Un ensayo clínico reforzó la evidencia sobre el principal poder del ayuno intermitente: combinarlo con jornadas de ejercicio favorece e impulsa la pérdida de peso y grasa corporal. Sin embargo, el estudio no pudo confirmar que esos beneficios se extendieran a otros aspectos importantes de la salud, como la acumulación de grasa en los órganos internos.
Una parte importante de los problemas asociados con la obesidad está relacionada con la grasa que se acumula dentro y alrededor de los órganos. El hígado es especialmente vulnerable. El exceso de grasa en sus células puede provocar una enfermedad conocida como hígado graso cuya presencia se asocia con disfunción metabólica (MASLD, por sus siglas en inglés). En algunos pacientes, ello podría evolucionar hacia inflamación, fibrosis, cirrosis e incluso cáncer. También está relacionada con un mayor riesgo de diabetes tipo 2 y enfermedades cardiovasculares.
Los médicos llevan años buscando estrategias eficaces para reducir la grasa que se acumula en los órganos, especialmente en el hígado. Aunque perder peso y modificar la alimentación pueden ayudar, todavía existen dudas sobre qué combinación de hábitos ofrece mejores resultados. Por eso, investigadores de la Universidad de Granada, en España, decidieron comprobar si el ayuno intermitente podía potenciar los efectos del ejercicio sobre la grasa hepática. Para ello reunieron a 187 adultos con obesidad, de los cuales casi el 75% ya presentaba hígado graso.
En el ensayo clínico, publicado en Nature Communications, los participantes fueron divididos en cuatro grupos que siguieron diferentes combinaciones de recomendaciones alimentarias, ayuno intermitente y ejercicio durante 12 semanas. Tanto quienes practicaron ayuno intermitente como quienes lo combinaron con ejercicio perdieron alrededor de dos kilos más que los participantes que solo recibieron recomendaciones generales o realizaron ejercicio sin modificar sus horarios de alimentación. Sin embargo, las resonancias magnéticas revelaron que la cantidad de grasa acumulada en el hígado no presentó diferencias estadísticamente significativas entre los cuatro grupos.
Un año después de finalizar el programa, las ventajas observadas en el peso y la composición corporal tampoco eran estadísticamente detectables. Durante ese periodo, los participantes habían dejado de recibir supervisión y podían regresar a sus hábitos habituales.
En este paper, el ayuno intermitente volvió a mostrar su utilidad como estrategia para perder peso, pero sus efectos sobre otros indicadores importantes de la salud no parecieron tan claros. La mayor pérdida de peso no se tradujo en una reducción significativamente superior de la grasa hepática. La diferencia es clave para quienes buscan priorizar la salud metabólica y no reducir los números que aparecen en la báscula.
Por supuesto, perder el exceso de peso sigue siendo una recomendación médica importante. El ayuno intermitente es una estrategia ampliamente estudiada que ha mostrado beneficios para reducir la grasa corporal y, en determinadas condiciones, mejorar indicadores como la glucosa en sangre y la presión arterial. Sin embargo, las guías clínicas internacionales sobre enfermedades hepáticas y metabólicas reconocen que incluso las personas con un peso normal pueden acumular grasa en el hígado y presentar alteraciones metabólicas.

