Entre el duelo y la demostración de poderío: Irán despide a Jamenei en una semana de ceremonias fúnebres


Desde la madrugada del viernes, Teherán comenzó a transformarse. Barricadas policiales, puestos de control, vehículos militares y cientos de pancartas con el lema «Debemos levantarnos» fueron desplegados por toda la capital iraní mientras el país se preparaba para una semana de ceremonias que las autoridades califican como el mayor acontecimiento nacional desde la muerte del ayatolá Ruhollah Jomeini en 1989.

El funeral del líder supremo Alí Jamenei, quien dirigió Irán durante casi cuatro décadas, busca proyectar una imagen de fortaleza tras la guerra con Estados Unidos e Israel que culminó con su muerte en febrero. Las autoridades estiman que hasta 30 millones de personas podrían participar en los distintos actos previstos en Irán e Irak, una movilización concebida tanto como homenaje al dirigente fallecido como demostración de la capacidad de resistencia del Estado iraní.

El cuerpo de Jamenei fue expuesto por primera vez la noche del jueves en una ceremonia reservada para familiares de los fallecidos en la guerra. Entre escenas de profundo dolor, los asistentes lanzaban pañuelos y objetos personales para que rozaran el féretro, una práctica considerada una bendición dentro de la tradición chiita.

El primer ministro de Pakistán, Shehbaz Sharif, y otros miembros de una delegación pakistaní asisten a una ceremonia de despedida para el difunto líder supremo de Irán, el ayatolá Ali Khamenei, quien murió el 28 de febrero durante los ataques aéreos israelíes y estadounidenses contra Irán, para delegados internacionales en la Gran Mosalla Imam Khomeini en Teherán, Irán, 3 de julio de 2026.
El primer ministro de Pakistán, Shehbaz Sharif, y otros miembros de una delegación pakistaní asisten a una ceremonia de despedida para el difunto líder supremo de Irán, el ayatolá Ali Khamenei, quien murió el 28 de febrero durante los ataques aéreos israelíes y estadounidenses contra Irán, para delegados internacionales en la Gran Mosalla Imam Khomeini en Teherán, Irán, 3 de julio de 2026. © Reuters/Mohammed Salem

Teherán se convierte en el escenario de una de las mayores ceremonias de Estado desde la Revolución Islámica de 1979. Durante seis días, millones de personas están llamadas a despedir al líder supremo Alí Jamenei, fallecido a los 86 años en un ataque estadounidense-israelí, en un funeral que combina el luto nacional con una poderosa exhibición de cohesión política, simbolismo religioso y desafío frente a Occidente, en un momento decisivo para el futuro de la República Islámica.

Un funeral convertido en mensaje político. Más allá del duelo, las ceremonias han sido diseñadas como una demostración de continuidad del régimen y de rechazo a las presiones occidentales.

Este viernes 3 de julio, la élite política, judicial y militar iraní desfiló ante el féretro cubierto con la bandera del santuario del imán Husayn. El presidente Masoud Pezeshkian, altos mandos de la Guardia Revolucionaria y dirigentes del Estado participaron en las oraciones, mientras el general Ahmad Vahidi reaparecía públicamente por primera vez desde el pasado febrero, en un gesto interpretado como una reafirmación del liderazgo militar tras la guerra.

El miembro de la Asamblea de Expertos Mohsen Qomi, el asesor del líder supremo de Irán Mohsen Rezaei, el ministro de Asuntos Exteriores iraní Abbas Araqchi, el presidente del Tribunal Supremo de Irán Gholam-hossein Mohseni Ejei, el presidente del Parlamento iraní Mohammad Baqer Qalibaf y el presidente iraní Masoud Pezeshkian asisten a una ceremonia de despedida para el difunto líder supremo de Irán, el ayatolá Ali Khamenei, quien murió el 28 de febrero durante los ataques aéreos israelíes y estadounidenses contra Irán, para delegados internacionales en la Gran Musalla Imam Khomeini en Teherán, Irán, 3 de julio de 2026
El miembro de la Asamblea de Expertos Mohsen Qomi, el asesor del líder supremo de Irán Mohsen Rezaei, el ministro de Asuntos Exteriores iraní Abbas Araqchi, el presidente del Tribunal Supremo de Irán Gholam-hossein Mohseni Ejei, el presidente del Parlamento iraní Mohammad Baqer Qalibaf y el presidente iraní Masoud Pezeshkian asisten a una ceremonia de despedida para el difunto líder supremo de Irán, el ayatolá Ali Khamenei, quien murió el 28 de febrero durante los ataques aéreos israelíes y estadounidenses contra Irán, para delegados internacionales en la Gran Musalla Imam Khomeini en Teherán, Irán, 3 de julio de 2026 © Reuters/Mohammed Salem

