Depresión circadiana: Identifican un subtipo de depresión ligado al reloj biológico y resistente a los medicamentos comunes


Aumentar la vigilancia de las horas de sueño y vigilia en pacientes con depresión grave podría ser clave para desarrollar terapias personalizadas contra esta afección. Una nueva investigación realizada por científicos de la Universidad de Sídney plantea que algunos casos de depresión clínica están relacionados con alteraciones del reloj biológico que podrían aumentar ciertos síntomas y generar resistencia a los medicamentos habituales.

El estudio buscó identificar los mecanismos biológicos que explican las diferencias sintomáticas observadas en pacientes con depresión clínica. Aunque el trastorno presenta características generales, la literatura científica ha documentado variaciones entre pacientes. Según los autores de la nueva investigación, comprender los procesos que intervienen en esas diferencias podría conducir a tratamientos más efectivos.


una persona que utiliza un casco Flow para tratar la depresión

El dispositivo fabricado por Flow Neuroscience cuenta con la autorización de la FDA en EE UU y podría ayudar a las personas a dejar de tomar antidepresivos, pero cuesta 2,200 dólares.


Con esta premisa, el trabajo se centró en determinar si los ritmos circadianos podrían influir en el fenómeno. El término alude al reloj biológico que regula funciones como el sueño, la vigilia, la temperatura corporal, la liberación de hormonas y los cambios en el estado de alerta. Estos ciclos duran unas 24 horas y se sincronizan con señales del entorno, especialmente la luz.

La investigación encontró que, en algunas personas, los ritmos circadianos no coinciden adecuadamente con sus actividades cotidianas o presentan alteraciones que podrían estar relacionadas con un posible nuevo subtipo de depresión, denominado depresión circadiana.

¿Qué es la depresión circadiana?

Los resultados no permiten demostrar si la depresión provoca directamente las alteraciones del reloj biológico, si los ritmos circadianos cambian como consecuencia del trastorno o si ambos fenómenos están correlacionados. Sin embargo, los investigadores proponen un perfil clínico que podría ayudar a comprender uno de cada cuatro casos de trastorno depresivo mayor.

El subtipo sugerido contempla seis criterios: horarios de sueño retrasados; preferencia por la actividad nocturna; diferencias entre el descanso de los días laborables y los días libres; dormir más durante los episodios depresivos y sentir cansancio al despertar; además de cambios estacionales en la duración del sueño, la actividad social, el estado de ánimo, el peso, el apetito o el nivel de energía.

De acuerdo con el estudio publicado en el British Journal of Psychiatry, para considerar que una persona presenta depresión circadiana debe cumplir al menos tres de los rasgos anteriores. La identificación de este patrón no constituye un diagnóstico independiente ni implica que todas las personas con estos rasgos respondan igual a una intervención terapéutica específica.

Tras analizar los datos clínicos y genéticos de 11,380 adultos australianos con depresión grave, los científicos de la Universidad de Sídney determinaron que cerca del 23% cumplía con ese perfil. De este grupo, el 80% eran mujeres y la edad promedio era de 37.8 años.

La combinación de características más frecuente entre los pacientes identificados con el posible subtipo circadiano incluyó la preferencia por la actividad nocturna, el cansancio matutino y una mayor frecuencia de sueño durante los episodios depresivos intensos.

El análisis también mostró que, entre las personas cuyos patrones coincidían con la depresión circadiana, el trastorno había comenzado a los 18.7 años en promedio. El resto de los participantes tenía una edad promedio de inicio de 23.2 años.

Quienes fueron identificados con el subtipo propuesto también presentaban mayores probabilidades de aumentar de peso durante episodios depresivos intensos y de experimentar síntomas más graves, como alucinaciones y pensamientos suicidas.

Por otra parte, la evaluación de las características genéticas sugirió que los pacientes con signos de depresión circadiana podrían tener un mayor riesgo de presentar trastorno por déficit de atención con hiperactividad (TDAH), depresión mayor, ansiedad, trastorno bipolar, inflamación y resistencia a la insulina.

Los investigadores también evaluaron la respuesta de este grupo a tratamientos habituales contra la depresión, incluidos los inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina (ISRS). A partir del análisis de reportes autoinformados, los autores determinaron que los integrantes de este subgrupo parecían mostrar mayor resistencia a esas terapias y, además, experimentar efectos secundarios más intensos. No obstante, reconocieron que estas conclusiones podrían estar sujetas a sesgos, ya que no proceden de un ensayo clínico, sino de información compartida por los propios pacientes.

La diversidad de la depresión grave

“Nuestra investigación ha identificado la depresión circadiana como un nuevo subtipo, que afecta a alrededor de una cuarta parte de las personas incluidas en nuestro estudio sobre depresión grave, recurrente o persistente”, señaló Emiliana Tonini, investigadora del Centro del Cerebro y la Mente de la Universidad de Sídney.

La también primera autora del estudio reiteró que los hallazgos aportan nuevas evidencias sobre la heterogeneidad de la depresión, es decir, sobre el hecho de que no se manifiesta de la misma manera en todas las personas. A su juicio, este conocimiento podría facilitar el desarrollo de terapias más personalizadas y favorecer el acceso temprano a los tratamientos.

Tonini y sus colegas sugieren que las personas con depresión circadiana podrían recibir un tratamiento más eficaz mediante técnicas dirigidas a regular el reloj biológico, como las basadas en la melatonina o la exposición a la luz. Aún hacen falta estudios para comprobar esta hipótesis.

Los autores reconocen varias limitaciones en su trabajo. Entre ellas figuran la participación de individuos con ascendencia predominantemente europea, el uso de reportes autoinformados sobre la eficacia y los efectos de determinados tratamientos, así como la posibilidad de que la depresión grave preexistente hubiera provocado o agravado algunas de las alteraciones del sueño observadas.

No obstante, los investigadores concluyen que “a pesar de estas limitaciones, este estudio refuerza la evidencia que respalda la existencia de un subtipo circadiano de depresión como un fenotipo biológicamente válido y clínicamente útil, asociado a una respuesta diferencial al tratamiento, características del curso clínico y un perfil genético distinto”.

Previous El ayuno intermitente sí te hace bajar más de peso, pero podrías estar sobreestimando lo que hace por tu salud
Next Punta Cana reunirá a empresarios de más de 30 países en ALIM 2026