Es la primera vez, desde febrero de 2025, que vemos a Hussam Abu Safiya, destacado pediatra palestino y hoy también símbolo tras dirigir el hospital Kamal Adwan del norte de Gaza hasta su último suspiro.
En concreto, hasta diciembre de 2024, cuando 80 días de asedio israelí dañaron tanto el edificio que lo dejaron inoperativo. Fue entonces, dentro del hospital –el último que funcionó en el área gracias a unos sanitarios que rechazaron abandonar a sus pacientes–, que los soldados secuestraron a este doctor, para luego encarcelarlo sin cargos formales y bajo acusaciones que solo conoce el aparato de seguridad israelí.
Es tal el secretismo que la vista en el Tribunal Supremo de Jerusalén, sobre la prórroga de su arresto, pretendía pasar de puntillas un miércoles a la hora de la siesta y lejos de los reclamos internacionales para su liberación.
Sobre todo después de que la semana pasada lo trasladaran, sin ninguna explicación, a la cárcel de Nafha (sur, desierto del Néguev) en régimen de confinamiento solitario, en una celda de un metro por un metro.
Así, todo transcurrió a puerta cerrada y los tres periodistas y dos camarógrafos presentes tuvimos que esperar un par de horas para la única declaración posible, la de su abogado Nasser Abu Odeh. No obstante, los funcionarios del Supremo, aunque reticentes, accedieron a dejarnos entrar y filmar en la sala justo hasta la llegada de la jueza.
El error de cálculo fue la aparición en pantalla, por videoconexión, del doctor Abu Safiya: esposado de pies y manos, exhausto y con muchísimos menos kilos. También, con algunos hematomas y sarna infectada en la piel, de acuerdo con el análisis posterior de la oenegé Euro-Med Human Rights Monitor, que critica su corte de pelo y su ropa como una puesta en escena.
Los guardias reaccionaron tarde, pero al cabo de un minuto taparon su imagen y exigieron sacarla y sacarnos de la sala.
«Estas afecciones son por negligencia médica»
Ya en mayo, a raíz de la visita de uno de sus abogados, Physicians for Human Rights (una organización israelí de médicos) había alzado la voz de alarma sobre sus problemas de salud sin tratar y sus duras condiciones de detención –en la línea de lo que sufren miles de prisioneros palestinos en las cárceles israelíes.
Desde negarle adecuada alimentación y cambiarse de ropa hasta aliviarle una herida por metralla en la pierna izquierda, de cuando fue capturado durante la invasión de Gaza.
«Necesita atención debido a enfermedades crónicas. No ha recibido medicamentos y aún sufre fuertes dolores de espalda y cuello por una agresión sufrida hace dos meses, por la que tampoco recibió tratamiento», explica, tras la vista, el abogado de Abu Safiya, quien suma problemas de visión porque «no ha recibido gafas hasta el momento. Estas afecciones –denuncia– son por negligencia médica».
A pesar de nuestros intentos de acudir a los tribunales israelíes para obligar a la administración penitenciaria a proporcionar tratamiento a los presos, parece que los descuidan deliberadamente –Nasser Abu Odeh.
El caso del doctor gazatí, de 53 años, es, además, particular.
Está sometido a una ley para ‘combatientes ilegales’ –junto a casi 380 trabajadores sanitarios– que aplica solo a Gaza y niega a los prisioneros palestinos sus derechos de los Convenios de Ginebra.
La defensa ha hecho hincapié en estos tratados internacionales que, específicamente, protegen a médicos y a personal sanitario en contextos de guerra para que puedan seguir atendiendo.
Es por esta ley que Nasser Abu Odeh tiene prohibido compartir gran parte de la información de la sesión e impide que hasta él, como letrado, conozca las acusaciones de su cliente: «Supone un perjuicio adicional».
«El expediente se basa en materiales confidenciales que, según afirman, poseen los servicios de inteligencia, con la presencia del Fiscal General y de las Fuerzas Armadas. El Tribunal es el único autorizado para verlos; por lo tanto, los materiales (para el abogado defensor) son muy pocos, al igual que las reclamaciones», lamenta.
«Sentí conmoción y una profunda tristeza»
La imagen de Hussam Abu Safiya ha corrido como la pólvora.
Pasó lo mismo con su última foto en libertad en Gaza. Caminaba solo y vestía la bata blanca que no quiso lavar desde octubre de 2024, tras el asesinato de su hijo Ibrahim a manos de un dron israelí que le disparó en la entrada del hospital.
