China y Estados Unidos compiten por liderar el desarrollo de la inteligencia artificial, una tecnología que ambos gobiernos consideran estratégica para el futuro geopolítico y económico del mundo. Pero esta pugna también despierta alarmas sobre sus posibles riesgos para la seguridad internacional. Mientras Washington y Beijing defienden modelos de regulación diferentes, ninguno parece dispuesto a ceder terreno en la carrera tecnológica. ¿Qué está en juego y cuáles son los riesgos de esta competencia? Esta semana, en Así es Asia, analizamos las claves de la disputa.
China y Estados Unidos compiten cabeza a cabeza por el desarrollo de la inteligencia artificial.
En medio de grandes temores provocados por las declaraciones de varios extrabajadores de los gigantes de la IA, Anthropic y OpenAI, que aseveran que estas tecnologías eventualmente podrían atacar a la humanidad, se ha desatado un amplio debate acerca de la regulación y la velocidad de expansión de la industria.
Tras los señalamientos, de forma inusual, tres de las cabezas de las grandes empresas de IA estadounidenses, Dario Amodei (Anthropic), Sam Altman (Open AI) y Elon Musk (Grok AI) coincidieron en que es necesario ralentizar el desarrollo a cambio de una mejora significativa de los protocolos de seguridad.
En una carta titulada ‘Debemos regular el ritmo de la frontera’, Amodei admitió que existen riesgos a la hora de construir esta tecnología y pidió enfáticamente “desarrollar IA a un ritmo equilibrado que garantice su seguridad, al tiempo que se obtienen sus beneficios y se abordan importantes dilemas geopolíticos”.
“Los modelos de inteligencia artificial se están mejorando en parte por un entrenamiento cada vez mejor y gracias también a que los modelos se automejoran. Ante esa situación, existe cierto riesgo de que los modelos se desalineen de la voluntad humana, explica Mauro Decker, director de ArgentoIA y especialista en IA aplicada.
Una postura conjunta que no sentó bien al presidente estadounidense, Donald Trump, quien ha asegurado que “quien gane en la IA, gana”.
Esto en relación a la competencia que hay con las compañías de inteligencia artificial chinas por avanzar cada vez más en esta tecnología. Una lucha en la que también intervienen factores como el precio de la energía y la expansión de los centros de datos.
La presunta amenaza china
En sus declaraciones, Darío Amodei, hace un claro énfasis en el factor geopolítico del desarrollo de la IA en relación al gigante asiático.
“El ritmo de desarrollo dentro de las democracias se verá limitado por la ventaja que las empresas estadounidenses tienen sobre los regímenes autoritarios, principalmente el Partido Comunista Chino. Si reducimos la velocidad más allá de este límite, los proyectos asociados a China tomarán la delantera, creando un riesgo significativo para la seguridad nacional”, asegura el empresario.
Un temor reforzado desde la Casa Blanca, pues Trump ha señalado que Estados Unidos de ninguna manera puede dejarse rebasar por la nación asiática en términos de inteligencia artificial.
Sin embargo, en la otra orilla el Gobierno chino dice que se debe cooperar entre países con la mira en avanzar de forma confiable.
“El desarrollo de la IA no debería ser una hazaña individual de un solo país, sino más bien una sinfonía de cooperación global”, advirtió el presidente, Xi Jinping.
En búsqueda de limitar el avance de Beijing, Washington ha ordenado limitar la exportación de chips hacia el país asiático con la ambición de tomar ventaja.
“Es una carrera de ver quién avanza más rápido, me recuerda mucho a la carrera nuclear por las consecuencias que podría tener”, afirma el consultor en relaciones internacionales y DD. HH., Hernán Alberro.
Aunque para algunos expertos como Mauro Decker las limitaciones impuestas desde América del Norte, han hecho que las compañías del gigante asiático hayan encontrado soluciones creativas que les dan grandes ventajas.
“Al tener menos chips y tratar de buscar los mismos resultados, transformaron los códigos y los mejoraron, para poder tener mejor rendimiento con menos costo”, argumenta Mauro Decker.
Aunque por otra parte, las autoridades de seguridad cibernética de Beijing han afirmado que son conscientes de una expansión sin límites de la IA y han informado que están creando estrategias de prevención y nuevas leyes, para evitar usos malignos con estas tecnologías.
Un punto a tener en cuenta es que los chatbots chinos priorizan ser de código abierto a diferencia de sus rivales norteamericanos.
Un pulso a largo plazo
La rivalidad comercial entre ambos países, exacerbada desde el regreso de Trump a la jefatura de Estado, también toma relevancia, entendiendo que la IA es una ficha fundamental en el juego de poder entre ambas naciones.
“Lo que vemos acá son dos modelos totalmente de regulación. Un interés del Gobierno de Xi es regular a la inteligencia artificial para que no vulnere la seguridad ideológica; mientras que en el caso de Estados Unidos se pide una regulación más laxa, pensada en ciudad la privacidad de los ciudadanos», razona Hernán Alberro.
En medio de las tensiones, Xi Jinping tiene programa una visita de Estado a Washington el próximo 24 de septiembre.
Por lo que se espera que la regulación de la IA sea uno de los platos fuertes de las conversaciones privadas entre ambos mandatarios y sus asesores.
Actualmente, China lidera la Organización Mundial de Cooperación en Inteligencia Artificial (WAICO, por sus siglas en inglés). Una entidad que cuenta con la participación de 28 países y que busca promover un avance justo de la inteligencia artificial, pero a la que hasta el momento Estados Unidos ha decidido no pertenecer.
