El jefe de la Policía de París, Patrice Faure, abogó el sábado 3 de octubre por «volver a las formas pacíficas de acción» para alentar a la desescalada de las protestas estudiantiles que han derivado en fuertes disturbios con la Policía en varias ciudades francesas.
Faure señaló que el movimiento en las calles está «fuera de control», después de que unos 5.000 manifestantes, en su mayoría adolescentes, fueran arrestados desde el lunes en todo el país, mientras que decenas han resultado heridos, algunos con lesiones oculares, fracturas dentales y golpes en la cabeza.
Los profesores —a quienes los sindicatos piden que se declaren en huelga— y algunos ciudadanos también han sido atacados durante los choques con la fuerza pública. Los daños materiales se estiman en decenas de millones de euros.
Agathe Foucault, portavoz de la Policía nacional, declaró el sábado a la emisora de radio RTL que más de 600 agentes de policía han presentado lesiones durante las concentraciones.
El líder policial de París remarcó que los padres tienen la responsabilidad de alejar a sus hijos de lo que describió como la influencia de los «manifestantes violentos profesionales» y sus partidarios, mientras que el ministro de Justicia, Gérald Darmanin, propuso que los acudientes paguen los daños causados por los menores de edad.
Negociación infructuosa
Los estudiantes que bloquean las escuelas secundarias han expresado su enfado por el hacinamiento en las aulas, la escasez habitual de profesores y el mal estado de los edificios, problemáticas que atribuyen a años de falta de inversión, principalmente en los barrios más empobrecidos.
«Estas no son condiciones para estudiar», señaló a la agencia Reuters Maisa, una joven de 17 años que se unió a las protestas en el Lycée Le Corbusier de Aubervilliers, un suburbio al norte de París, en el departamento de Seine-Saint-Denis.
Tras un pico de violencia en las calles el jueves, que derivó en el arresto de 2.000 personas, el número de institutos afectados por los bloqueos se redujo el viernes de 1.050 a 735 debido a las clases a distancia aplicadas en unos 400 centros de enseñanza.
Ese mismo día, el ministro de Educación, Édouard Geffray, recibió a representantes de los estudiantes, docentes, padres y otros representantes de la comunidad escolar, a quienes propuso un plan para acelerar la sustitución de los profesores ausentes —que se pondrá en marcha la próxima semana— y una oportunidad para debatir sobre los horarios escolares.
Las promesas no convencieron a los gremios estudiantiles, que, con apoyo de sindicatos docentes, convocaron a una nueva gran movilización para el martes 6 de octubre.
La convocatoria está prevista para las 14:00 (hora local) en la plaza de la República de París, según la petición de autorización radicada ante las autoridades locales.
Un presupuesto considerado insuficiente
Las manifestaciones y bloqueos a escala nacional, que comenzaron la última semana de septiembre, han tensionado aún más la política nacional en un momento delicado para el Gobierno, que el jueves anunció una serie de recortes impopulares para el presupuesto de 2027.
Se prevé que la financiación de la educación aumente un 1,7 %, por debajo de la inflación, hasta alcanzar los 65.530 millones de euros, sin incluir las pensiones de los profesores.
El ministro de Educación, Edouard Geffray, defendió el aumento presupuestario por debajo del IPC al justificar que se debe al descenso de la población.
Si bien Francia se sitúa en la mitad de la tabla de los países de la OCDE en cuanto al gasto en educación, la inversión media por alumno de secundaria se ha mantenido prácticamente sin cambios durante la última década: unos 11.660 euros en 2024, mientras que en 2010 era de 11.910 euros, según datos del Ministerio de Educación.
Las protestas comenzaron en los suburbios parisinos, donde los niveles de pobreza son altos, y luego se extendieron a la propia París y a otras ciudades francesas, como Marsella, Estrasburgo, Tours y Lille.
El Gobierno, la derecha y la ultraderecha señalan al partido del candidato presidencial Jean-Luc Mélenchon, la Francia Insumisa (LFI), y a grupúsculos afines de ultraizquierda de insuflar la movilización.
Mélenchon, que ha rechazado los señalamientos, ha pedido no recurrir a la violencia para no dar argumentos a los «adversarios».
Con información de Reuters, AP y EFE.
