
La tienda de conveniencia Mr. Green se encuentra en un tramo muy transitado de Bedford Avenue, en Brooklyn, Nueva York. Cerca del mostrador, se puede comprar la típica variedad de caramelos, chicles, papel de liar y refrescos. Y también se pueden adquirir pequeños frascos de péptidos inyectables. Así que eso hicimos. Luego los enviamos a un laboratorio.
Mr. Green es una de las varias tiendas que se hicieron virales este verano por vender péptidos, una amplia clase de aminoácidos promocionados por su capacidad para ayudar en todo, desde la pérdida de peso hasta la recuperación de lesiones. Por 376.20 dólares, adquirimos cuatro variedades de un proveedor llamado INDR Labs: PT-141, para la falta de libido; BPC-157, para la cicatrización y la recuperación muscular; NAD+, para la reparación celular; y retatrutida, para la pérdida de peso. El vendedor los empaquetó en una bolsa de papel sin etiquetar y nos despidió.
El análisis
WIRED envió los viales a Finnrick, una startup con sede en Austin que ofrece análisis independientes de péptidos. Los consumidores pueden solicitar análisis de pureza y comprobar si las muestras contienen contaminantes habituales, así como si tienen la cantidad de la sustancia indicada. La empresa no cuenta con laboratorios propios, sino que actúa como intermediaria entre los laboratorios y los particulares. Finnrick nos prometió que en unas semanas sabríamos si nuestros péptidos de la tienda eran auténticos.
En agosto llegaron los resultados. La (relativamente) buena noticia: las muestras contenían bajos niveles de metales pesados y endotoxinas, lo que significa que probablemente no eran activamente nocivas. La mala noticia: no eran péptidos.
Los análisis de cada sustancia revelaron que no contenían los ingredientes activos indicados en sus etiquetas; el BPC-157, por ejemplo, no contenía BPC-157. Los resultados negativos sugerían que los viales estaban mal etiquetados o que, si en algún momento habían contenido los ingredientes correctos, se habían deteriorado hasta quedar irreconocibles. Los péptidos suelen ser sensibles a los cambios de temperatura y requieren refrigeración, por lo que un almacenamiento inadecuado podría degradar los ingredientes, por ejemplo.
¿Qué contenían?
Es difícil de decir, según Marco Krause, director ejecutivo del laboratorio que realizó los análisis para Finnrick.
“Lo que ofrecemos es simplemente un análisis de la información que figura en la etiqueta. Así que nos envías lo que crees que es y, a continuación, lo comparamos con un patrón de referencia y verificamos si se trata o no del compuesto correcto”, explica a WIRED.
Los péptidos han ganado mucha popularidad en los últimos años, impulsados por el respaldo de figuras como el secretario de Salud de EE UU, Robert F. Kennedy Jr., y el podcaster Joe Rogan. Aunque algunas de estas sustancias son medicamentos, como los GLP-1 y la insulina, muchos de los péptidos que más están dando que hablar no han pasado por el proceso habitual de aprobación reglamentaria de los medicamentos. A pesar del revuelo que los rodea, la venta de muchas de estas sustancias para consumo humano no es legal en EE UU; algunas precisamente porque no han pasado por el proceso de aprobación de medicamentos. Las pruebas de sus supuestos beneficios son escasas.
El cartel de Mr. Green en el que se anunciaban los péptidos indicaba que eran “solo para uso en investigación”, un término que los laboratorios pueden utilizar para intentar protegerse de cualquier responsabilidad legal. Pero, tal y como muestran los resultados de las pruebas, no hay garantía alguna sobre el contenido de los viales y, en algunos casos, existen peligros reales para quienes los consumen.
De acuerdo con Raphaël Mazoyer, director ejecutivo de Finnrick, las muestras analizadas por WIRED parecen ser “simplemente productos defectuosos”. En los últimos tres meses, señala Mazoyer, la empresa ha observado un repunte en este tipo de resultados. Aunque no puede asegurar con certeza qué está ocurriendo (en parte, porque su empresa ha estado analizando más muestras a medida que ha crecido), señala la popularidad de los denominados “servicios llave en mano”, que ayudan prácticamente a cualquiera a poner en marcha un negocio de péptidos.
Mala calidad
“Están surgiendo un montón de marcas que tienen el mismo proveedor”, destaca. No todos los péptidos que analiza Finnrick son de mala calidad, pero la naturaleza del sector hace que las empresas puedan recurrir al mismo proveedor de baja calidad para varias marcas diferentes.
WIRED no es la única organización que ha recibido resultados de laboratorio anómalos tras enviar péptidos vendidos sin receta. Jeff Colhoun, fundador del directorio de proveedores de péptidos para investigación Peptide Critic, compró péptidos de INDR Labs en una tabaquería situada en la misma calle que Mr. Green, llamada Smoker’s World, y los envió a otro laboratorio independiente para su análisis.
