Por OMAROY MÉNDEZ GARCÍA
En nuestro país se produce el 85% de lo que consumimos con normalidad, lo que nos hace ser autosuficientes. Sin embargo, hay aspectos que restringen las explotaciones agrícolas, como es el hecho que la mayoría de la producción descansa en pequeñas parcelas caracterizadas como de subsistencia. Esto impide la producción de escala y hace que sea difícil como costoso mecanizar la generación de productos agrícolas.
A lo anterior se suma la precaria o ninguna inversión en investigación y desarrollo, haciéndonos dependientes de semillas importadas, así como, técnicas de riego del siglo pasado con el consiguiente uso deficiente de recursos. Sumado al hecho que los intermediarios se quedan con las ganancias de comercialización, sin embargo, los agricultores asumen el riesgo climático y biológico en los cultivos.
Los créditos del Banco Agrícola en su mayoría están subordinados a relaciones políticas. Así como también el no disponer del título de la tierra, limitando ello la obtención de créditos mediante el uso de estas como colateral. Y como si fuera poco los constantes humores del clima propio del trópico, periódicamente sitúan al productor en una condición de vulnerabilidad.

La constante emigración de la población rural hacia los espacios urbanos por no tener las condiciones de bienestar que les garanticen su estadía digna, ni las perspectivas futuras de progreso económico son también condiciones que lastran el crecimiento y desarrollo del campo dominicano haciéndonos dependientes de la mano de obra haitiana para la cosecha del fruto de la tierra.
Dado que no podemos competir con grandes extensiones de Sudamérica ni con la tecnología de Norteamérica (sumado a los subsidios facilitados), nuestro Estado debe fomentar una producción estratégica enfocada en productos que satisfagan nichos del mercado mundial exclusivos dentro de los orgánicos y gourmet, es decir de alto perfil que pueda ser pagada la exclusividad inherente al proceso productivo que tendrían detrás nuestras cosechas.
Concomitantemente con lo anterior, el proceso de producción agrícolas con valor agregado añadido debería ser el norte de las ventas agrícolas sumado a la certificación internacional de nuestras fincas en ISO 22000, ISO 9001, ISO 14001, con el respaldo del gobierno el cual está llamado a crear las condiciones que favorezcan el sector.
Países como Bélgica y Suiza no cosechan una mazorca de cacao y sin embargo son potencias fabricando chocolate. Países Bajos es reexportador mundial al procesar y refinar aceites vegetales, jugos de frutas tropicales y café. Alemania es de los principales exportadores de café procesado del mundo. Singapur siendo de 733 Km2 y sin agricultura, que cabe 68 veces en República Dominicana, refina azúcar, aceites alimenticios para el sudeste asiático.
Cooperativas
Para la producción enfocada al mercado nacional, un ente bisagra serían las cooperativas, al ser manejadas con conocimiento gerencial-agrícola podrían fomentar compras de insumos por volumen y reducir costos, facilitar créditos blandos y factoring en base a la producción futura.
Dichas asociaciones, eliminarían intermediarios hasta llegar el producto al centro de distribución, garantizando mayor rentabilidad a los productores. Las cooperativas garantizarían las condiciones para el manejo, acopio y cadena de frío necesarios en la producción agrícola.
Se debe de cambiar el enfoque que se tiene actualmente de la agricultura, y generar transformaciones ingeniosas con una visión estratégica y enfocada en actividades rentables. Aprendamos de los mencionados países cuyos ciudadanos tienen las mismas cantidades de neuronas que nosotros.
omaroymendezg@outlook.com
jpm-am
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