Organizaciones médicas como el Colegio Americano de Obstetras y Ginecólogos (ACOG) y The Menopause Society han señalado que no existe evidencia suficiente para afirmar que las hormonas bioidénticas elaboradas de forma personalizada sean más seguras o más efectivas que las terapias hormonales aprobadas y reguladas.
«Yo prefiero irme a la dosis que sé que han estudiado en miles y miles de mujeres y no les aumentó los riesgos», dice Haiek. Además, rechaza la idea de que las hormonas «sintéticas» sean peligrosas por definición. «Lo único que significa es que están hechas en un laboratorio», explica. Agrega que estas son administradas bajo supervisión médica y a pacientes cuyos casos hayan sido previamente evaluados.
¿Existe una nueva sexualidad después de los 40?
Más allá de la resequedad vaginal o los cambios en la libido, especialistas señalan que la perimenopausia puede transformar la forma en que una mujer experimenta el sexo. No se trata del fin de la vida sexual, sino de una reconfiguración que obliga a abandonar muchas ideas preconcebidas sobre el envejecimiento femenino.
«Nos asusta pensar en la perimenopausia porque pensamos que la vida sexual es estática. En lugar de pensar que otras cosas pueden estar impactando mi deseo sexual, la angustia viene de que antes me gustaba algo y ahora ya no», explica Ivanna Maupomé, médica y sexóloga.
La transformación comienza con las mismas hormonas que participan en otras áreas del cuerpo. A medida que disminuyen los niveles de estrógeno, progesterona y testosterona, también cambian la forma en que se experimenta el deseo sexual, la excitación y el orgasmo. Lo que antes despertaba interés puede dejar de hacerlo, mientras que nuevas fantasías, estímulos o formas de placer comienzan a ocupar su lugar.
Uno de los cambios más frecuentes ocurre en la lubricación. La disminución de estrógenos puede provocar resequedad vaginal y dolor durante la penetración, una experiencia que muchas mujeres intentan evitar y que termina afectando también el deseo sexual. Sin embargo, Maupomé advierte que la sexualidad no se reduce a la penetración ni a la capacidad reproductiva.
Las zonas erógenas pueden cambiar, la sensibilidad genital se modifica e incluso la experiencia orgásmica puede sentirse distinta durante esta etapa. «Es prácticamente como en la pubertad, que estás descubriendo qué te gusta, qué no, con qué fantaseas. Tienes un lienzo en blanco y ahora puedes inventarte una nueva sexualidad después de los 40», comenta Maupomé.
Lejos de representar un deterioro, estos cambios pueden convertirse en una oportunidad de autoconocimiento, en parte porque muchas mujeres desarrollan una mayor confianza para comunicar sus deseos, establecer límites y pedir aquello que les genera placer. «Ya sé qué me gusta, ya encontré mi voz erótica y sexual», expone la especialista.
Para Maupomé, el principal reto no es la transformación en sí misma, sino la narrativa que la rodea. Durante décadas, la menopausia y la perimenopausia se han asociado con el fin de la fertilidad y, por extensión, con el fin de la sexualidad.
«La gente tiene mucho miedo de crecer. Piensan: ‘Una vez que ya no soy fértil o pierdo mi capacidad reproductiva, ya no puedo ser deseada’. Pero la gente tiene sexo hasta que se muere».
¿Cómo hago que la transición a la menopausia sea más amable?
Aunque la perimenopausia es una etapa inevitable, eso no significa que deba vivirse desde el sufrimiento. Tanto Haiek como Maupomé coinciden en que una transición más amable depende menos de encontrar una solución milagrosa y más de adoptar una visión integral de la salud.
La recomendación comienza por lo básico, es decir, alimentación, ejercicio, descanso y manejo del estrés. Haiek explica que mantener un peso saludable y realizar actividad física de manera constante puede ayudar a reducir algunos de los síntomas más frecuentes, además de proteger la salud cardiovascular y ósea durante una etapa en la que los estrógenos dejan de ejercer parte de esa función protectora.

