Por mucho tiempo fue simplemente “Cero Uno”, pero intenta ser más que eso. Su padre, el expresidente Jair Bolsonaro, se refiere habitualmente a sus hijos por el orden de nacimiento.
Flávio fue el primero, de allí su apelativo. Luego llegó Carlos, “Cero Dos”, concejal de Río de Janeiro; Eduardo, “Cero Tres”, exdiputado y actualmente en el exilio en Estados Unidos y finalmente Jair Renan, “Cero Cuatro”, concejal de Balneário Camboriú y nacido del segundo de los tres matrimonios de Bolsonaro.
Solo Laura, de ocho años y la única hija del excapitán del Ejército con su actual esposa, Michelle, tiene nombre propio a los ojos del padre, que, sin embargo, se refiere a ella como una “flaqueada” después de cuatro hijos varones.
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“Cero Uno” fue elegido por el patriarca como depositario de su herencia política desde su celda en una dependencia de la Policía Federal en Brasilia, donde comenzó a cumplir su condena de 27 años de prisión por tratar de impedir la investidura de Luiz Inácio Lula Da Silva en 2022.
La designación postergólas aspiraciones de la ex primera dama, Michelle, quien esperaba ser ella la ungida por el patriarca.
Fue el primero de varios choques de Flávio con la esposa de su padre, pero parece haber sido la elección correcta para efectos del bolsonarismo, porque desde entonces el senador por Río de Janeiro ha avanzado hasta el punto de generar un empate técnico con Lula en una eventual segunda vuelta.
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Como candidato, Flávio no oculta que la libertad de su padre es parte central de su oferta de campaña, pero también aboga por un Estado reducido a su mínima expresión, capitaliza el descontento social por el grave repunte de la delincuencia y la criminalidad y aboga por la liberación de la venta de armas.
Un fenómeno global que llega a Brasil
El impulso del padre no es el único capital que ha propiciado el repunte de Bolsonaro en las encuestas.
Su hermano Eduardo ha trabajado desde Estados Unidos por el endoso del presidente Donald Trump, que ya ha conseguido el viraje a la derecha de Honduras, Costa Rica, Colombia, Chile, Perú y Bolivia y ha dado su apoyo a los mandatarios conservadores que encontró en otra media docena de países cuando llegó a la Casa Blanca para su segundo mandato.
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Pero, Marcia Dias, directora de la escuela de Ciencias Políticas de la Universidad Federal de Río de Janeiro (UNIRIO), destaca que en el liderazgo de Flávio todavía no hay un sello propio.
“Se podría decir que ha heredado de su padre el liderazgo, pero tampoco Jair ejerció un liderazgo natural en Brasil”, apunta la analista. “ (Jair) Fue diputado por casi 30 años, elegido siempre con los mismos votos de una parcela muy radical de la población, devota de los militares más radicales, gente que todavía consideraba que la dictadura militar fue lo mejor que le pasó a Brasil”.
Dias cree que el ascenso de los Bolsonaro, tanto el padre como el hijo, es resultado de la “profundización de la polarización política afectiva en la sociedad, que tiene conexión con este movimiento internacional de radicalización de la derecha, que ha permeado mucho a la sociedad brasileña”.
Cuando vira hacia Bolsonaro, de acuerdo con la experta, el electorado responde a un “cansancio muy grande con relación a la corrupción, a la insatisfacción de la población con las políticas públicas, que ha configurado la tendencia que se vive en Latinoamérica y también en el resto del mundo”.
Marcia Dias apunta que en el caso de Brasil es necesario establecer diferencias entre conservadurismo y la deriva reaccionaria que se expresa en el liderazgo de los Bolsonaro.
“Hay una influencia global que ha dado fuerza a este movimiento”, señala la experta. “En Brasil hay que tener en cuenta que somos una sociedad muy conservadora en el sentido histórico y social, con una gran desconfianza hacia los movimientos progresistas, a los cambios sociales, los temas de género y raza, con un racismo muy persistente. Entonces hay un segmento conservador potencial para absorber este movimiento de extrema derecha”.
“Jair Bolsonaro llegó a la Presidencia en un momento de mucho descreimiento político en Brasil, pero este movimiento que apoya a los Bolsonaro no es solamente de sectores conservadores, son reaccionarios, y hay una diferencia muy grande entre esas dos ideologías”, agrega.
En el camino a ganar el favor de Trump para la causa familiar, Flávio ha prometido que Brasil se unirá al Escudo de las Américas, la iniciativa de seguridad hemisférica impulsada por el magnate.
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Su hermano Eduardo, por su parte, tiene una condena impuesta en ausencia por el Supremo Tribunal Federal, por coacción y obstrucción de la Justicia, por considerar que promovió la imposición de aranceles estadounidenses contra su país, como modo de presión para revertir las medidas judiciales contra el padre de ambos, Jair.
