“Me siento menos orgulloso de mi país ahora”: tres vidas trastocadas en el segundo mandato de Trump


A veces, a Neil le cuesta reconocer a su propio país. Nikki siente que la han dejado atrás. Steve intenta entender un conflicto que estaba seguro de que no viviría. Sus inquietudes y desazones son probablemente las de millones de estadounidenses que este 3 de noviembre votarán en las elecciones de mitad de mandato.

El proceso encuentra al presidente Donald Trump en mínimos históricos de popularidad, mientras los precios de los combustibles, el costo de la vida y la ofensiva antinmigración aparecen en todos los niveles de análisis sobre la situación del país.

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Su base dura de apoyo entre los votantes MAGA no parece haber sido mermada, pero cada vez más personas que apoyaron hace dos años sus ofertas de campaña se preguntan si el presidente sigue mereciendo su confianza.

Las experiencias personales de tres estadounidenses comunes sirven para entender las dinámicas que se han activado de cara al proceso que podría costarle al presidente la mayoría en el Congreso.

Un país a la deriva

Llamémoslo Neil. Es un hombre pequeño, de 60 años, de complexión atlética que lo hace lucir como si fuera mucho más joven. Prefiere evitar dar su nombre real para no comprometer al distrito escolar para el cual trabaja.

Llega a un salón en el que faltan niños. Cuando el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) está desplegado en su ciudad en Carolina del Norte, muchos pupitres se quedan vacíos. Pero incluso si no lo está, puede ver el miedo en los rostros de los padres cuando dejan a sus hijos en la puerta de la escuela.

Uno de los maestros asistentes de su escuela perdió su estatus de protección temporal (TPS). Otro, un profesor universitario en su país natal, ha esperado año y medio por la aprobación de su residencia permanente, mientras los procesos se mantienen pausados por la Administración federal.

Manifestantes muestran letreros con las frases "ICE está entrenado para matarnos" y "Tienen sangre en sus manos" durante una protesta contra el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas en Nueva York el 10 de octubre de 2026.
Manifestantes muestran letreros con las frases «ICE está entrenado para matarnos» y «Tienen sangre en sus manos» durante una protesta contra el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas en Nueva York el 10 de octubre de 2026. AP Photo/Angelina Katsanis – Angelina Katsanis

“No siento mayores cambios, pero definitivamente mi vida no es mejor”, admite, cuando se le pregunta por el balance desde el 20 de enero de 2025, cuando Trump regresó a la Casa Blanca. “Mis hijos ya crecieron, viven de forma independiente, tengo mi trabajo, soy ciudadano estadounidense, soy un hombre blanco, eso hace una diferencia”.

Pero a Neil le cuesta reconocer su propio país. “Trump tomó algo que es bueno, el orgullo por tu nación, por tu bandera, y en mi opinión lo torció para vender la idea de que, en lugar de orgullo, para algunas personas más extremistas, eso ha pasado a ser que cualquiera que no sea blanco y nacido en Estados Unidos es malo”.

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“En lo personal me siento menos orgulloso de mi país ahora por las actitudes de algunos estadounidenses”, reconoce. “Existe este razonamiento automático de que si ves a alguien que luce diferente inmediatamente piensas ‘no pertenece a mi país, no nació aquí, entonces es malo’”.

Como profesor de historia, Neil sabe que su país se formó a partir del aporte de los inmigrantes. “Trump enciende el odio político y eso es algo que no es estadounidense. Lo verdaderamente estadounidense es escuchar las opiniones de otros, ser respetuosos y llegar a acuerdos, en lugar de pelear”, afirma.

Patricia Fernández-Kelly, profesora de Sociología e investigadora de la Universidad de Princeton, coincide con Neil en que la situación actual no necesariamente refleja las posiciones populares sobre la inmigración.

“El pueblo estadounidense nunca ha estado mayoritariamente en contra de la migración”, apunta la analista. “Originalmente la propaganda de Trump era eliminar la ilegalidad y el crimen. A la gente nunca se le ocurrió que iban a estar arrestando y deteniendo indefinidamente a madres de familia, a niños. Entonces a medida que los medios de comunicación han proporcionado mayores datos acerca de las características de la gente que ha sido detenida, mayor ha sido la alarma, y luego hemos tenido los casos de Minnesota y otras partes, donde ha habido muertes y abusos por parte de ICE”.

