En la calle Emerika Bluma, a orillas del río Miljacka de Sarajevo, un imponente inmueble se levanta detrás de un grueso muro de hormigón y garitas blindadas. Es el edificio que alguna vez albergó a Unioninvest, el gigante estatal que levantaba grandes infraestructuras energéticas en tiempos yugoslavos. Hoy, convertido en fortín, aloja la sede de la Oficina del Alto Representante (OHR) en Bosnia y Herzegovina, la autoridad internacional instaurada en 1995 para supervisar la paz entre bosníacos, croatas y serbobosnios tras tres años de sangriento conflicto entre estas tres comunidades entonces enfrentadas. Un edificio que ha sido, durante mucho tiempo, el símbolo de la diplomacia conjunta de Estados Unidos y la Unión Europea (los dos grandes padrinos y ejecutores de aquel pacto) en este país que celebra este domingo 4 de octubre unos delicados comicios generales y convertido en un nuevo foco de un virulento enfrentamiento entre estos (hasta ahora) dos aliados.
En el ámbito de las instituciones centrales, este 4 de octubre, la población elige a la Presidencia tripartita, integrada por un musulmán, un croata y un serbio, y a los 42 miembros de la Cámara de Representantes del Parlamento estatal. También se renovarán el Parlamento de la Federación, el presidente y dos vicepresidentes de esa entidad y las 10 asambleas cantonales. En la República Srpska se elige al presidente y a los miembros del Parlamento.
No obstante, durante décadas, el funcionamiento de un semiprotectorado ha descansado sobre una regla no escrita de reparto transatlántico del poder. El alto representante —el «número uno»— era un diplomático europeo, mientras que su primer adjunto —el «número dos”—, un estadounidense. Europa ponía la cara y la diplomacia; Estados Unidos, el músculo y el peso de Washington. Así, cuando esta especie de «virrey» europeo usaba sus poderes ejecutivos (los llamados Poderes de Bonn) para destituir a un líder secesionista o imponer una ley, era EE. UU. quien blindaba la decisión con sanciones para evitar que el país descarrilara.
Jamás Washington se había aliado con quienes buscaban desmantelar la OHR o desafiaban el poder europeo en Bosnia. Esto hasta que llegó Donald Trump.
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¿Un asunto de negocios del entorno Trump?
El trasfondo es económico. En un Washington donde los límites entre el poder político y el interés comercial son cada vez más difusos, el choque ha tenido como una de las principales protagonistas a la compañía estadounidense AAFS Infrastructure and Energy. Pese a su escasa experiencia en infraestructuras de envergadura, esta firma vinculada al entorno de Trump anunció en agosto un proyecto de 530 millones de euros para levantar un centro de datos de 100 megavatios en Mostar.
No ha sido el único movimiento. Sobre la mesa está también la más controvertida adjudicación del gasoducto Southern Interconnection, una infraestructura estratégica destinada a conectar el país con la red de Croacia, limitar la dependencia del gas ruso y abrir la puerta al gas natural licuado (GNL) de Estados Unidos y de otros países.
El problema: la maniobra ha desencadenado desde el minuto uno una airada protesta de Bruselas. La queja: la obra así pasaría de concebirse como una infraestructura pública con respaldo europeo a un activo privado estadounidense beneficiario de concesiones comerciales directas.
Este caso, en opinión de Transparencia Internacional, también constituye un “precedente peligroso” que reduciría la transparencia y dispararía el riesgo de injerencias políticas y comerciales sobre un activo estratégico de Bosnia.
Pero no solo oenegés y la Unión Europea han protestado. También lo hizo el que hasta hace poco era el alto representante en Bosnia y Herzegovina, el alemán Christian Schmidt. Y es aquí donde todo ha estallado por los aires. En julio pasado, Schmidt se vio forzado a dimitir de forma anticipada, dejando la jefatura del organismo de forma provisional en manos del diplomático estadounidense Louis J. Crishock.
Chantajes
Como dice Adnan Ćerimagić, analista sénior del European Council of Foreign Relations: “Lo que está documentado es real: Washington forzó la renuncia de su cargo de Christian Schmidt como alto representante y desde entonces ha bloqueado a un sucesor europeo”.
“Por supuesto que [el objetivo] es perjudicar a la Unión Europea. La nueva Administración estadounidense ha adoptado una postura muy negativa hacia el bloque”.
En la misma línea también está la analista Tanja Topić, directora de la oficina de la Fundación Friedrich Ebert en Banja Luka. “Por supuesto que [el objetivo] es perjudicar a la Unión Europea. La nueva Administración estadounidense ha adoptado una postura muy negativa hacia el bloque”. En este sentido, Topić opina que desde Washington “se está chantajeando a los funcionarios europeos”, amenazando con congelar la financiación de la OHR si el sustituto no es su candidato, un escenario donde la inacción europea preocupa. “La Unión Europea se ha limitado en gran medida a expresar su preocupación, sin adoptar medidas concretas”, dice esta analista.
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El enfrentamiento, además, no ha sido el único hasta ahora. En 2025, Washington levantó las sanciones geopolíticas que pesaban desde 2017 sobre Milorad Dodik, el líder secesionista de la Republika Srpska (la entidad de mayoría serbia que integra el país junto a la Federación de Bosnia y Herzegovina).
Trump, MAGA y «Europa es un desastre»
Dodik, un férreo aliado de Vladímir Putin que ha amenazado reiteradamente con romper la unidad del Estado bosnio, pasó así de repudiar durante años a EE. UU. a ser recibido en febrero en Washington por la portavoz de la Casa Blanca, Karoline Leavitt. Poco después, Donald Trump Jr. viajó a Banja Luka para participar en un acto organizado por Igor Dodik —hijo del líder serbobosnio—, donde afirmó sin tapujos que “Europa es un desastre” y exigió que Bruselas deje de “poner obstáculos”.
