Un hombre lanza improperios contra el presidente Luis Abinader. Lo vi en un video de Facebook. Lo afecta la muerte de una hija, ocurrida el ocho de abril de 2025 debido al desplome de la discoteca Jet Set. El proceso judicial al respecto resulta complejo, dada la cantidad de víctimas y reclamantes.
Su edad avanzada no le aconseja al hombre hablar con mesura. Dice del mandatario que es «abusador y un charlatanazo». Algunos dolientes de las víctimas de esa tragedia se comportan como si sus parientes hubieran muerto en defensa de la soberanía nacional o socorriendo damnificados de un terremoto.
La principal prueba esgrimida por el señor, cuyo nombre no aparece en el video, para emitir tan desconsideradas expresiones sobre un jefe de Estado democrático y tolerante es que, en su discurso del 27 de febrero, para presentar las memorias de los Ministerios, Abinader no mencionó el caso de Jet Set.
Durante años, una falla de la democracia dominicana ha sido la no separación de los poderes públicos. Esto ocurre en la práctica política, puesto que la Constitución y las leyes sí establecen la independencia de unos respectos de otros. La mayoría de los gobernantes, sin rubor alguno, han violentado las normas.

Durante décadas, el Poder Ejecutivo, léase el presidente de la República, ha incidido negativamente en los demás poderes. Jueces y fiscales han actuado como marionetas de algunos gobernantes. Y no precisamente para corregir lo que está mal o enderezar lo torcido, sino para retorcer leyes y procedimientos.
Lo escrito, escrito está. Balaguer, Fernández, Medina han nombrado dirigentes de sus partidos en los tribunales de justicia y manejaron sus decisiones. Todavía quedan jueces de militancia peledeísta, en cortes de todos los niveles. Como era de esperarse, los magistrados han correspondido a quienes los nombraron.
La gente quiere justicia independiente, pero exige al Presidente intervenir en los tribunales. Cuando liberan a un acusado de corrupción, piensan en el mandatario y no en los intereses económicos y partidarios contrarios al Gobierno que han movido las sentencias. A menudo, los fallos dejan ver su color político.
El abogado que sueña con una tajada de lo que recibirá ese señor por la muerte de su hija debe enseñarle que su pleito es en un Juzgado de la Instrucción. Censurar al presidente Abinader porque en la rendición de cuentas no mencionó la tragedia de Jet Set es una grosera forma de reclamar justicia que a su vez resulta una injusticia.
rafaelperaltar@gmail.com
JPM
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