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Una composición fotográfica de un agente del ICE, manifestantes contra la actuación del servicio de migración y aduanas impulsado bajo el mandato de Donald Trump y la bandera estadounidense.
Imagen de portada: Una composición fotográfica de un agente del ICE, manifestantes contra la actuación del servicio de migración y aduanas impulsado bajo el mandato de Donald Trump y la bandera estadounidense. © France 24

Eso explica la forma en que se han sensibilizado personas como Neil. Pero, para encontrar la razón por la que una base de entre 50 y 60 millones de votantes sigue acompañando al presidente, incluso en políticas tan divisivas como la ofensiva antinmigración, hay que remontarse mucho más atrás.

Millones de empleos se perdieron en los años 80 como consecuencia del llamado ‘New Guild’ (nuevo gremio), una restructuración que transformó la economía al reforzar el sector de los servicios y debilitar el de la industria y la manufactura.

“El apoyo de Trump proviene principalmente de grupos que fueron profundamente afectados por los procesos de globalización, es decir, la destrucción del aparato industrial en Estados Unidos y la reubicación de las industrias manufactureras en Asia o la frontera mexicana. Ese grupo es enorme y está constituido principalmente por gente blanca de clase trabajadora, aunque no exclusivamente, que está viviendo en condiciones precarias en áreas desindustrializadas y rurales”, explica Fernández-Kelly.

“Los hijos de esa generación no tienen perspectivas de ascenso social y eso ha generado mucho encono e ira. Trump utilizó la migración para unificar ese grupo y generar un apoyo que se ha modificado muy poco”.

Fernández-Kelly estima que “en tanto tengan el apoyo de ese grupo, los republicanos pueden retener el poder, independientemente de los resultados de las midterms, y agitar de otras maneras”.

La analista cree que el presidente “nunca tuvo el propósito de gobernar en nombre de toda la población estadounidense” y que “está satisfecho de gobernar en nombre de una minoría”, esa base dura de votantes que, al fin y al cabo, “es como un país dentro del país llamado Estados Unidos”, con una población mayor que la de España o Canadá.

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Imagen de portada: © France 24

Para Neil, la perspectiva de que no haya cambios, de no regresar al sistema de contrapeso de poderes tradicional hasta la disrupción de Trump, es descorazonadora.

“Siempre puedes concluir cuáles son los objetivos de un país y la mentalidad de un país a partir de dónde pone su dinero, y en Estados Unidos no estamos poniendo dinero en la educación y eso está dando continuidad a la ignorancia. Eso me preocupa por las próximas generaciones: mientras más ignorantes, aislados e irrespetuosos, estaremos más divididos y a la deriva. Otros países, como China, tomarán la iniciativa”, pronostica.

No dejar nunca de ser madre

Nikki es madre soltera de cuatro hijos entre 25 y 16 años. Solo uno de ellos es menor de edad, pero esta mujer afroamericana de Richmond, Virginia, resiente que el resto de su prole, algunos de ellos universitarios, difícilmente podrá levantar vuelo por sí sola en el corto plazo.

Pide no ser identificada con su nombre completo porque no quiere que en su empleo de tiempo parcial en una oficina pública conozcan su posición. “No siento que mi vida haya mejorado”, dice. “Como mujer negra de ingresos de medianos a bajos, debo decir que enfrento desafíos para cubrir el costo de la vida, y eso incluye vivienda, alimentación, transporte, salud…”.

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Un sticker colocado por una persona no identificada, que muestra al presidente Donald Trump y dice "¡YO LO HICE!", está adherido junto a los precios de la gasolina y el diésel en una gasolinera de Newtown, Pensilvania, el miércoles 9 de septiembre de 2026.
Imagen de portada: Un sticker colocado por una persona no identificada, que muestra al presidente Donald Trump y dice «¡YO LO HICE!», está adherido junto a los precios de la gasolina y el diésel en una gasolinera de Newtown, Pensilvania, el miércoles 9 de septiembre de 2026. AP Photo/Ted Shaffrey – Ted Shaffrey

El costo de la vida se ha convertido en una cuestión central para los estadounidenses, que votaron en 2024 por la opción que proponía abatir la inflación, aunque esta no ha hecho sino repuntar en los últimos meses.

Una encuesta de ‘CBS News’ revela que 75% de los votantes cree que la Administración Trump no ha hecho lo suficiente por bajar los precios de los productos.

