
Los agentes de la Policía de Inmigración (ICE) empiezan a operar en 14 aeropuertos para ayudar a detectar potenciales amenazas y agilizar las largas filas que se han presentado en los controles de seguridad por la falta de personal. Al menos 400 empleados han renunciado y otros más han sido enviados a licencias sin paga por el cierre parcial del Departamento de Seguridad. Amplía la información nuestra corresponsal Natalia Cabrera.









