Israel planta cara al acuerdo EE. UU. – Irán con un ataque mortal en Líbano y la negativa a retirarse


Cuando inició sus ataques con Estados Unidos contra Irán el 28 de febrero pasado, Israel se había trazado los objetivos de destruir el programa nuclear iraní, aniquilar sus capacidades balísticas y, en última instancia, causar la caída del régimen iraní.

Si bien la realidad (que refutó rápidamente las metas exageradas, sostenidas más en el deseo que en elementos fácticos) obligó a ir moderando las expectativas, pocos en Israel esperaban que tres meses y medio de guerra concluirían con un acuerdo entre Washington y Teherán que, en esencia, envalentona al régimen de los ayatolás e ignora los intereses israelíes.

Preocupación y frustración eran este lunes 15 de junio los principales sentimientos de muchos israelíes. En Tel Aviv, Guy Bar Natan lo describió a Reuters como «una traición» que solo contempla «los intereses estadounidenses». Otros, como Yael Alon, pronosticaban que «durará, quizás, solo los dos años de mandato que le quedan a Donald Trump y luego volveremos a lo mismo».

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Imagen de portada: © France 24

En las comunidades del norte israelí –cuyos ciudadanos están más expuestos a los lanzamientos de Hezbolá y son más proclives a continuar, sin contemplaciones, los mortíferos bombardeos y la invasión en Líbano–, las sensaciones eran aún más crudas. «Es un horror, un horror, un horror, ya hemos tenido suficiente. Estamos viviendo en el infierno», subrayó Anetta, habitante de Kiryat Shmona, la principal ciudad en el extremo norte israelí.

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Israel promete seguir «indefinidamente» en los territorios que ocupa y se desliga del acuerdo

En el reparto de reproches, buena parte de la opinión pública israelí sopesa que Trump les dio la espalda, pero, sobre todo, cuestionan a su primer ministro, Benjamin Netanyahu, por considerar que quedó subyugado a los deseos del mandatario estadounidense.

No es que no haya intentado torpedear el acuerdo con sus recientes ataques sobre Beirut, a sabiendas de que era una ‘línea roja’ para Irán. El bombardeo del domingo 7 de junio causó un intercambio limitado de ataques con Teherán y Trump intervino para frenar más ataques israelíes; y el de este domingo 14 concluyó con una reprimenda del presidente estadounidense, quien brindó garantías a Irán para evitar otra escalada y sellar el memorando de entendimiento.

En este escenario, la oposición israelí, en plena carrera electoral rumbo a los comicios que deberían celebrarse en septiembre u octubre próximo, cargó contra Netanyahu. Naftali Bennett, que lidera una alianza con posibilidades de desbancar al primer ministro, lo culpó de un liderazgo fallido que es «incapaz de alcanzar una victoria decisiva».

Y Yair Lapid, otro de los cabecillas opositores, aseveró que en lugar de la prometida «victoria total», Netanyahu consiguió una «derrota total», a la vez que cuestionó que «un presidente estadounidense le ha dicho abierta y públicamente al primer ministro de Israel: ‘Soy tu jefe y harás lo que te diga'».

Frente a las críticas, Netanyahu intentó mostrar una posición firme y aseguró, en su primera aparición pública desde que se conoció el acuerdo, que «con o sin él, Irán no tendrá armas nucleares» y ratificó que Israel permanecerá «el tiempo que sea necesario» en los territorios que ocupa en Gaza, el sur de Líbano y Siria.

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Previamente, el ministro de Defensa, Israel Katz, había señalado lo mismo, que las tropas israelíes seguirán «indefinidamente» en esas áreas invadidas de la región, que califica como «zonas de seguridad». Allí, afirmó, mantendrán el desplazamiento forzado de sus residentes y «toda infraestructura terrorista», incluyendo viviendas, «serán destruidas».

Del mismo modo, sostuvo: «Si Irán ataca Israel por lo que ocurra en Líbano, vamos a golpearlo con toda la fuerza».

Pero los cuestionamientos también se dan dentro de las filas de la coalición de Netanyahu, en concreto de su ala más radical. El ministro de Finanzas, el colono extremista Bezalel Smotrich, catalogó el acuerdo de «malo para Israel y para todo el mundo libre», mientras que el de Seguridad, Itamar Ben-Gvir, advirtió: el pacto «de Trump no nos vincula».

«Israel no está subordinado a Estados Unidos. Somos un país independiente y soberano (…) No somos socios de este acuerdo, que no garantiza nuestra seguridad», subrayó.