Julio Sevilla, profesor de Negocios de la Universidad de Georgia, apunta que, “al inicio del actual mandato de Trump, los salarios estaban subiendo 4,1% anual, comparado con 3% o poco menos de la inflación. Entonces había una pequeña mejoría en el nivel de vida, pero hoy con los aranceles, que han encarecido los precios, o la guerra de Irán y el petróleo (que afecta prácticamente todo lo que compramos, la agricultura, la manufactura, la energía), eso se ha revertido”.

“Los salarios están subiendo solamente 3% y la inflación está a 3,7%, así que básicamente el poder adquisitivo de las personas es negativo hoy en día”, explica el experto.

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Las elecciones 'midterm' son clave para los intereses y la gobernabilidad de Donald Trump.
Imagen de portada: Las elecciones ‘midterm’ son clave para los intereses y la gobernabilidad de Donald Trump. © France 24

Sevilla apunta que el encarecimiento de los bienes “ya es superior al 2% que recomienda la reserva federal”.

En los últimos meses, uno de los hijos de Nikki tuvo que volver a casa, luego de haberse independizado, y lo hizo junto a un amigo y la madre de este, “porque ya no pueden pagar donde vivían en Baltimore, así que están aquí viviendo con nosotros”.

Otro de sus hijos, un graduado universitario de 25 años, con una maestría, debe compartir su vivienda con otras tres personas para hacer frente a los costos de la renta. Así que “aunque de mis hijos solo uno es menor, todavía juego un rol fuerte en asegurarme de que todos tengan los medios básicos. Son adultos jóvenes que necesitan el apoyo de su madre”.

Actualmente, el déficit de vivienda se estima entre tres y cinco millones de unidades. Julio Sevilla recuerda que “el costo ha subido alrededor de 50% desde la pandemia y las tasas de interés se han disparado a más de 7%». Por eso, señala, «hoy en día vemos más jóvenes viviendo con sus padres, un fenómeno que se empezó a ver en pandemia, pero que ahora está relacionado con la situación económica”.

En junio pasado, el Congreso dio luz verde a una iniciativa bipartidista para facilitar la aprobación de permisos para nuevos proyectos habitacionales y ampliar el acceso a financiamiento, pero Trump se negó a firmarla para su promulgación, en protesta porque el Senado no aprobó la ley SAVE, con la que pretendía exigir pruebas de ciudadanía para votar.

Nikki no recuerda cuándo fue la última vez que se permitió un pequeño lujo, como salir a comer fuera de casa. “Mi preocupación principal es traer comida a la casa”, resume y agrega: “No creo que el liderazgo del presidente me esté ayudando a mí o a la comunidad a la que pertenezco. No veo ninguna iniciativa en la que sienta que dice ‘oye, vamos a ayudar a esta comunidad, o a la gente de esta clase (social) a crecer’”.

Al no disponer de un empleo de tiempo completo, Nikki no tiene un seguro de salud aportado por su empleador y tampoco es elegible para el llamado Obamacare, la Ley de Cuidado de Salud Asequible (ACA) que ha quedado prácticamente vaciada de contenido durante el segundo mandato de Trump.

“La Gran y Hermosa Ley (el plan de recortes fiscales de Trump) ha funcionado prácticamente como una transferencia de recursos: el 1% más rico pagará menos impuestos y el costo será que en 10 años el Medicaid sufrirá un recorte de un billón de dólares”, apunta Sevilla.

Otro tanto sucederá con el plan federal de asistencia alimentaria SNAP, que perderá 300.000 millones en los próximos 10 años, con la consecuente exclusión de beneficiarios.

En cuanto al Obamacare, la eliminación de subsidios hará que al menos dos de los 22 millones de personas que se benefician de esta alternativa se queden sin cobertura médica.

Los expertos advierten que tanto de Medicaid como de Obamacare se irán los usuarios más sanos y eso elevará los costos de los seguros, ya que serán los de salud más precaria los que conserven sus pólizas, lo cual aumentará la siniestralidad.

“No creo que todos los desafíos que enfrento son directamente causados por Trump, pero sí creo que su liderazgo marca el paso para el país, y en mi opinión el paso que ha marcado es divisivo, en lugar de unificador y solidario, particularmente para las comunidades marginalizadas”, lamenta Nikki. “Como consecuencia, mucha gente, incluyendo afroamericanos y familias de clase trabajadora pueden sentirse ignoradas y dejadas de lado, en lugar de empoderados para salir adelante”.

Cambio de planes

Steve se mudó a Misuri desde su Kentucky natal siguiendo a su novia Debby, que había conseguido un empleo prometedor en plena pandemia. Cada año, viajaba a casa en julio brevemente, en avión, para visitar a su madre en su cumpleaños, y por carretera en noviembre, para pasar Acción de Gracias junto a su familia.