Los discursos oficiales insistieron en un mismo mensaje: Irán no cederá.

Vahidi aseguró que la muerte de Jamenei fortalecerá al país y afirmó que «jamás» se rendirá ante sus enemigos. En la misma línea, el presidente del Parlamento, Mohammad Bagher Ghalibaf, sostuvo que la nación responderá a la sangre derramada de su líder y prometió que el país no permanecerá en silencio frente a Estados Unidos e Israel.

Las calles de Teherán también reflejan esa narrativa. Gigantescas imágenes muestran un puño cerrado —convertido en símbolo del funeral— acompañado por consignas de resistencia. En la plaza Enghelab se instaló una enorme escultura con ese emblema, mientras miles de voluntarios de la milicia Basij patrullan junto a policías y militares para garantizar la seguridad de unas ceremonias consideradas de alto riesgo.

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El simbolismo religioso en un momento decisivo

La coincidencia del funeral con el inicio del mes de Muharram, cuando los musulmanes chiitas recuerdan el martirio del imán Husayn, otorga una dimensión religiosa aún mayor a las exequias.

Para las autoridades iraníes, la muerte de Jamenei en un ataque enemigo lo incorpora a una tradición de sacrificio y resistencia profundamente arraigada en el chiismo. Las banderas negras que cubren la capital, las procesiones de duelo y las referencias constantes al martirio de Husayn buscan reforzar ese paralelismo.

El féretro fue cubierto con la bandera roja del santuario del imán Husayn, símbolo tanto del martirio como del llamado a vengar una muerte considerada injusta. Sobre el ataúd descansaba además un turbante negro, reservado a los clérigos que afirman descender del profeta Mahoma, junto a un tradicional pañuelo palestino, emblema de la solidaridad con la causa palestina y del discurso revolucionario iraní.

Varias mujeres reaccionan cerca de los ataúdes del difunto líder supremo de Irán, el ayatolá Ali Khamenei, y sus familiares, el día en que delegados internacionales participan en una ceremonia de despedida para Khamenei, quien murió el 28 de febrero durante los ataques aéreos israelíes y estadounidenses contra Irán, en la Gran Musalla Imam Khomeini en Teherán, Irán, el 3 de julio de 2026.
Varias mujeres reaccionan cerca de los ataúdes del difunto líder supremo de Irán, el ayatolá Ali Khamenei, y sus familiares, el día en que delegados internacionales participan en una ceremonia de despedida para Khamenei, quien murió el 28 de febrero durante los ataques aéreos israelíes y estadounidenses contra Irán, en la Gran Musalla Imam Khomeini en Teherán, Irán, el 3 de julio de 2026. © Reuters/Mohammed Salem

En uno de sus últimos discursos, pronunciado días antes de morir, Jamenei había recurrido precisamente a esa simbología al afirmar que «una nación con la cultura de Irán no jura lealtad a líderes corruptos», evocando la negativa de Husayn a someterse al califa Yazid en el siglo VII.

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El costo humano de la guerra y la incertidumbre sucesoria

Las ceremonias también han dejado al descubierto el costo personal del conflicto.

Junto al ataúd de Jamenei fueron puestos los féretros de varios familiares fallecidos en el mismo ataque, entre ellos su hija, su yerno, una nieta de apenas 14 meses y la esposa de su hijo Mojtaba Jamenei, imágenes que provocaron escenas de profundo dolor entre los asistentes.

