Los polos siguen mostrando señales del cambio climático. En 2026, la extensión del hielo marino del Ártico alcanzó uno de sus diez mínimos más bajos desde que comenzaron las mediciones por satélite. Por su parte, un análisis internacional de IMBIE calcula que la pérdida de hielo de Groenlandia y la Antártida elevó el nivel medio global del mar en unos 3,1 centímetros entre 1979 y 2023. ¿Qué revelan estos datos sobre la evolución del deshielo y sus consecuencias para las zonas costeras?
El deshielo de los polos es un termómetro incuestionable del cambio climático. Agosto y septiembre son meses clave para medir su impacto: el Ártico alcanza su mínimo anual de hielo marino a causa del verano boreal, mientras la Antártida llega a su máximo de congelamiento durante el pleno invierno.
Durante esa temporada, ambos polos volvieron a encender las alarmas. En septiembre de 2026, el Ártico tuvo 4,6 millones de kilómetros cuadrados de hielo, lo que representa la décima medida más baja desde que existen registros satelitales. Un puesto que comparte con los años 2008, 2010 y 2025, según los datos de la NASA. Además, los últimos 20 años han marcado las extensiones mínimas anuales de hielo marino más bajas que se han observado en el Ártico desde 1978.
La particularidad del Ártico es que se calienta casi seis veces más rápido que la media mundial desde 1980, según señaló el programa europeo de observación de la Tierra Copernicus en su más reciente reporte sobre el estado de los océanos. Esto es un factor determinante para que el hielo marino haya disminuido a un ritmo cercano al 10% por década y, a su vez, esta pérdida récord abre nuevas rutas comerciales en el Mar del Norte y el Paso del Noroeste. Aunque es un atractivo geopolítico para Rusia, Islandia o Noruega; representa un severo riesgo ecológico.
“Estos cambios están transformando el Ártico de una región relativamente aislada a un espacio de gobernanza conectado a escala mundial, donde es necesario equilibrar la conservación, el desarrollo económico, los derechos de los pueblos indígenas y locales, el derecho marítimo y los intereses geopolíticos”, señala el reporte de Copernicus.
Dicho riesgo no es solo para el ecosistema. El derretimiento del Ártico está creando icebergs que son un peligro para los buques al estilo del Titanic. Y no es solo una anécdota. Luego de que el crucero se hundió en 1912, crearon la Patrulla Internacional de Hielos para vigilar la actividad de los icebergs.
Pero su mandato se limitó a Grandes Bancos de Terranova, ubicados al sureste de Canadá. Ahora, con las nuevas rutas de comercio piden que la patrulla pueda inspeccionar zonas más extensas y el hielo marino, como lo señala el Centro Nacional de Datos de Nieve y Hielo (NSIDC, por sus siglas en inglés), un centro de investigación de Estados Unidos.
La Antártida tuvo su tercer mayor deshielo durante la temporada invernal
En el extremo opuesto del planeta, el hemisferio sur tampoco da tregua. La Antártida alcanzó 17,5 millones de kilómetros cuadrados de hielo el 14 de septiembre, lo que lo convierte en el tercer máximo invernal más bajo jamás registrado, según la NASA.
A diferencia del Ártico, un océano rodeado de continentes, la Antártida es un continente rodeado de océano, lo que la hace reaccionar al viento y las corrientes de una manera menos predecible. Sin embargo, la tendencia científica es clara: la cobertura helada invernal es cada año más reducida.
“Ese tipo de cosas ocurren constantemente. Pero la magnitud del fenómeno es, sin duda, inusual”, señaló en un comunicado Walt Meier, científico investigador senior del NSIDC.
¿Y cuál es el motor principal de este fenómeno?: el constante calentamiento de los océanos, alimentado por la crisis climática global. “Más de cuatro quintas partes del hielo perdido fueron vertidas al océano por glaciares que se desplazaban más rápidamente, en lugar de derretirse en la superficie; esto nos indica que la tendencia a largo plazo está impulsada por la respuesta dinámica de las capas de hielo ante el calentamiento del océano”, señaló Inès Otosaka, glacióloga y autora principal de estudio del Imbie.
El Imbie es una colaboración de científicos internacionales dedicados a estudiar los glaciares y, en su reporte más reciente, analizaron los reportes históricos sobre la Antártida y la capa de hielo de Groenlandia producidos por 27 misiones satelitales de todo el mundo, incluida la NASA y la Agencia Espacial Europea.
Así determinaron que desde 1972 a la fecha, el deshielo de la capa de Groenlandia aportó 1,81 cm de lo que aumentó el nivel del mar. Mientras que el derretimiento de la Antártida sumó 1,33 cm desde 1979. Ambos representan una cuarta parte del aumento del nivel del mar en todo el planeta.
Todo esto demuestra que el derretimiento de los polos no solo se reduce a que se pierde hielo, sino que las consecuencias van más allá: desde nuevas rutas marítimas que amenazan los ecosistemas hasta el aumento del nivel del mar.
