Lo que la arqueología revela sobre el auge de los gobernantes todopoderosos


Dicho esto, siempre hay tensiones y las cosas cambian con el tiempo. Siempre hay personas que intentan obtener más para sí mismas o que quieren evitar tener que compartir. Eso puede socavar el sistema. Ya sea que leamos sobre la Roma republicana, la República de Weimar o los Estados Unidos actuales, los sistemas democráticos pueden verse socavados, generalmente a través de la concentración de la riqueza, que a menudo fomenta una concentración de poder.

En Monte Albán, en México —la región en la que he trabajado—, tras más de mil años de ser una de las ciudades organizadas colectivamente más duraderas que conocemos, empezamos a ver estatuas que glorifican a los gobernantes y pruebas de que estos heredaban su cargo, algo que no era evidente en un principio. Así que incluso allí se produjo algún tipo de colapso, y luego toda la ciudad se derrumbó. Es bastante difícil mantener las democracias. Son especialmente frágiles, porque en muchos aspectos son más complejas.

¿Es por eso por lo que a menudo desarrollan también administraciones muy complejas, algo de lo que a los contribuyentes les encanta quejarse?

Sí. Podemos observar esta complejidad en Monte Albán y Teotihuacán, que contaban con numerosos edificios públicos que podrían haber tenido una función burocrática —no son residencias—. Una multitud tal de edificios públicos, aparte de los palacios, es un indicador de una mayor actividad burocrática.

Por supuesto, las burocracias pueden pervertirse y convertirse en sistemas más nepotistas y transaccionales. Pero creo que la burocracia es necesaria en una democracia porque, de nuevo, hay que recaudar impuestos, y también se necesita cierto tipo de mano de obra para construir infraestructuras, garantizar la seguridad y organizar la sociedad.

La burocracia también puede servir de contrapeso al poder centralizado. Creo que un error que surgió en los inicios de las ciencias sociales fue que la gente observaba las antiguas sociedades asiáticas y daba por sentado que, como tenían grandes burocracias, debían de ser dinastías, muy centralizadas y muy desiguales.

En realidad, el elaborado sistema burocrático de la antigua China solía contrarrestar en cierta medida a los gobernantes. Los burócratas tenían que superar un examen para acceder al cargo, por lo que era bastante meritocrático. Además, sentían cierta lealtad hacia sus lugares de origen, por lo que no siempre estaban de acuerdo entre ellos. Así pues, colectivamente, tenían intereses algo distintos a los del gobernante y los defendían.

Si nos fijamos en las épocas más democráticas de Estados Unidos, por ejemplo, la de Franklin D. Roosevelt, nuestra burocracia en aquel entonces era muy eficaz, lo que condujo a una mejora del nivel de vida de la población en general. Muchas de nuestras ideas se basan en esas nociones míticas de que el gobierno no trabaja para el pueblo. Pero creo que depende del tipo de gobierno.

¿Existen otros ejemplos impresionantes o inspiradores de gobernanza colectiva o democrática en rincones del mundo y épocas en las que la mayoría de la gente no los esperaría?

Hay varios ejemplos en América del Norte: los iroqueses, los zuni, el Cañón del Chaco. Eran poblaciones relativamente pequeñas, pero sin duda lo suficientemente grandes como para que se pudieran mantener niveles de desigualdad más elevados. Sin embargo, se gobernaban colectivamente y presentaban menores grados de desigualdad, con diferentes comunidades que compartían el poder. Hay quien sostiene que algunas de estas prácticas de gobernanza de los nativos americanos también pudieron haber influido en los primeros fundadores de Estados Unidos.

Espero que nuestro trabajo ayude a la gente a darse cuenta de que el pasado sí que ofrece muchas lecciones. Como dice el refrán, el pasado no se repite, pero rima. Los viejos marcos de referencia —que afirman que el mundo siempre ha sido autocrático y que lo es cada vez más a medida que las sociedades crecen— hacen que el pasado parezca lejano y que el presente y el futuro sean inmunes al cambio. Pero si siempre han existido formas de gobernanza más inclusivas, de repente esas lecciones de la historia cobran mucha más relevancia.

Esperemos que los responsables políticos sean capaces de incorporar parte de esta nueva forma de pensar a la manera en que abordan los problemas actuales.

Artículo traducido por Debbie Ponchner.

Este artículo apareció originalmente en Knowable en español, una publicación sin ánimo de lucro dedicada a poner el conocimiento científico al alcance de todos. Suscríbase al boletín de Knowable en español.

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