Imputada por racismo: así quedó la situación jurídica de la turista colombiana que el pasado 26 de mayo dejó un plátano a un bailarín callejero de capoeira en su bolsa de aportes en la favela de Rocinha, en Río de Janeiro. El episodio fue registrado por cámaras de seguridad y denunciado en una comisaría cercana.
“Al principio no entendí nada, nadie entendía nada. Luego empecé a comprender. En su país existen estos casos de racismo. Una se miraba a la otra y se burlaban. Nos quedamos sin palabras, tratando de entender lo que estaba sucediendo”, dijo el capoeirista Nescau el día del incidente.
La turista formaba parte de un grupo de 14 colombianos que visitaban la favela de Rocinha. Esta barriada vive en la actualidad un récord de turistas, con una media de 40.000 reservas por mes a través del aplicativo creado por la Asociación de Vecinos.
Ahora, la imputada tendrá que responder desde Colombia ante la Justicia brasileña por el delito de insultos racistas, dado que salió del país al día siguiente del incidente. La Policía Civil de Brasil ha solicitado que su nombre sea incluido en la lista roja de Interpol para localizarla y extraditarla.
Leer tambiénEl encanto de la Rocinha: un trend viral con drones dispara el turismo en la favela
Racismo protagonizado por extranjeros
No es la primera vez este año que un turista o un extranjero procedente de Iberoamérica enfrenta problemas con la Justicia brasileña por comportamientos racistas.
A principios de este año, dos tenistas (el venezolano Luis David Martínez y el colombiano Cristian Rodríguez) fueron detenidos luego de que hicieran gestos racistas a la afición tras perder un partido de dobles contra una dupla local en un torneo en Itajaí.
En febrero, el caso de la argentina Agostina Páez suscitó un gran revuelo internacional.
Páez fue captada por las cámaras de un restaurante imitando a un mono e insultando a los empleados del establecimiento en el barrio de Ipanema, en Río.
En Brasil, el insulto racista fue equiparado en 2023 al delito de racismo y es castigado con una pena de dos a cinco años de prisión, además de una multa. Además, es un crimen que no prescribe.
Tras ser puesta en libertad con tobillera electrónica, la argentina de 29 años fue juzgada en un tribunal penal de Río de Janeiro el 24 de marzo. Gracias al pago de una fianza de 97.000 reales (18.600 dólares), equivalente a 60 salarios mínimos, pudo recuperar su pasaporte y librarse del monitor electrónico del tobillo.
Finalmente, el 1 de abril retornó a su país de origen, pero la polémica no acabó. Menos de 24 horas después de la llegada de su hija a la provincia de Santiago del Estero, su padre, el empresario Mariano Páez, fue grabado de madrugada en un bar haciendo gestos de mono y diciendo que siente “asco por el Estado”.
En otro caso, este 24 de junio, una turista española también fue detenida en el aeropuerto de São Paulo, tras llegar en un vuelo interno desde el estado de Maranhão. La mujer habría proferido insultos al quejarse del atraso de su vuelo. “Ahí fuera solo hay monos”, dijo la visitante, según testigos que llamaron inmediatamente a la Policía. La sospechosa fue arrestada por los agentes en la pista aeroportuaria.
Leer tambiénEl caso de una turista argentina presa revela la lucha pendiente contra el racismo en Brasil
7.000 denuncias de racismo en 2025
Pero, los crímenes de racismo no atañen exclusivamente a los turistas.
Entre enero y noviembre de 2025, en Brasil se registraron más de 7.000 denuncias de racismo e insultos raciales, según datos del Panel de Seguimiento de la Justicia Racial, una iniciativa del Consejo Nacional de Justicia en colaboración con el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD). Esta cifra representa un aumento considerable en comparación con el mismo período del año anterior: en los primeros 10 meses de 2024, fueron contabilizados 4.205 casos.
El fin de este estudio es mejorar la gestión de los datos raciales y proporcionar apoyo técnico para la implementación de políticas públicas judiciales orientadas a promover la equidad.
