En julio de 2025, las raperas Audry Funk y Rebeca Lane subían al escenario ante un público alemán en Érfurt, una ciudad de arquitectura medieval en donde la única vía de comunicación entre ellas y la audiencia era la música.
Días antes, ambas habían estado de gira en ciudades como Madrid, París, Hamburgo, Berlín y Fráncfort. Todas las fechas estuvieron agotadas, pero había algo que ver en esas 300 personas de Érfurt coreando canciones en un idioma ajeno que hacía esa experiencia más significativa.
Al volver de la gira, todo fue diferente. No obstante el éxito en Europa, la música no alcanzaba para los gastos del día a día. Rebeca, quien vive en Guatemala, y Audry, en Nueva York, valoran cada vez más la posibilidad de trabajar en un call center para subsistir.
Vivir de la música nunca ha sido sencillo y depender de plataformas de servicios de streaming como Spotify, Apple Music, YouTube Music, Deezer, entre otras, ha hecho que el negocio sea aún menos rentable para los artistas.
Spotify es la plataforma de música en streaming más usada a nivel mundial, con más de 700 millones de usuarios activos, incluidos 281 millones de suscriptores premium. A pesar de los múltiples llamados a boicotear la plataforma por el uso de bandas ficticias generadas por inteligencia artificial, el aumento de precio de suscripción, la inversión de 600 millones de dólares por parte del director ejecutivo Daniel Ek en tecnología de defensa militar o la promoción de anuncios de reclutamiento del ICE, el crecimiento de la compañía se ha mantenido estable con el paso de los años.
Quienes sí se han visto perjudicados por el boicot son los artistas independientes. Estos han resentido de manera directa la pérdida puntual de oyentes, lo cual se ha traducido en menos ingresos por escuchas mensuales.
Spotify versus los artistas
Desde su lanzamiento hace 20 años, la plataforma sueca nunca ha sido ajena a los escándalos. En 2013, Thom Yorke anunció su retiro de la plataforma por las bajas regalías. En 2014, Taylor Swift retiró su catálogo por considerar que la música “no debería ser gratis”; regresó en 2017 como una muestra de agradecimiento a sus fans, según explicó en su momento. El año pasado, la banda mexicana Café Tacvba solicitó a sus disqueras retirar su catálogo de la plataforma por vínculos con el financiamiento bélico (toda su discografía sigue disponible en Spotify).
Según estimaciones de la industria, el ingreso promedio por reproducción suele rondar los 0.003 a 0.005 dólares, aunque varía por país y tipo de suscripción. Esto equivale aproximadamente a unos 3 a 5 dólares por cada 1 000 reproducciones.
“Yo quisiera también salirme de Spotify, pero no soy Café Tacvba”, dice Rebeca Lane. Similar a la banda mexicana, como cantante y rapera feminista guatemalteca, ella usa su música como una herramienta de denuncia social en temas como violencia de género y memoria histórica.
Rebeca Eunice Vargas Tamayac, conocida por su nombre artístico de Rebeca Lane, es una de las artistas más prominentes de América Central. Sus más de 100,000 oyentes mensuales en Spotify son prueba de ello. Pero los ingresos que recibe por su trabajo contradicen el éxito visible de su trayectoria musical.
Lane menciona que mensualmente recibe entre 200 y 300 dólares, una cifra modesta pero significativa para una madre soltera que vive en Centroamérica, donde el ingreso medio ronda los 400 dólares.















