interpretaba a una mujer que sufría depresión después de convertirse en madre mientras ella intentaba lidiar con su propia enfermedad.
“Tenía que ir a trabajar todos los días y representar lo que realmente estaba viviendo”, recordó años después. Al regresar a su casa, explicó, ya no quería enfrentarse nuevamente a esos sentimientos y buscaba una forma de escapar.
¿Qué es la depresión posparto?
La depresión posparto es distinta de la tristeza posparto o ‘baby blues’, los cambios leves y transitorios de ánimo que pueden aparecer durante las primeras semanas después de dar a luz.
Según el Instituto Nacional de Salud Mental de Estados Unidos (NIMH), cuando la tristeza, la ansiedad o el agotamiento son intensos o persisten durante más tiempo pueden ser señales de una depresión posparto, un trastorno que puede dificultar tareas cotidianas como cuidarse a una misma o cuidar a otros.
Entre sus síntomas pueden aparecer sentimientos persistentes de tristeza, ansiedad, culpa o desesperanza, dificultades para dormir, pérdida de interés por actividades que antes resultaban placenteras, problemas para establecer un vínculo emocional con el bebé y dudas constantes sobre la capacidad para cuidarlo.
En los cuadros más graves también pueden aparecer pensamientos de muerte, de hacerse daño o de dañar al bebé e intentos de suicidio. Es en ese sentido que una depresión posparto puede llegar a convertirse en una enfermedad potencialmente mortal si no es detectada y tratada.
Cuando la maternidad no se parece a lo esperado
Parte de las dificultades que atravesó Panettiere tuvieron que ver con la distancia entre lo que esperaba sentir después del nacimiento de su hija y lo que efectivamente le ocurrió. La maternidad, como ella misma contó tiempo después, no llegó acompañada únicamente de la felicidad que había imaginado.
Para Manuela Arango Pérez, antropóloga feminista y madre, esa distancia tiene raíces culturales profundas. Durante generaciones, explica a France 24, la maternidad fue presentada como el destino de las mujeres y como el punto culminante de su realización personal, un concepto que se transmite desde la infancia y que también determina cómo se espera que una mujer viva la llegada de un hijo: con felicidad, plenitud y agradecimiento.
Cuando la experiencia no coincide con ese modelo puede aparecer también la culpa. “Muchas mujeres se sienten traidoras de ese mandato”, señala Arango Pérez. El malestar, el cansancio o la frustración chocan con una expectativa en la que prácticamente “no hay posibilidades para la queja”.
María Fernanda Cardona, socióloga, periodista y autora del libro ‘Maternidades imperfectas’, concuerda en ese punto.
“Te conviertes en madre y parece que solamente hay una o dos emociones permitidas: la felicidad y la ternura”.
Para Cardona, el posparto no puede analizarse al margen del contexto en el que una mujer vive la maternidad. La situación económica, la existencia o no de una red de apoyo, la soledad y la posibilidad de expresar lo que siente también forman parte de la experiencia.
“Desrromantizar la maternidad no va en contravía de negar esas emociones”, dice en diálogo con France 24. Para ella, se trata de reconocer que junto con la felicidad y la ternura pueden aparecer agotamiento, frustración, angustia y sentimientos ambivalentes.
El problema surge cuando no se encuentra el espacio para expresarse. “¿Cómo voy a poder hablar de cómo me siento realmente si socialmente no está permitido hablar de esto?”, plantea Cardona.
Como ejemplo, hace referencia a una madre que dice que tuvo un día difícil y que puede encontrarse con una respuesta que le recuerde que debería sentirse agradecida por tener a su bebé. Si habla del agotamiento que significa cuidar a otro ser humano, puede ser juzgada como una mala madre.
La culpa de no ser la “madre perfecta”
La historia de Panettiere toca otra cuestión: la presión por cumplir con un modelo de maternidad en el que equivocarse no está permitido.
“Hay mucha presión por ser buena madre, por ser la madre perfecta, por nunca equivocarse”, señala Cardona.
La socióloga habla de un “bebé-centrismo” o “niño-centrismo” que deja en segundo plano a la persona que cuida. “Lo único que importa es la salud mental del bebé. ¿Y dónde queda la salud mental de la madre?”, se pregunta.
Arango Pérez coincide en que, sobre las madres, recaen muchas expectativas vinculadas al embarazo, el parto, la lactancia y la crianza, pero la atención suele concentrarse en si cumplen con esas tareas y mucho menos en cómo están ellas.
“Hay tantos ojos sobre esa mamá, solamente desde el cumplimiento de la labor y no sobre su estado y su salud integral”.
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Cardona considera que no todo malestar durante la maternidad debe convertirse automáticamente en una enfermedad. Una mujer puede no estar disfrutando de esa etapa porque está cansada, porque carece de ayuda, porque atraviesa dificultades económicas o porque pasa gran parte del día sola.
La depresión posparto requiere un diagnóstico profesional, mientras que el sufrimiento materno, en cambio, puede tener causas y expresiones muy diversas.
“Merecemos disfrutar la maternidad y merecemos condiciones sociales que permitan disfrutarla”, concluye.
