Las guerras volverán a ocupar un lugar preponderante cuando los líderes mundiales comiencen este martes 22 de septiembre sus discursos ante la Asamblea General de las Naciones Unidas. Sin embargo, los conflictos que marcan la agenda internacional están muy lejos de ser la única preocupación en Nueva York.
Un verano en el hemisferio norte marcado por olas de calor, incendios y devastadoras inundaciones volvió a poner la crisis climática en primer plano. Al mismo tiempo, la guerra en Irán disparó los precios de la energía y expuso nuevamente la vulnerabilidad de una economía mundial dependiente del petróleo y el gas. Y a esa ecuación se suma ahora el imparable desarrollo de la inteligencia artificial y el enorme consumo energético que conlleva.
La 81ª sesión de la Asamblea General reunirá a 71 jefes de Estado y 45 jefes de Gobierno. Entre quienes pasarán por el estrado se encuentran Donald Trump (Estados Unidos), Luiz Inácio Lula da Silva (Brasil), Recep Tayyip Erdogan (Turquía), Benjamín Netanyahu (Israel), Volodímir Zelenski (Ucrania) y Masoud Pezeshkian (Irán).
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En los márgenes de la Asamblea, la actividad será también muy intensa. Hay programadas 1.553 reuniones bilaterales y al menos 166 eventos, además de los encuentros que el secretario general de la ONU, António Guterres, mantendrá con buena parte de los dirigentes presentes.
Medio Oriente y la guerra en Ucrania estarán, lógicamente, entre los asuntos más urgentes. Pero, detrás de las negociaciones diplomáticas, la cita también se encuentra atravesada por cuestiones de más largo plazo: cómo responder a un clima que no para de calentarse, cómo garantizar energía a precios accesibles y cómo establecer reglas para una tecnología que avanza más rápido que los intentos por regularla.
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Una crisis climática cada vez más visible
Las discusiones climáticas llegan a Nueva York después de meses que volvieron a mostrar el costo humano de un planeta Tierra cada vez más caliente.
Olas de calor extremo e incendios afectaron distintas regiones del mundo, mientras que en la frontera entre Nepal y China más de 1.300 personas murieron en las inundaciones provocadas por el colapso de un glaciar.
“Pasamos de ver las huellas digitales del cambio climático en acontecimientos individuales a ver la mano del cambio climático sobre el mundo entero”, resumió Bill Hare, director ejecutivo de Climate Analytics, en declaraciones a la agencia Associated Press (AP).
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Para Mohamed Adow, director de Power Shift Africa, actualmente conviven dos realidades. Por un lado, las energías renovables están creciendo a gran velocidad y sus costos las hacen cada vez más competitivas. Por otro, los efectos del calentamiento global avanzan más rápido que la capacidad de los gobiernos y los sistemas financieros para responder a la crisis.
Los datos muestran esa contradicción. En 2025 se incorporaron en todo el mundo 693 gigavatios de nueva capacidad renovable, un récord, según la Agencia Internacional de Energías Renovables (IRENA). Sin embargo, para alcanzar el objetivo acordado en 2023 de triplicar la capacidad renovable mundial antes del final de la década, entre 2026 y 2030 deberá instalarse más potencia que durante todos los años anteriores juntos.
El problema es que el crecimiento de las renovables aún no produce una caída equivalente del consumo de combustibles fósiles.
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“La trayectoria hasta ahora de las renovables es extraordinaria”, destacó Johan Rockström, director del Instituto Potsdam para la Investigación del Impacto Climático.
Sin embargo, alertó que las nuevas fuentes están cubriendo principalmente el aumento de la demanda de electricidad pero sin reducir aún de manera sustancial el uso de petróleo, carbón y gas.
De la guerra al surtidor
La guerra en Irán provocó problemas en el suministro y fuertes aumentos de los combustibles, con consecuencias que se trasladaron a consumidores y empresas.
El responsable climático de Naciones Unidas, Simon Stiell, estimó que las interrupciones energéticas derivadas del conflicto les costaron a los consumidores estadounidenses más de 100.000 millones de dólares en mayores precios.
“Miles de millones de personas en todo el mundo se están dando cuenta de que la dependencia de los combustibles fósiles los golpea con fuerza en el surtidor”, sostuvo Stiell, quien también vinculó el cambio climático con el aumento del precio de los alimentos y presiones inflacionarias más amplias.
Los mercados dieron este lunes 21 de septiembre una muestra de hasta qué punto el precio de la energía está ligado a la evolución de los conflictos.
