Una siempre controvertida mezcla de géneros. Donald Trump llegó a Irlanda este sábado 12 de septiembre para una visita de dos días centrada principalmente en el golf, con un breve interludio diplomático, en un viaje que vuelve a desdibujar la frontera entre sus deberes presidenciales y sus intereses privados.
Antes de centrarse en el torneo que se desarrollará en uno de sus complejos hoteleros en Dublín, el presidente estadounidense mantuvo un breve encuentro con el primer ministro irlandés Micheál Martin.
Allí, adentrándose con liviandad en un tema complejo y políticamente sensible, Trump aseguró que le «encantaría» ver la reunificación de la República de Irlanda con Irlanda del Norte, que pertenece a Reino Unido.
«No quiero causar problemas, pero me encantaría verla unificada –sostuvo el republicano–. Va a suceder tarde o temprano. Bien podría ocurrir ahora».
«Creo que sería algo fantástico», insistió, añadiendo que «Reino Unido tendrá algo que decir al respecto, obviamente».
Históricamente, Estados Unidos ha mantenido una postura neutral sobre la cuestión irlandesa, defendiendo que la decisión corresponde a los actores involucrados.
En un discurso posterior en la embajada estadounidense en Dublín, Trump pareció complacido de haber avivado la polémica. «Es uno de esos temas en los que, digas lo que digas (…), no hay una respuesta correcta», afirmó, entre risas.
Estas declaraciones sobre Irlanda han dado un giro inesperado al viaje del jefe de la Casa Blanca, quien había acudido al país europeo más por el golf que por la diplomacia.
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«Visita de cortesía»
Trump aterrizó en el aeropuerto de Dublín en el lujoso avión cedido por Qatar poco antes de las 8:25 (hora local), según constataron periodista de la agencia AFP.
Al menos 4.000 policías y otros efectivos, incluidos francotiradores, fueron desplegados para la visita, en lo que se ha calificado como uno de los mayores operativos de seguridad jamás realizados en Irlanda.
Miles de manifestantes que se oponen al presidente estadounidense se movilizaron por la mañana en Dublín durante la breve agenda política del jefe de la Casa Blanca.
Antes de encontrarse con el premier irlandés, Trump se reunió con la presidenta Catherine Connolly. Aunque su rol es esencialmente ceremonial, el encuentro se suponía incómodo por las críticas abiertas al republicano lanzadas en el pasado por la figura destacada de izquierda irlandesa, pacifista y anti-OTAN.
De todas formas, el cara a cara fue cordial y Connolly le obsequió a Trump una colección de poemas de Michael Longley, poeta de Belfast fallecido en 2025, conocido por un texto escrito durante el conflicto norirlandés titulado ‘Alto el fuego’.
Posteriormente, Trump fue recibido por Micheál Martin, a quien ya había albergado en dos ocasiones en la Casa Blanca y con quien, según declaró el sábado, mantiene una relación «excelente», pese a las posiciones divergentes de los gobiernos de ambos países en varios temas, principalmente sobre la cuestión palestina, de la que Dublín es uno de los defensores más fervientes en Europa.
Tras cumplir con esos encuentros, el mandatario estadounidense voló a su complejo turístico de lujo en Doonbeg, en la costa oeste de Irlanda, donde algunos de los mejores golfistas del mundo compiten en el Abierto de Irlanda.
Para Daniel Geary, profesor de historia estadounidense en el Trinity College de Dublín, Trump apenas hizo «una visita de cortesía» en Dublín antes de centrarse en el golf, el principal motivo de su viaje.
«Él no ve mucha diferencia entre sus intereses privados y su papel como presidente», señaló a la agencia AFP.
Un mensaje problemático a meses de las elecciones
El multimillonario de 80 años ha promocionado sin reparos los negocios de golf de su familia desde que regresó a la Casa Blanca para su segundo mandato como presidente en enero de 2025.
El verano pasado, recibió a quien entonces era el primer ministro de Reino Unido, Keir Starmer, y a la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, en su lujoso complejo turístico de Turnberry, en la costa occidental de Escocia.
Posteriormente, Trump inauguró otro campo de golf que lleva su nombre en la localidad de Balmedie, cerca de Aberdeen, en la costa nororiental de Escocia.
«Sin duda, envía el mensaje de que está profundamente interesado en los negocios de su propia familia», señaló Richard Painter, profesor de Derecho de la Universidad de Minnesota.
«Al Partido Republicano no le beneficiará de cara a las elecciones de mitad de mandato que el presidente promocione sus campos de golf para los ultrarricos mientras otras personas tienen dificultades para llegar a fin de mes», añadió el experto en ética gubernamental.
Según ha trascendido, el dispositivo de seguridad para la visita de Trump le está costando a Irlanda 20 millones de euros, una cifra que se suma a los esfuerzos policiales masivos que el país ya afronta debido a su presidencia semestral de la Unión Europea.
Así, la presencia del jefe de la Casa Blanca en Doonbeg —un enclave costero remoto del condado de Clare adquirido por la Organización Trump en 2014— añade un nivel adicional de complejidad al operativo de seguridad.
Por otro lado, se espera la asistencia de unos 40.000 aficionados al torneo durante el fin de semana, siendo el norirlandés Rory McIlroy —ganador de seis torneos ‘major’ y actual número dos del mundo— el principal atractivo.
McIlroy, quien ha jugado al golf con Trump, declaró esta semana a la BBC que el torneo se percibirá de forma «diferente» con la presencia del presidente estadounidense, pero que los jugadores simplemente se «centrarán en el juego».
No sería extraño que el presidente de Estados Unidos opte por entregar personalmente el trofeo al ganador el domingo por la noche.
Con AP y AFP
