
El ejército de los EE UU parece estar logrando lo que quería. Instalaron un arma láser real en un 747 para derribar misiles balísticos y colocaron un láser en la parte superior de un Humvee para neutralizar las bombas colocadas en las carreteras. Durante más de 50 años, el ejército de Estados Unidos y sus investigadores han intentado desarrollar armas láser. Ninguna de ellas dio resultado.
Pero ahora, el ejército de EE UU está a punto de incorporar oficialmente a su arsenal un arma láser operativa. El Pentágono está a punto de firmar un contrato para adquirir y desplegar rápidamente lo que se denomina un “láser de alta energía de uso prolongado” (Enduring High Energy Laser) en bases de todo el mundo y sus alrededores para defenderlas de ataques con drones, según fuentes familiarizadas con el asunto. El anuncio oficial podría producirse esta misma semana. Cuando se firme el acuerdo, será la primera vez que el ejército estadounidense se haya comprometido a equipar a sus fuerzas con armas láser en cantidades significativas.
“Durante años, se decía que los láseres iban a ser el futuro, pero nunca llegaron a cuajar del todo. Ahora, por fin están cuajando”, explica Mark J. Lewis, antiguo científico jefe de la Fuerza Aérea, a WIRED.
Láseres vs. drones
Las guerras de Irán y Ucrania han demostrado que los drones son ahora tan baratos, tan abundantes y tan letales que resulta imposible detenerlos con una sola contramedida. Algunas de las contramedidas tradicionales han resultado especialmente torpes. Durante los primeros días del conflicto con Irán, EE UU llegó incluso a lanzar misiles Patriot de 4 millones de dólares contra drones iraníes de 35,000 dólares: un derroche de dinero y una medida que agotó las reservas de interceptores estadounidenses.
Los láseres modernos, por el contrario, nunca se quedan sin munición. “Básicamente, puedes seguir disparándolos mientras tengas energía”, explica Lewis. “Hay otras cuestiones relacionadas con los láseres, como la rapidez con la que se puede volver a disparar y recargar. Pero si se resuelven esos problemas, de repente se dispone de una forma bastante ingeniosa de contrarrestar amenazas como un ataque de enjambre de drones”.
Esa es una de las razones por las que el ejército estadounidense, en este momento, ha desplegado o está probando activamente media docena de sistemas de armas láser, según el boletín “Laser Wars”. La Armada ha instalado “deslumbradores” láser en dos de sus buques para cegar los sensores electroópticos de los drones. El Mando de la Fuerza Aérea para Europa y África ha enviado el Sistema Compacto de Armas Láser de Boeing “a distintos puntos del teatro de operaciones”. A finales de junio, el secretario de Defensa, Pete Hegseth, viajó al campo de pruebas del ejército en White Sands, Nuevo México, para asistir a una demostración de todo tipo de proyectos de armas de energía dirigida.
No todos los despliegues han salido bien
Cuatro vehículos equipados con láseres de defensa aérea de Raytheon fueron retirados de Oriente Medio tras las malas valoraciones de los soldados. Un láser, fabricado por la contratista de defensa AeroVironment y situado a lo largo de la frontera sur de EE UU, disparó accidentalmente contra un globo de fiesta en febrero, lo que provocó que la Administración Federal de Aviación cerrara brevemente el espacio aéreo alrededor de El Paso, Texas. Una vez reabierto, el láser derribó por error un dron de la Patrulla Fronteriza.
A pesar de estos contratiempos, el ejército parece dispuesto a ir más allá de las pruebas puntuales y los experimentos. De hecho, en cierto modo, ese derribo accidental ayudó a reforzar los argumentos a favor del láser, al demostrar que realmente podía derribar un dron de ese tipo.
El Pentágono y sus proveedores se habían apresurado a poner en marcha cualquier cosa, lo que fuera, para defenderse de los drones de ataque fabricados en serie y de bajo costo. Han desplegado inhibidores de radiofrecuencia, armas de microondas, una variedad de misiles, drones diseñados para derribar a otros drones e incluso réplicas de los robots iraníes. Ninguno de ellos, por sí solo, ha sido suficiente. El 1 de marzo, un dron iraní mató a seis militares estadounidenses e hirió a otros 30.