La ausencia precisamente de Mojtaba Jamenei, considerado sucesor de su padre y gravemente herido durante el bombardeo, ha alimentado las incertidumbres sobre la nueva etapa política que afronta la República Islámica. Aunque su imagen aparece en numerosos carteles junto a su padre como símbolo de continuidad, no se espera que participe en las ceremonias debido a su estado de salud y a las amenazas de asesinato lanzadas recientemente por Israel.

Una fotografía de Zahra Mohammadi Golpayegani, nieta del difunto Líder Supremo de Irán, el ayatolá Ali Khamenei, se exhibe cerca de los ataúdes de Khamenei y sus familiares el día en que delegados internacionales participan en una ceremonia de despedida para Khamenei, quien murió el 28 de febrero durante los ataques aéreos israelíes y estadounidenses contra Irán, en la Gran Musalla Imam Khomeini en Teherán, Irán, el 3 de julio de 2026.
Una fotografía de Zahra Mohammadi Golpayegani, nieta del difunto Líder Supremo de Irán, el ayatolá Ali Khamenei, se exhibe cerca de los ataúdes de Khamenei y sus familiares el día en que delegados internacionales participan en una ceremonia de despedida para Khamenei, quien murió el 28 de febrero durante los ataques aéreos israelíes y estadounidenses contra Irán, en la Gran Musalla Imam Khomeini en Teherán, Irán, el 3 de julio de 2026. © Reuters/Mohammed Salem

Mientras tanto, las profundas dificultades económicas, las secuelas de años de sanciones internacionales y las protestas internas permanecen prácticamente ausentes del discurso oficial. Los organizadores del funeral han intentado responder a ese malestar con carteles que prometen «un futuro brillante para Irán», al tiempo que ofrecen transporte, alojamiento y alimentación para facilitar la asistencia masiva a las ceremonias.

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Una despedida con alcance regional

El calendario fúnebre se extenderá durante toda la semana. Tras las ceremonias en Teherán, el lunes 6 de julio está prevista una procesión de unos diez kilómetros entre las plazas Imam Hossein y Azadi, uno de los actos centrales del homenaje.

El martes 7 de julio el cuerpo será trasladado a Qom, principal centro religioso chiita de Irán, antes de viajar el miércoles a las ciudades iraquíes de Nayaf y Kerbala, recorrido solicitado por dirigentes políticos y religiosos de Irak como reconocimiento a la influencia regional de Jamenei.

Al funeral han acudido representantes de Irak, Pakistán, Armenia, Tayikistán, Rusia y China, además de dirigentes de organizaciones aliadas de Irán como Hezbolá. La ausencia de líderes occidentales evidenció, sin embargo, el aislamiento diplomático del país tras la guerra. Desde Teherán, el portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores acusó a Europa de haberse situado «en el lado equivocado de la historia» por respaldar los ataques estadounidenses e israelíes que detonaron la guerra el pasado 28 de febrero que tras complejas conversaciones indirectas ha dado paso a una tregua en vigor, pero frágil.

Una mujer pasa junto a una pancarta que representa al difunto Líder Supremo de Irán, el ayatolá Ali Khamenei, quien murió el 28 de febrero en ataques aéreos israelíes y estadounidenses, cerca de la Gran Mosalla Imam Khomeini, en Teherán, Irán, el 3 de julio de 2026.
Una mujer pasa junto a una pancarta que representa al difunto Líder Supremo de Irán, el ayatolá Ali Khamenei, quien murió el 28 de febrero en ataques aéreos israelíes y estadounidenses, cerca de la Gran Mosalla Imam Khomeini, en Teherán, Irán, el 3 de julio de 2026. © Reuters/Alkis Konstantinidis

La culminación de las ceremonias llegará el jueves 9 de julio en Mashhad, donde Jamenei será sepultado cerca del santuario del imán Reza. Con ello concluirá una semana de duelo cuidadosamente diseñada para mostrar que, pese a la muerte del hombre que durante casi cuatro décadas concentró el poder político y religioso del país, la República Islámica pretende exhibir continuidad, capacidad de movilización y determinación frente a sus adversarios.

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Con Reuters y AP

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