Una incursión naval en plena crisis migratoria. La crisis que vivió Ceuta a finales de julio tuvo una dimensión que fue más allá de la frontera terrestre. Mientras decenas de miles de personas cruzaban a pie y a nado desde Marruecos por la zona de El Tarajal, buques militares marroquíes entraron en aguas de Ceuta, España.
La investigación del diario local ‘El País’, basada en fuentes conocedoras de los incidentes, sostiene que al menos una fragata y varias patrulleras de la Marina Real marroquí navegaron por esas aguas sin solicitar autorización. Según las fuentes citadas por el diario, no se trató de un tránsito accidental, sino de incursiones intencionadas y repetidas.
En las útimas horas, el presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, confirmó la entrada de esos buques marroquíes en aguas ceutíes.
Los movimientos navales continuaron durante los primeros días de agosto y estuvieron a punto de desembocar en un incidente de mayor gravedad: una posible colisión entre un patrullero español y otro marroquí.
La coincidencia temporal entre las entradas de migrantes y las incursiones militares añadió presión a una situación ya delicada. Sin embargo, las fuentes consultadas por ‘El País’ no confirmaron que ambos episodios respondieran a una operación coordinada ni atribuyeron de forma concluyente al Estado marroquí la organización de las llegadas.
¿Cómo respondió España a los movimientos de Marruecos?
Ante las vulneraciones del espacio marítimo, el Estado Mayor de la Defensa reforzó la presencia naval española en torno a Ceuta. El primer buque enviado fue el Rayo, un Buque de Acción Marítima con base en el arsenal de Las Palmas de Gran Canaria, que llegó al puerto ceutí el 3 de agosto para reforzar las labores de vigilancia.
Como las incursiones continuaron, España movilizó también la fragata Santa María, procedente de la base naval de Rota, en Cádiz. La embarcación comenzó a realizar patrullas de vigilancia, pero una avería obligó a sustituirla por la fragata Navarra, perteneciente, al igual que la anterior, a la 41.ª Escuadrilla de Escoltas.
El 6 de agosto, ambas fragatas atracaron durante unas horas en Ceuta para trasladar entre ellas al equipo de Infantería de Marina embarcado, según la información publicada por ‘El País’.
La respuesta española combinó así el refuerzo de la vigilancia y la disuasión militar con gestiones de alto nivel del Ministerio de Defensa ante las autoridades de Rabat. De acuerdo con las fuentes citadas por el periódico, las incursiones cesaron después de estas actuaciones.
El objetivo era evitar que las vulneraciones marítimas derivaran en un enfrentamiento directo entre las fuerzas armadas de ambos países, en un momento de especial tensión por la crisis migratoria.
El conflicto de soberanía que explica la tensión en Ceuta
La situación geográfica y política de Ceuta contribuye a explicar por qué las incursiones en sus aguas pueden convertirse en un foco de tensión bilateral. España considera que su mar territorial se extiende hasta las 12 millas náuticas desde la costa, conforme al marco jurídico marítimo aplicable. Marruecos, por su parte, no reconoce la soberanía española sobre Ceuta y Melilla ni sobre las aguas que España reivindica en torno a ambas ciudades.
Esta falta de reconocimiento genera fricciones recurrentes. Según ‘El País’, se han producido otros episodios en los que embarcaciones de la Gendarmería marroquí han entrado en aguas consideradas españolas durante persecuciones de presuntas narcolanchas. No obstante, las incursiones de buques de guerra descritas en la investigación constituyeron un episodio excepcional por su naturaleza y por el contexto en el que se produjeron.
Marruecos dispone, además, de una importante instalación naval en Ksar Sghir, situada a unos 35 kilómetros al oeste de Ceuta. En esa base operan buques de la Marina Real marroquí, entre ellos la fragata Mohammed VI, de fabricación francesa, y embarcaciones de la clase Sigma.
El desacuerdo sobre la soberanía marítima no implica que cualquier entrada de una embarcación marroquí constituya automáticamente una vulneración del derecho internacional: la calificación jurídica depende de las circunstancias concretas de la navegación y de las normas aplicables. En este caso, la información publicada por ‘El País’ describe los movimientos como incursiones no autorizadas en aguas que España considera propias.
La principal incógnita sigue siendo si las incursiones de la Marina Real marroquí estuvieron relacionadas con la llegada masiva de personas a Ceuta. La simultaneidad de ambos episodios ha alimentado las preguntas sobre el papel de Marruecos durante la crisis, pero la información disponible no permite establecer una conexión directa.
Las fuentes consultadas por ‘El País’ evitaron especular sobre una posible coordinación. El diario sí subrayó la diferencia entre las llegadas de civiles a través de la frontera y los movimientos de buques militares, que responden a cadenas de mando y decisiones institucionales.
La crisis migratoria había dejado a Ceuta en una situación de especial vulnerabilidad, tanto por la presión sobre sus servicios y recursos como por las implicaciones diplomáticas y de seguridad. Las incursiones navales abrieron un segundo frente de preocupación para las autoridades españolas, que tuvieron que responder sin provocar una escalada militar con el país vecino.
El episodio se suma a una relación bilateral en la que la cooperación fronteriza y la gestión migratoria tienen un peso estratégico. La capacidad de Marruecos para controlar las salidas hacia territorio español constituye uno de los elementos centrales de esa relación, aunque los datos publicados no permiten atribuir a las autoridades marroquíes la organización de la entrada masiva de julio.
La crisis, bajo seguimiento político y militar
La situación de Ceuta continuó bajo la atención del Gobierno español durante las semanas posteriores. Según la información publicada por ‘El País’, el rey Felipe VI presidió el 8 de septiembre una reunión en el Palacio de la Zarzuela con la ministra de Defensa, Margarita Robles, y altos mandos militares para analizar la situación de la ciudad autónoma. El encuentro reflejó la preocupación institucional por las implicaciones de la crisis y por la seguridad de las dos ciudades españolas del norte de África.
Robles, por su parte, defendió la actuación de los militares desplegados en Ceuta y aseguró que sus tareas de vigilancia y disuasión se desarrollaban dentro de la legalidad. También anunció actuaciones relacionadas con las denuncias de presuntos malos tratos a migrantes, que el Ministerio de Defensa había acordado remitir a la autoridad judicial para su examen.
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, se refirió asimismo a la relación con Marruecos tras los actos del 12 de octubre. Según recogió ‘laSexta,’ Sánchez señaló que la interlocución entre ambos países había sido fluida durante aquellos días y que no se habían repetido incidentes de la misma naturaleza.
La crisis de julio y agosto dejó, en definitiva, dos cuestiones diferenciadas: la dimensión migratoria, marcada por la llegada extraordinaria de personas a Ceuta, y la dimensión militar, derivada de las incursiones navales que denuncia la investigación periodística. Aunque ambas coincidieron en el tiempo, la información publicada hasta ahora no demuestra que formaran parte de una misma operación.
La distinción resulta esencial para entender el alcance de lo ocurrido: las entradas de los buques marroquíes elevaron la tensión bilateral y obligaron a España a reforzar su presencia naval, pero cualquier conclusión sobre las intenciones de Rabat o una eventual coordinación con la crisis migratoria requiere pruebas adicionales.
Con medios locales