Aunque en Líbano ha reinado por primera vez en meses una relativa calma tras varios alto el fuego puramente nominales, un ataque con dron israelí mató a una persona en un automóvil que circulaba cerca de la ciudad sureña de Kfar Tebnit, la primera víctima desde el anuncio del acuerdo y una primera muestra de los obstáculos que Israel puede plantear al cumplimiento de un pacto firmado entre dos partes que se miran con desconfianza.

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Líbano urge a la cautela, mientras Hezbolá e Irán se vanaglorian del alto el fuego

En Líbano, el acuerdo fue recibido con cautela. Aunque fuentes de seguridad locales y extranjeras consultadas por Reuters indicaron que Israel redujo significativamente sus ataques, sí se reportaron algunos disparos de artillería en ciudades del sur de Líbano y se escuchó a un dron sobrevolar Beirut.

Un funcionario de Hezbolá le dijo inicialmente a esa misma agencia de noticias que el partido-milicia chiita no había realizado ninguna operación desde el anuncio del pacto y aclaró que la adherencia de la organización a la tregua dependerá del cumplimiento por parte de Israel, algo que también monitoreará Irán antes de formalizar el acuerdo a finales de esta semana.

Por la noche, Hezbolá anunció haber disparado cohetes y drones contra fuerzas israelíes que intentaban avanzar sobre territorios del sur libanés.

Asimismo, los gobiernos locales de la zona septentrional de Líbano llamaron a sus residentes a no regresar de momento a sus hogares, a sabiendas de la fragilidad del cese de hostilidades.

Desplazada en el distrito de Hamra, en Beirut, Mona Mazeh afirmó a Reuters que no tiene pensado volver de inmediato a su pueblo, cerca de la ciudad sureña de Tiro. «Francamente, tenemos dudas; no se puede confiar en Israel», subrayó.

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En este contexto, el acuerdo también desnuda las diferencias internas en Líbano. El presidente libanés Joseph Aoun –que ha cuestionado la injerencia iraní a través de su aliado Hezbolá y ha acusado a Teherán de usar a Líbano como moneda de cambio en las negociaciones– emitió un comunicado cuidadosamente redactado en el que agradeció, sin mencionar directamente a Irán o Israel, «a todos los países y entidades que contribuyeron» al memorando de entendimiento.

A la vez, valoró que el texto tenga en consideración «la estabilidad y seguridad del Líbano» como «parte integral de cualquier esfuerzo serio para consolidar la estabilidad en la región».

Ya por la noche, Aoun mostró un acercamiento con Irán al mantener un diálogo telefónico con el canciller iraní Abbas Araqchi, a quien le expresó «su esperanza» de que el pacto «constituya un paso positivo hacia la reducción de las tensiones y la apertura de espacios para soluciones diplomáticas».

Precisamente, el primer ministro Nawaf Salam enfatizó que el objetivo de Beirut ahora es conseguir la «retirada completa» del Ejército israelí –que, según funcionarios estadounidenses, no es un elemento contemplado en el acuerdo de cese al fuego– mediante los diálogos directos con Israel en Washington, un proceso rechazado por Hezbolá.

«Redoblaremos nuestros esfuerzos a través de las negociaciones en curso en Washington para lograr la retirada completa de Israel de nuestro territorio», afirmó el primer ministro Nawaf Salam al inicio de la sesión del Consejo de Ministros libanés.

Por su parte, en una declaración difundida en Telegram, Hezbolá calificó de «gran logro» el acuerdo alcanzado entre Estados Unidos e Irán y agradeció a Teherán su insistencia en incluir a Líbano como parte de cualquier negociación para poner fin a la guerra regional.

Del mismo modo, el grupo chiita aclaró que este memorando es solo un primer paso hacia la «liberación total» del territorio libanés y reclamó que «todas las fuerzas políticas libanesas retomen una posición nacional unificada» para que Líbano preserve «su soberanía, fortaleza y resiliencia frente a las ambiciones israelíes».

Así como Israel promete permanecer por tiempo indefinido en el sur de Líbano, Mahmoud Qamati, un alto funcionario del ala política de Hezbolá, defendió que el derecho del grupo «a defenderse» seguirá «mientras continúe la agresión y la ocupación» israelí.

A la vez, rechazó que el retiro de tropas israelíes se vincule a «asuntos domésticos libaneses», en particular el desarme de Hezbolá, como exige Israel para cualquier arreglo con Líbano. No obstante, afirmó que el grupo está abierto a «cooperar al máximo» con el despliegue del Ejército libanés «en las zonas de las que se retire la ocupación».

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Con Reuters y EFE

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