“Este año he tenido que escoger entre los dos: los pasajes aéreos están muy caros y ahora debo calcular lo que gastaremos en gasolina por un viaje de nueve horas”, comenta el joven de 27 años, que se pregunta cómo ha terminado haciendo cuentas como esas luego de haber votado precisamente para no verse en esa situación.

No se considera MAGA, como casi toda su familia (por eso prefiere no usar su apellido, para no exponerse ante su grupo más cercano), pero sí reconoce que votó por Trump pensando en el impulso que proponía para la economía.

“Debby siempre ha tenido mejores ingresos y yo realmente creí que era una oportunidad para mejorar mi vida. Sigo creyendo que Trump es un hombre de negocios, que sabe lo que es mejor para la economía, pero otra de las cosas por las que voté por él es porque prometía no involucrarnos en más guerras, y ahora tengo que estar haciendo cuentas con el gasto de gasolina por una guerra que ni siquiera entiendo”.

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Precios de la gasolina y el diésel en el centro de Los Ángeles, California, EE. UU., 15 de octubre de 2026.
Imagen de portada: Precios de la gasolina y el diésel en el centro de Los Ángeles, California, EE. UU., 15 de octubre de 2026. REUTERS – Mike Blake

“El transporte y la gasolina son elementos centrales en un país tan grande, donde los desplazamientos entre la vivienda y el lugar de trabajo suelen ser muy largos. Ese es un coste real que se nota rápidamente en la economía diaria de los electores”, explica el asesor de comunicaciones Antoni Gutiérrez-Rubí.

Como muchos de sus conciudadanos, Steve no tiene muchas alternativas para financiar gastos extras, como ese vuelo cancelado en julio.

Gutiérrez-Rubí pone el acento en “la precariedad financiera de la clase media estadounidense, donde los ingresos son centrales para llegar a fin de mes. No estamos hablando de personas o familias que tengan una renta que les permita tener un colchón de seguridad, sino que van muy ajustadas en sus ingresos y gastos”.

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Camino al trabajo, Steve escucha en la radio los noticieros hablando sobre el cierre del estrecho de Ormuz y se pregunta por qué esto le ha disparado los costos de la energía si Estados Unidos es un gran productor de petróleo, pero también cuestiona: “No sé por qué nos hemos metido en esta guerra”.

“En general, la opinión pública estadounidense no se ve muy afectada por el contexto internacional, es un país autorreferencial que ve lo extranjero como lejano, a pesar de las interdependencias reales de la economía y de la geopolítica, pero en este mandato están viendo con mucha claridad que las medidas económicas más políticas del presidente, como los aranceles o la propia guerra, sí que tiene una afectación real sobre la vida cotidiana”, explica Gutiérrez-Rubí.

Lawrence Allison deposita 175 dólares de diésel en su camión en una gasolinera el jueves 10 de septiembre de 2026 en Carlsbad, California.
Lawrence Allison deposita 175 dólares de diésel en su camión en una gasolinera el jueves 10 de septiembre de 2026 en Carlsbad, California. AP Photo/Gregory Bull – Gregory Bull

Cuando las consecuencias de esas decisiones se ven “reflejadas en el surtidor de la gasolina”, el experto detecta “un elemento nuevo para la sociedad estadounidense, y sobre todo para las clases medias y bajas, que es de repente darse cuenta de que la geopolítica tiene un efecto real, directo, inmediato, presente en su vida cotidiana”.

“Muchos electores podrán estar de acuerdo o no con Trump, pero la idea de que él enfocaba los problemas de la vida cotidiana con una mirada muy pragmática y centrada en la resolución de esos problemas hoy está en cuestión”, agrega el experto.

Votantes como Steve son, precisamente, los que podrían alejarse de Trump este 3 de noviembre. Gutiérrez-Rubí explica que el impacto del conflicto internacional “no va a mermar la base dura, pero la blanda sí. Aquellos electores pragmáticos, que han votado a Donald Trump no tanto por sus ideas sino por sus compromisos económicos y sus promesas electorales, esa masa no tan ideologizada, esa sí que estoy seguro de que les pasa factura”.

Steve aún no sabe si abandonará el barco, pero sí admite que no siente la misma motivación que lo llevó a apoyar la causa republicana hace dos años. “Tal vez ni siquiera vaya a votar, porque no me veo votando por los demócratas”, sopesa.

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