El desembarco de figuras de la órbita MAGA (Make America Great Again) ha dejado una clara huella de interconexiones en Bosnia. “Los mismos nombres no dejan de repetirse”, advierte Ćerimagić.
“En el ámbito del cabildeo actúan RRB Strategies, dirigida por el exgobernador de Illinois indultado Rod Blagojevich, y el Gold Institute de Michael Flynn, dedicados a abrir puertas a Dodik en Washington. En el sector energético, el gasoducto fue adjudicado a AAFS, cuyos hombres clave son Jesse Binnall, exabogado de Trump, y Joseph Flynn [hermano del que fuera asesor de seguridad nacional del presidente estadounidense]”. Para el analista del ECFR, el patrón es evidente. “El cabildeo, el gasoducto y las visitas discurren por el mismo círculo de influencia. […] Dañar a la Unión Europea es, en el mejor de los casos, un efecto colateral y, en el peor, la verdadera misión, tal como Donald Trump Jr. admitió en voz alta en Banja Luka”.
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Según diversos reportes no desmentidos, el propio Binnall llegó a calificar la construcción del gasoducto como “una prioridad para la Administración Trump”. Al mismo tiempo, Michael Flynn habría realizado gestiones de influencia en favor de la facción nacionalista serbobosnia. Aunque ni él ni su hermano parezcan figurar nominalmente en el accionariado del proyecto energético, Dodik no ha dudado en brindarle su respaldo político.
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«Los intereses comerciales de la familia del presidente se cruzan con la seguridad nacional»
La seriedad de la situación ha terminado por encender las alarmas dentro del propio Capitolio. Durante una audiencia de confirmación en el Comité de Relaciones Exteriores del Senado, el demócrata Chris Murphy increpó a Ronald Johnson y Michael Young, los diplomáticos designados para las embajadas en Sarajevo y Belgrado. “Nos encontramos en un momento extraordinario en el que los intereses comerciales de la familia del presidente se cruzan con los intereses de seguridad nacional del país”, afirmó .
En términos similares se pronunció el congresista por Massachusetts Bill Keating, al denunciar que “las decisiones de la [actual] Administración respecto a Dodik y al gasoducto Southern Interconnection profundizan la corrupción y permiten que personas afines al presidente se embolsen millones”.
No ha sido el único que ha expresado preocupación. En un extenso análisis sobre el repliegue de la pax americana, la revista ‘The Atlantic’ advertía del riesgo de desestabilización en los Balcanes. Por su parte, el diario británico ‘The Guardian‘ ha subrayado la gravedad del choque entre Estados Unidos y la Unión Europea a cuenta del proyecto. En particular, el rotativo citó documentación reservada que certifica esa brecha: en una carta fechada el 13 de abril —obtenida primero por el medio de investigación bosnio istraga.ba—, el embajador de la UE, Luigi Soreca, habría advertido de que, en virtud del acuerdo energético entre Bosnia y Bruselas, resulta “crucial que los borradores legislativos se coordinen minuciosamente” con la Unión Europea, al sugerir que sin ello eso pondría en peligro el proceso de adhesión de BiH a la UE.
El problema son también las consecuencias directas para la ciudadanía bosnia. Dodik, el líder secesionista de la entidad serbiobosnia, “utiliza la iconografía MAGA y asegura compartir los mismos valores cristianos con Trump”, señala Topić. “Otro ejemplo es que los políticos de Bosnia y Herzegovina (BiH) aparecen cada vez más en plataformas de medios de extrema derecha y de orientación MAGA, como Real America’s Voice o Lindell TV. Allí sostienen que los cristianos están amenazados en el país por el islam radical y que la convivencia resulta imposible”, añade.
Estas narrativas calan de lleno en el tablero político: “Están directamente dirigidas contra la integración europea. Bajo la influencia de una retórica soberanista y populista cada vez más dura, las reformas para el ingreso en la UE se han paralizado por completo en Bosnia y Herzegovina, por lo que el respaldo de la administración Trump a los sectores populistas locales ha amenazado seriamente el camino europeo del país”, concluye la analista.
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¿Inacción de la UE?
No obstante, varios analistas evitan eximir de culpa a la diplomacia europea, al haber sido incapaz de dar a BiH un futuro mejor que el que tiene ahora. En opinión de Marko Prelec, analista sénior para los Balcanes en el International Crisis Group, “Washington está buscando sus propios intereses comerciales y, al margen de ello, pide a los bosnios que asuman la responsabilidad de su propio país, lo cual, irónicamente, era la posición europea hace solo unos años”. Una estrategia que las élites locales están rentabilizando. “Los líderes de la Republika Srpska han invertido en influir sobre la administración Trump y la jugada les ha salido rentable en términos de acceso”, concluye el experto.
“La UE ha dejado que esto pasara. ¿Por cuánto tiempo han estado en este país? ¿Por qué no han buscado la soberanía y la eficiencia energética para Bosnia? ¿Por qué no han desarrollado energías limpias? Son cuestiones de posible resolución”, coincide por su parte Kurt Bassuener, cofundador e investigador sénior del Democratization Policy Council. El riesgo, además, es el de la chapuza. “Uno, veo prácticamente imposible que se construya ese gasoducto en tiempos breves” y dos, “el gas natural licuado estadounidense no está ni cerca de poder compensar la dependencia del gas ruso”.
En todo caso, Bosnia-Herzegovina acude este domingo 4 de octubre a las urnas con las divisiones étnicas aún abiertas tres décadas después de la guerra (1992-1995) y sin consenso político sobre una adhesión a la UE, respaldada por la gran mayoría de su población.
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