Los ministros de Asuntos Exteriores del G7 se reúnen desde este jueves con la mirada puesta en reducir las diferencias con EE. UU. sobre la escalada en Medio Oriente, pero manteniendo otras crisis como Ucrania y Gaza como prioridades de la agenda.
La cita de dos días entre las siete principales democracias industrializadas en la Abadía de Vaux-de-Cernay, a las afueras de París, se produce después de que la Casa Blanca declarara que el presidente Donald Trump está dispuesto a «desatar el infierno» si Irán no acepta un acuerdo para poner fin a la guerra entre EE. UU. e Israel contra la República Islámica.
En su primer viaje al extranjero desde el inicio de la escalada, el secretario de Estado de EE. UU., Marco Rubio, se unirá a otros altos diplomáticos de Canadá, Alemania, Italia, Francia, Japón y el Reino Unido, pero solo el segundo día.
Uno de los objetivos de Francia, que ostenta la Presidencia rotatoria del G7 este año, es «abordar los importantes desequilibrios globales que explican en muchos aspectos el nivel de tensión y rivalidad que presenciamos, con consecuencias muy concretas para nuestros conciudadanos», declaró en la víspera del encuentro el ministro de Asuntos Exteriores francés, Jean-Noël Barrot.

Con Líbano impactado por los ataques de Israel tras el lanzamiento de cohetes por parte del grupo chiita Hezbolá, respaldado por Irán, Barrot también instó al Estado de mayoría judía a «abstenerse» de enviar fuerzas para tomar el control de una zona en el sur del Líbano.
Con el fin de ampliar el alcance del selecto grupo del G7 —cuyos orígenes se remontan a la primera cumbre del G6 celebrada en el cercano Castillo de Rambouillet en 1975—, Francia también ha invitado a los ministros de Asuntos Exteriores de mercados emergentes clave como Brasil e India, así como a Ucrania, Arabia Saudita y Corea del Sur.
París también acogerá el próximo lunes 30 de marzo una reunión del G7 que congregará a ministros de finanzas, titulares de las carteras de energía y gobernadores de bancos centrales, según declaró este jueves el ministro de Finanzas, Roland Lescure, a la radio ‘RTL’.
La reunión, que se celebrará por videoconferencia, abordará lo que Lescure describió como una «convergencia de cuestiones energéticas, económicas y de inflación».
«Políticas desacertadas»
Si bien todas las naciones del G7 son aliadas cercanas de Estados Unidos, ninguna ha ofrecido un apoyo inequívoco a la ofensiva contra Irán, lo que ha enfurecido a Donald Trump.
El ministro de Finanzas y vicecanciller alemán, Lars Klingbeil, incluso se quejó de que las «políticas desacertadas» del líder republicano en Medio Oriente están perjudicando la economía alemana.
Trump ha afirmado que Washington está dialogando con una «alta figura» dentro del sistema clerical iraní para poner fin al conflicto. Sin embargo, la televisión estatal de la República Islámica informó el miércoles 25 de marzo que Teherán había rechazado el plan de 15 puntos propuesto por Trump y transmitido al país de mayoría persa a través de Pakistán.

La amenaza de Trump de atacar las instalaciones energéticas iraníes —que ahora ha suspendido en medio de las supuestas conversaciones— inquietó a los aliados europeos, quienes han pedido una desescalada y no se han involucrado militarmente en el conflicto.
La ministra de Asuntos Exteriores británica, Yvette Cooper, expresó el martes su preocupación por el hecho de que la guerra haya desviado la atención del plan de paz de Gaza y de la violencia de Israel en Cisjordania ocupada.
Tras más de cuatro años de la invasión rusa a gran escala en Ucrania, Barrot afirmó que el apoyo a la resistencia ucraniana y la presión sobre Rusia continuarán.
Este artículo ha sido adaptado de su versión original en inglés
Con AFP











