La elefanta en la habitación: el costo económico y laboral de la menopausia en México


Durante años, María José Cuevas, documentalista de 54 años, escuchó hablar de la menopausia como si fuera un insulto. Cuando era joven, decirle a una mujer que “parecía menopáusica” significaba señalarla como alguien de mal humor. Amargada. Como “¡qué horror ser menopáusica!”.

La información que recibió sobre lo que vendría con esta etapa de la vida tampoco fue suficiente. Sabía que dejaría de menstruar y que podían aparecer bochornos, pero hasta ahí. Hoy, después de dos años sin menstruar, María José asegura que lo que más le preocupa no son los bochornos, sino la falta de certezas. “No tengo guías y sí mucha incertidumbre, por ejemplo, en cuanto a los tratamientos hormonales”. Su madre murió de cáncer. “Yo llevo dos años que no tengo la regla. No llevo tratamiento hormonal porque tengo este miedo. Pero después oigo el otro discurso y también me da miedo no llevarlo. Entonces, pues sí, vivo en una angustia terrible”.

Mayela Delgadillo tiene hoy 55, y hace unos tres años, o quizá un poco más, empezó a sentir cansancio y una profunda falta de energía. Después vino un desinterés por arreglarse, salir o hacer cosas que antes disfrutaba. Además, comenzó a notar problemas de memoria. “Ya no era capaz de retener dos oraciones juntas. Leía cuatro veces la misma página. No podía recordar números juntos”. Los síntomas se acumularon y llegó al extremo de decir: “Esto ya no tiene sentido. No sé qué está pasando, pero esto no está bien”.

Entonces llegó un periplo por varios consultorios. “Vas a los doctores y te dicen: ‘¿Te duele la cabeza? Ahí está la aspirina’. ‘No, es que oiga, no tengo ganas de hacer nada’. ‘Aquí tiene vitaminas’, responden, o ‘bueno, a lo mejor tiene algo en la tiroides’. La examinan y no, no es eso. Después: ‘Bueno, es que está deprimida, y ahí están sus antidepresivos’. Y todo esto porque no se trata a la mujer de forma integral”, explica Mayela.

Tras estas experiencias, algo en su mente se encendió: “Creo que mi gran punto de asertividad fue preguntarme ‘¿cuál es la causa de esto?’ No quiero aspirinas, no quiero antidepresivos. Quiero saber qué me está pasando y qué me lo está detonando. Algo hizo clic en mi mente. ¡Claro! la menopausia. Y entonces empiezo a hablar con amigas, y empiezo a darme cuenta de que de esto no se habla”. Ese es, precisamente, el gran problema de partida, dice.


Una pastilla brillante vierte líquido sobre una mujer que está acostada.

Cómo una alianza entre startups tecnológicas y auténticos expertos médicos convirtió a las mujeres de la generación millennial en el nuevo rostro de la terapia hormonal.


Periodista de profesión, Mayela comenzó a investigar por su cuenta sobre la terapia hormonal y se encontró, al igual que María José, con que uno de los mayores temores alrededor de estos tratamientos es la idea de que pueden producir cáncer.

Pero el estado en que ella se encontraba la llevó a pensar: “Entre morirme de cáncer y vivir así otros 25 años, no, gracias. Me muero de cáncer. Es decir, lo que quiero es estar viva y bien, quiero sentirme bien, quiero volver a disfrutar la vida”, cuenta.

Como María José o Mayela, en México, más de 24 millones de mujeres transitan actualmente por alguna etapa de la menopausia (climaterio, perimenopausia o menopausia). Sin embargo, millones continúan enfrentando barreras para acceder a información confiable, prevención, detección oportuna y atención integral durante esta etapa de la vida, coinciden organizaciones, especialistas y académicas entrevistadas para este reportaje. Detrás de esta falta de atención hay dos factores fundamentales: la menopausia sigue siendo un tema tabú, y hay una carencia de datos robustos que permitan cuantificar diversos aspectos sobre el tema para hacer política pública. De nuevo: la mujer está invisibilizada, dicen.

El costo laboral del silencio

El esfuerzo por empezar a recabar datos en México llegó en 2022 de la mano de dos mujeres que decidieron fundar una asociación llamada Sin Reglas: Gabriela Rojas, fundadora, y Mamen Díaz, cofundadora. Ellas habían pasado por lo mismo que la mayoría de las mujeres.

Nadie les había explicado qué estaba pasando con sus cuerpos, y descubrieron que Reino Unido había estado viviendo desde finales de la década de 2010 hasta principios de los 2020, una movilización importante alrededor de la menopausia que combinó activismo, medios de comunicación, médicos, empresas y Parlamento. Uno de los motores fue el activismo de mujeres que empezaron a cuestionar públicamente el silencio alrededor de la menopausia. Esto llegó con fuerza al Parlamento británico. En 2021 ya existía formalmente un All-Party Parliamentary Group (APPG) on Menopause, un grupo transversal de parlamentarios cuyo objetivo era precisamente combatir la falta de comprensión sobre la menopausia entre responsables políticos, población y empleadores. La conversación dejó de plantearse solamente como un problema médico y empezó a abordarse como un asunto de salud pública, igualdad y trabajo.

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