Mismo escenario en febrero de 2025, cuando el Canal 13 israelí lo exhibió y lo entrevistó maniatado dentro de la prisión. Pese a que Abu Safiya explicó su ayuda a los pacientes durante la invasión y condenó el ataque de Hamás, de octubre de 2023, la cadena intentó sugerir que tenía información sobre los rehenes.
Por eso, tras 16 meses de ceguera y más de 530 días de incomunicación, para su otro hijo Ilyas verlo así de frágil y demacrado ha sido «sumamente doloroso», un momento de «conmoción y profunda tristeza».
«No solo vi una foto –comparte por teléfono–. Vi las marcas del encarcelamiento, del aislamiento y el abandono en su rostro y su cuerpo. Es difícil ver a tu padre, que dedicó su vida a salvar niños y enfermos, ser tratado con tanta crueldad. Pero también sentí orgullo porque sus rasgos muestran que aún conserva su determinación, su dignidad (…) que se aferra a sus principios, incluso en las circunstancias más oscuras».
Ilyas, de 28 años, también es médico. Parte de la familia Abu Safiya ha tenido que huir de Gaza y siente tanto la impotencia como la responsabilidad «de llevar su voz al mundo y defenderlo».
Sobre todo ahora que saben que se encuentra en aislamiento desde al menos el 4 de junio, que es todo lo que pudo investigar Physicians.
Según Naciones Unidas, esta es una de las formas más severas de arresto y si supera los 14 días puede llegar a clasificarse como tortura. De hecho, su abogado Nasser Abu Odeh cree que es un «castigo» por presentar al Supremo esta apelación para pedir su salida y disuadir así de acudir, en un futuro, a los tribunales.
Para la acusación, forma parte «de una medida de seguridad adoptada por las agencias de inteligencia», y en general, porque «(el doctor) supone una amenaza para la seguridad de Israel».
«Cada mañana, nos despertamos con las mismas preguntas: ¿cómo pasó la noche? ¿Comió? ¿Recibió tratamiento? ¿Podrá soportar el confinamiento? ¿Cuánto tiempo más podrá resistir? Nuestro único deseo es ver a mi padre libre y de regreso con su familia y sus pacientes, quienes siempre han visto en él una fuente de vida y esperanza», expresa su hijo.
«Mi arresto es injusto y pido mi liberación inmediata»
El Supremo no ha decidido aún si extiende su encarcelamiento o lo deja en libertad, como claman expertos de la ONU, la Organización Mundial de la Salud o Amnistía Internacional. Solo ha pedido a la parte acusadora que le actualice «pronto» sobre su estado médico.
Mientras la defensa insiste en que la detención de Hussam Abu Safiya «es ilegal, brutal y violenta», una forma de «destruir el sistema de salud palestino», sabemos por Nasser que el exjefe del Kamal Adwan pudo hablar al final de la sesión.
Según sus palabras, se reafirmó como doctor y dijo: «Cumplí con mi labor de acuerdo con el derecho internacional y al estándar humanitario. Mi arresto es injusto y pido a la Corte mi inmediata liberación».
Es algo que, no sin forcejeo previo, pudieron oír también Ahmed Tibi y Samir Bin Said, los únicos parlamentarios palestino-israelíes de la Knéset que acudieron en «solidaridad» para denunciar su deterioro físico y psicológico. «No oí nada en la sala que pueda justificar su detención y no queremos que Hussam muera en custodia«, señala Tibi.
Así es como actúa la ocupación israelí. Puede arrestar a personas sin ningún cargo, sin ninguna explicación. Y, por lo general, el Supremo apoya a la ocupación, no a los palestinos –Ahmed Tibi.
Afuera, un diminuto grupo de activistas israelíes se plantó con pancartas improvisadas. Entre ellos, el célebre director de orquesta Ilan Volkov, cuyo discurso sobre «las atrocidades» israelíes en Gaza dio la vuelta al mundo en 2025.
«Esto no es solo por Abu Safiya –afirma con contundencia frente a la prensa–. Ahora mismo hay más de 10.000 palestinos encarcelados, 4.000 en detención administrativa (sin cargos ni juicio). Nadie sabe por qué y su situación empeora cada día. (…) Cada día perdemos tiempo, la gente está perdiendo la vida [se refiere a Gaza, a Cisjordania, Líbano]. Creo en que debemos hacer todo lo posible para denunciarlo y denunciar que esto no es un conflicto. No es lo que está sucediendo. El mundo debe despertar».