“Comunista no le mete mano a mi hijo”
Flávio, que cumplió cuatro periodos como diputado en la Asamblea Legislativa de Río de Janeiro y es desde 2018 senador federal por el estado carioca, es visto como el más moderado de la familia Bolsonaro, pero su actuación pública sustenta muy débilmente esa percepción.
En 2005, en sus tiempos de diputado, otorgó la medalla Tiradentes (el máximo honor de la legislatura carioca) a Adriano de Nóbrega, oficial de la Policía Militar que luego fue relacionado con el asesinato de la concejal y activista de Derechos Humanos Marielle Franco.
Informe
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Para entonces, el Capitão Adriano, como se le conoció en su época de miliciano, ya había sido relacionado con la muerte de un cuidador de autos.
Diez años después, el hombre, señalado como el líder de la Oficina del Crimen (un escuadrón de la muerte formado por policías activos y retirados), fue vinculado con el caso ‘rachadinhas’, por el que Flávio fue juzgado y condenado por organización criminal, malversación, lavado de dinero y apropiación indebida, aunque la pena fue posteriormente anulada.
La ‘rachadinha’ (rajadita) fue un esquema mediante el cual empleados de Flávio devolvieron parte de sus propios salarios al entonces diputado entre 2007 y 2018.
En 2016, se postuló, sin éxito, a la alcaldía de Río de Janeiro. De esa campaña se desprendió una anécdota que retrata el talante familiar. Flávio, deshidratado y con presión arterial baja luego de un fuerte cuadro diarreico, se desmayó en pleno debate televisivo.
Jandira Feghali, candidata por el Partido Comunista y médica de profesión, intentó socorrerlo, pero el padre, Jair, que entonces era diputado federal, lo impidió. Su explicación: “Comunista no le mete mano a mi hijo”.
Paradójicamente, la contención que se atribuye a Flávio no necesariamente contribuye a la causa familiar. El politólogo João Feres asegura que la moderación “diluye” la marca Bolsonaro. «La radicalización la preserva, pero limita el techo electoral», agrega Feres.
‘Dark Horse’: el plomo en el ala de la campaña
Flávio ha sorteado con éxito el quiebre con su madrastra, Michelle, por la postulación presidencial, la resistencia del Partido Liberal (cuyo líder Valdemar Costa Neto dijo de él que “no había construido previamente la estructura, ni las bases necesarias para aspirar”), la restricción fijada por el Supremo de los contactos con su padre y las decisiones judiciales contra su hermano Eduardo.
Incluso capitalizó el éxito de haber instigado a Trump a que designara a las bandas criminales PCC y Comando Vermelho como organizaciones terroristas.
Pero la recta final de la campaña le presenta un desafío que amenaza con destruir buena parte del caudal que le ha ganado su discurso anticorrupción.
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Precisamente cuando el Partido Liberal celebraba la revelación de supuestos vínculos entre Alexandre de Moraes (el magistrado que consiguió la condena de Jair Bolsonaro) y Daniel Vorcaro, señalado de haber cometido el mayor fraude bancario en la historia de Brasil, recientemente el propio Flávio ha sido relacionado con Vorcaro.
Una investigación de la Policía Federal autorizada por el magistrado del Supremo André Mendonça (designado por Jair Bolsonaro) ha detectado movimientos financieros sospechosos entre Vorcaro y Flávio, presuntamente para el financiamiento de una película sobre la vida del expresidente brasileño, ‘Dark Horse’, protagonizada por el actor estadounidense Jim Caviezel.
La revelación se produce justamente luego de una movilización convocada por el Partido Liberal para exponer a De Moraes.
Casi 30.000 personas se reunieron el 7 de septiembre, día de la independencia de Brasil, para escuchar a Flávio decir que «este consorcio formado por Lula y Moraes llegará a su fin» y asegurar que «cualquiera que vote por Lula vota por Alexandre de Moraes”.
Ahora, el hilo que amenaza con destruir los equilibrios del Tribunal Supremo puede convertirse en la mecha que detona la campaña de Bolsonaro, si se registran avances para demostrar las sospechas de corrupción, blanqueo de capitales y evasión de divisas en la solicitud de financiación por 12 millones de dólares al banquero caído en desgracia, propietario del Banco Master.
«Las encuestas han mostrado que hay un segmento de votantes que fluctúa según los eventos y que es pequeño, pero decide el resultado de las elecciones», le dijo a la agencia Reuters Marco Antonio Teixeira, politólogo de la Fundación Getulio Vargas.
Flávio Bolsonaro y Lula Da Silva quedarían separados por apenas un punto porcentual en un hipotético balotaje. El heredero tiene poco más de una semana para evitar que esa diferencia se profundice a favor del líder socialista.