“Brasil es sin duda un ejemplo en América Latina en la lucha contra el racismo, especialmente por sus políticas de acción afirmativa[como las cuotas universitarias para afrodescendientes], de educación antirracista y un sistema jurídico antirracista, que incluye jurisprudencia y decisiones judiciales relacionadas con cuestiones raciales”, señala a France 24 el abogado antirracista Bruno Cândido Sankofá.
Leer tambiénBrasil y el enquistado racismo que sigue asolando las bases de su sociedad
Sin embargo, para este activista de la causa negra, el Gobierno de Brasil peca a la hora de analizar con efectividad estas denuncias y de ofrecer una reparación a las personas afectadas.
“La Justicia institucional, la prestación de servicios judiciales tiene que funcionar de principio a fin para que podamos hablar eficazmente de un Estado que reduce la desigualdad racial y combate el racismo basándose en los instrumentos que posee”, añade Sankofá.
En otras palabras, el aumento de denuncias podría inducir a pensar que, gracias a las campañas de los movimientos negros y al papel de las redes sociales, se estaría reduciendo la subnotificación. No obstante, el sistema judicial todavía no consigue acompañar este profundo cambio social.
Una extensión de tu navegador parece estar bloqueando la carga del reproductor de video. Para poder ver este contenido, debes desactivarla en este sitio.
Actualmente, el Poder Judicial brasileño tiene 13.440 casos pendientes de sentencia. La gran mayoría de estos casos, el 97,4%, se están tramitando en los tribunales de los estados federados, lo que refleja la concentración y el registro de estos delitos a nivel local.
Además, el Panel de Seguimiento de la Justicia Racial apunta a otro factor: la composición del Poder Judicial brasileño. Hoy, los afrodescendientes representan el 26,82% del total de profesionales que trabajan en el sistema jurídico. Si bien aún constituyen una minoría con respecto al total de la población que se declara negra (56%), este índice indica un progreso positivo. En 2024, la representación de personas negras era de 24,76%. En términos absolutos, el número de profesionales negros aumentó de 74.079 en 2024 a 81.183 en 2025. De este total, 2.702 son jueces, mientras que 78.481 son empleados judiciales.
“Los datos sobre las denuncias muestran que al menos 7.000 personas que sufrieron este tipo de violencia estuvieron dispuestas a denunciarla. Ahora bien, es imposible afirmar con certeza que hayamos logrado reducir la subnotificación, porque no tenemos datos, por ejemplo, sobre las comisarías que se niegan a registrar casos de racismo. Es una de las denuncias que generalmente recibimos a través de los movimientos sociales, por internet, y que no se incluirán en el registro público de denuncias rechazadas”, afirma Sankofá.
“Como abogado, no es raro que tenga al menos 20 casos al año en los que debo acompañar a mis clientes a la comisaría para asegurarme de que puedan presentar sus denuncias”, añade.
El racismo es considerado un crimen en Brasil como resultado de una larga lucha histórica contra el legado de la esclavitud y la falsa idea de la “democracia racial», que culminó en la Constitución de 1988 y una ley específica aprobada en 1989.
Inicialmente, la Ley Caó de 1989 tipificó los delitos de racismo con penas de uno a tres años. Posteriormente, en 2023, otra ley equiparó el delito de injuria racial con el delito de racismo.
Leer tambiénTres denuncias por día: en Brasil aumenta la intolerancia contra las religiones de matriz afro
Más leyes contra la discriminación
En las últimas décadas, el gigante latinoamericano ha avanzado también con la adopción de otras políticas inclusivas. Desde 1997, la xenofobia se considera un delito al igual que el racismo. Lo mismo pasa con la homofobia y la transfobia, desde 2019.
En marzo de este año, el Senado brasileño aprobó la inclusión de la misoginia entre los delitos de prejuicio o discriminación. La pena prevista para este tipo de delito es de dos a cinco años de prisión, además de una multa. Ahora hay que esperar el visto bueno de la Cámara de los Diputados para entrar en vigor.
“Si no abordamos la raíz del problema, no lo resolveremos. Las mujeres siempre estarán a merced de alguien que no respeta las normas. El desafío es muy serio”, dijo el presidente Luiz Inácio Lula da Silva a principios de abril.
Leer tambiénRacismo en Brasil: ola de ira tras la muerte de un refugiado congoleño
