El estudio plantea modificar su órbita poco a poco durante millones de años. No mediante enormes motores, sino aprovechando la propia gravedad terrestre. Un flujo continuo de materia lanzado desde Júpiter pasaría rozando el planeta sin llegar a impactarlo. Cada uno de esos sobrevuelos transferiría una cantidad minúscula de energía orbital a la Tierra.
Repetido durante 100 millones de años, el efecto acumulado bastaría para alejar lentamente al planeta del Sol hasta una distancia de 1.2 unidades astronómicas, suficiente para escapar de la expansión de la estrella.
Sobrevivir al universo
Incluso después de resolver el problema del Sol, el universo seguirá enviando amenazas contra la Tierra. Asteroides, supernovas cercanas, estallidos de rayos gamma e incluso el paso de otras estrellas cerca del sistema solar podrían poner fin al proyecto mucho antes de que transcurran esos 9.1 cuatrillones de años.
El autor dedica el último apartado del estudio a una especie de «seguro cósmico». Algunas amenazas ya tienen solución sobre el papel. Los asteroides potencialmente peligrosos podrían desviarse mucho antes de un impacto, mientras que fenómenos como supernovas o explosiones de rayos gamma podrían mitigarse con enormes escudos espaciales colocados entre la Tierra y la fuente de la radiación.
La idea más llamativa vuelve a implicar mover cosas enormes. Si otra estrella amenazara con alterar la estabilidad del sistema solar, el estudio propone modificar ligeramente la trayectoria del propio Sol utilizando corrientes de materia lanzadas desde Júpiter. El cambio sería prácticamente imperceptible en una vida humana, pero suficiente para que, millones de años después, el sistema solar esquivara el encuentro.
La edad del Sol y el futuro del universo
El Sol nació cuando el universo ya tenía cerca de 9,200 millones de años. Según las mejores estimaciones, dentro de unos 7,800 millones de años terminará convertido en una enana blanca y comenzará un lentísimo proceso de enfriamiento.
Esa escala temporal todavía resulta pequeña cuando se compara con el futuro del universo. Según el modelo cosmológico actual, las estrellas seguirán formándose durante unos 100 billones de años. Después, la llamada era estelar llegará a su fin y el cosmos continuará enfriándose durante periodos muchísimo más largos.
Si el autor tiene razón, la Tierra no solo sobreviviría a la muerte del Sol. También alcanzaría el momento en que las estrellas dejaran de brillar. Cuando las últimas galaxias dejen de iluminar el cielo y el universo entre en una oscuridad casi permanente, nuestro planeta podría seguir amaneciendo gracias a un Sol construido por la tecnologia futura de una civilización humana.
