Estas condiciones favorecen la generación de terremotos de desgarre, que ocurren cuando dos bloques de la corteza terrestre se desplazan horizontalmente a lo largo de una falla y liberan de manera repentina la tensión acumulada durante largos periodos.
Este tipo de movimientos suele provocar daños significativos debido a que se origina a profundidades relativamente reducidas. A diferencia de los terremotos de subducción, que ocurren cuando una placa tectónica se introduce por debajo de otra, los sismos de desgarre tienden a desarrollarse más cerca de la superficie terrestre.
Como consecuencia, la energía liberada recorre una distancia menor antes de alcanzar zonas pobladas, lo que incrementa la intensidad de las sacudidas percibidas y eleva el riesgo de afectaciones en las ciudades cercanas al epicentro.
El especialista de la Universidad de Durham advirtió que, debido a estas circunstancias, “existe riesgo de que se produzcan más terremotos (réplicas) en la región de Caracas. La capital venezolana se encuentra en una zona propensa a la actividad sísmica y es posible que las fallas locales hayan quedado sometidas a tensiones adicionales tras los eventos recientes”.
Esta previsión coincide con las estimaciones del USGS. El organismo recordó que, tras terremotos de tal magnitud, “lo esperable es que la sismicidad continúe durante los próximos días, semanas e incluso meses, pudiendo prolongarse hasta un año. No obstante, lo habitual es que la frecuencia de los movimientos disminuya gradualmente con el tiempo, aunque no se pueden descartar réplicas de magnitud considerable”.
La información oficial indica que, hasta el momento, los dos terremotos registrados en Venezuela han provocado la muerte de al menos 164 personas y dejado cerca de 1,000 heridos. Sin embargo, el USGS estima que la cifra final de víctimas mortales podría situarse entre 10,000 y 100,000 debido a diversos factores relacionados con la intensidad del movimiento y la vulnerabilidad de las zonas afectadas.
“Aparte de las magnitudes, es necesario contar con información sobre las intensidades registradas, las ecuaciones de predicción del movimiento del suelo y la forma en que las ondas sísmicas se propagan según la geología local. También influyen la densidad de población, la vulnerabilidad de los edificios y la calidad de las construcciones. Se trata de una combinación de numerosos datos y no todos se conocen con exactitud, por lo que los márgenes de variabilidad son tan amplios”, explicó el organismo.