El Brent cayó más de un 4% y llegó a cotizar a 99,51 dólares por barril, su nivel más bajo en doce días, ante las expectativas de algún avance diplomático durante las reuniones de Naciones Unidas y una recuperación parcial de los envíos desde Arabia Saudita.
Las miradas estarán puestas, entre otros posibles contactos, en una eventual reunión entre Trump y Pezeshkian. Estados Unidos e Irán intercambiaron nuevas amenazas el domingo, aunque el presidente estadounidense se mostró dispuesto a encontrarse con su homólogo iraní en Nueva York.
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La paradoja es que el encarecimiento y la inseguridad del suministro de petróleo y gas también pueden acelerar la búsqueda de alternativas. Para Rockström, las guerras en Irán y Ucrania han elevado los precios de los combustibles fósiles y aumentado los incentivos para que algunos países avancen más rápidamente hacia fuentes renovables.
La transición energética deja así de ser exclusivamente una discusión climática. El secretario británico de Estado, Ed Miliband, sostuvo esta semana que debe empezar a considerarse también una cuestión de seguridad nacional.
“El colapso climático debe ser un asunto para los ministros de Relaciones Exteriores y los primeros ministros, además de los ministros de Energía y Clima. Para la comunidad de seguridad, no solo para los activistas. Para los generales, no solo para los ecologistas”.
La IA, entre la carrera tecnológica y el temor a perder el control
En medio de esa transformación energética aparece una nueva fuente de presión.
La expansión de la inteligencia artificial está impulsando la construcción de centros de datos que necesitan enormes cantidades de electricidad y agua. La cuestión que inquieta es si esa demanda podrá abastecerse con fuentes limpias o terminará prolongando la utilización de carbón, petróleo y gas.
Stiell fue muy crítico y advirtió que el elevado consumo energético de la IA está aumentando las emisiones vinculadas con los combustibles fósiles y presionando sobre los costos de electricidad para hogares y empresas.
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El sector tecnológico y académico tiene una visión distinta. Evelyn Wang, vicepresidenta de Energía y Clima del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT), dijo a AP que los centros de datos podrían alcanzar la neutralidad en el uso de agua en unos cinco años y dejar de añadir emisiones netas al calentamiento global aproximadamente una década después.
De todos modos, la discusión excede largamente la huella ambiental de la tecnología.
El temor ante sistemas cada vez más poderosos llevará este miércoles al director ejecutivo de OpenAI, Sam Altman, al Consejo de Seguridad de Naciones Unidas para participar de una sesión convocada por Francia sobre inteligencia artificial y seguridad internacional.
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La empresa exigió este lunes que Estados Unidos lidere un esfuerzo internacional para desarrollar estándares técnicos para los sistemas de IA más avanzados, incluidos aquellos que eventualmente podrían mejorar sus propias capacidades de manera autónoma. También pidió métricas comunes y protocolos internacionales para informar incidentes.
Parte de la industria ha comenzado incluso a discutir la posibilidad de desacelerar en conjunto el desarrollo de los sistemas más avanzados para asegurarse de que los mecanismos destinados a mantenerlos bajo control progresen al mismo ritmo que sus capacidades.
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Aún así, cualquier intento por quitar el pie del acelerador choca con la competencia geopolítica. La Administración Trump rechaza los pedidos para ralentizar el desarrollo por considerar que una pausa podría darle a China la oportunidad de reducir la ventaja estadounidense.
Una misma ecuación
Las discusiones que tendrán lugar esta semana en Nueva York muestran hasta qué punto problemas que durante años fueron abordados por separado ahora empiezan a confluir.
El calentamiento global obliga a reducir el consumo de combustibles fósiles. Las guerras muestran los riesgos económicos y estratégicos de depender exclusivamente de ellos. Las energías renovables avanzan a una velocidad récord, pero todavía no consiguen desplazar suficientemente al petróleo, el gas y el carbón. Y, al mismo tiempo, la revolución de la inteligencia artificial amenaza con aumentar aún más las necesidades eléctricas del planeta.
Ya no se trata solamente de producir energía más limpia. También se necesita generar suficiente electricidad para una economía cada vez más electrificada y digitalizada, que sea accesible para hogares y empresas y reducir al mismo tiempo una dependencia de los combustibles fósiles que las guerras han vuelto a ubicar en el centro de las preocupaciones.
Con AP, EFE, Reuters y medios locales
