El eslabón con «aletas»: este fósil revela el salto de los insectos prehistóricos del agua a la tierra


Al igual que los mamíferos, los insectos pasaron por un largo proceso de evolución que los llevó a establecer las formas que ahora reconocemos. El descubrimiento de un fósil de hace 324 millones de años reveló cómo se veían algunos de esos seres antes de parecerse a los que actualmente caminan por el jardín. Lo más extraño está en su abdomen: el animal conservaba una serie de apéndices segmentados, algunos con forma de paleta, compatibles con una vida semiacuática.

El hallazgo, publicado recientemente en Nature, plantea una posibilidad poco considerada en la historia evolutiva de los primeros insectos. Algunos miembros tempranos de su linaje pudieron atravesar una etapa anfibia, similar a la que experimentaron los primeros tetrápodos, antepasados de los vertebrados terrestres, durante su transición evolutiva entre el agua y la tierra firme.

Dile hola al Chosha praecursor

Chosha praecursor difícilmente pasaría por un insecto moderno. Medía unos 3.2 cm de largo, aunque alcanzaba casi los 5 si se cuentan las estructuras que sobresalían de la parte trasera de su cuerpo. Tenía seis patas para caminar, como los insectos actuales, pero ahí terminaban las semejanzas más evidentes. De su abdomen salían apéndices articulados, una especie de pequeñas extremidades que se repetían a lo largo de nueve segmentos del cuerpo. Las posteriores eran anchas y tenían forma de paleta, como diminutos remos que pudieron ayudar al animal a desplazarse en el agua.

Reconstrucción del fósil de Chosha praecursor.

Reconstrucción del fósil de Chosha praecursor.

Nanjing Institute of Geology and Palaeontology, Chinese Academy of Sciences

Su anatomía también incluía algunas pistas que permitieron a los investigadores reconocerlo como un pariente temprano de los insectos. En el extremo del cuerpo tenía un largo filamento, parecido a una cola delgada. También tenía un ovipositor, una estructura que las hembras utilizan para depositar sus huevos y que en algunos insectos modernos puede verse como una especie de aguja que sobresale del abdomen. En C. praecursor, esta extraña mezcla parece capturar un momento en el que el característico cuerpo de los insectos aún estaba tomando forma.

Un fósil que habla del capítulo perdido de los insectos

Los paleontólogos llevan décadas intentando reconstruir el surgimiento de los insectos. Saben que están emparentados con los crustáceos y que sus antepasados remotos vivieron en el agua. El problema es que faltan páginas enteras de esa historia. Hay un periodo de decenas de millones de años del que apenas existen fósiles capaces de mostrar cómo aquellos animales terminaron adquiriendo el cuerpo de seis patas que hoy reconocemos. Los científicos lo llaman la “brecha de los hexápodos”.


cucaracha y sus genes

Su genoma conserva rastros de ADN bacteriano que podría haber adquirido una función biológica.


El fósil de Chosha praecursor ayudará a completar ese gran capítulo perdido de decenas de millones de años de evolución. Aunque su valor no radica en su edad, sino en que su cuerpo conserva pistas sobre las transformaciones que pudieron ocurrir durante ese periodo en el que tenían “una pata en el agua”. Este espécimen parece mostrar un cuerpo diseñado para vivir al estilo anfibio, aunque todavía hacen falta más pruebas para confirmarlo.

“Los nuevos fósiles sugieren que la reducción de los apéndices abdominales fue una innovación evolutiva clave para la adaptación terrestre. Estas estructuras se simplificaron progresivamente a medida que se perdieron los apéndices de natación de los antepasados de los crustáceos, lo que finalmente produjo la organización corporal que se ve en los insectos modernos”, dice un comunicado de prensa de la Academia China de Ciencias.

La hipótesis que sugieren los autores es que, conforme estos animales se adaptaron a la vida terrestre, aquellos apéndices abdominales fueron reduciéndose hasta prácticamente desaparecer. Los insectos modernos conservaron seis patas, todas en el tórax, y dejaron atrás las pequeñas extremidades que todavía llevaba Chosha praecursor.

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