La salud mental mundial se estanca por la crisis de bienestar que enfrentan los jóvenes


La salud mental está estancada a nivel mundial, situación que puede explicarse, en gran medida, por los bajos niveles de bienestar registrados entre la población juvenil. Esta es la principal conclusión de un estudio de la Universidad de Columbia, que advierte que la desigualdad en las oportunidades económicas y educativas, así como la falta de conexiones sociales, está reduciendo la vitalidad y la capacidad de resiliencia de los más jóvenes en comparación con las generaciones mayores.

Los investigadores analizaron los niveles de salud mental con una encuesta aplicada a más de 50,000 personas en 92 países, para obtener una perspectiva amplia y comparable entre distintas sociedades analizadas. El cuestionario incluía 10 preguntas que abarcaban diversas dimensiones del bienestar, como la sensación de competencia, el optimismo, la autoestima, las emociones positivas y el compromiso.

Los autores también midieron trastornos comunes, incluidos el estrés, la depresión y la ansiedad. Además, consideraron información demográfica sobre edad, sexo, nivel socioeconómico y situación laboral.


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Un metaanálisis publicado en The Lancet estima que también 15% de la incidencia de obesidad podría relacionarse con más de dos horas diarias de exposición recreativa a pantallas.


Tras evaluar y comparar los datos, la investigación identificó que, aunque la evaluación global de la salud mental arroja resultados positivos, las puntuaciones de las diez dimensiones analizadas fueron moderadas o bajas.

Según el artículo publicado en la revista Social Indicators Research, “esto indica que la salud mental puede ser deficiente o estar en un estado precario en gran parte de la población mundial. Además, variables individuales como la edad, la educación, el empleo y la riqueza revelan diferencias significativas entre grupos, tanto dentro como entre países”.

Los autores destacan que, entre los participantes jóvenes, se identificaron “niveles alarmantes” en tres aspectos fundamentales: la vitalidad, entendida como la energía y la capacidad para afrontar las actividades cotidianas; la estabilidad emocional, relacionada con la gestión de las emociones, y la resiliencia, que permite recuperarse de situaciones adversas.

Los más de 200 investigadores que participaron en el estudio sostienen que el deterioro no se limita a los países con dificultades socioeconómicas. El fenómeno también afecta a quienes habitan en regiones de altos ingresos, consideradas tradicionalmente referentes en bienestar, en particular a países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) y del norte de Europa.

¿La juventud aún es la etapa más satisfactoria de la vida?

Los resultados también contradicen la idea de que la felicidad y la satisfacción con la vida suelen ser mayores durante la juventud y la vejez, y disminuyen en la edad adulta intermedia. “Los adultos jóvenes tienen un bienestar significativamente menor que otros grupos de edad, y la tendencia es en gran medida lineal. Por lo tanto, gran parte de los peores promedios nacionales en salud mental son el resultado de que las personas más jóvenes, con la mayor parte de la vida por delante, carecen de aspectos fundamentales del bienestar”, destaca el informe.

Según los especialistas, esta situación podría estar relacionada con la incertidumbre económica, la inestabilidad política, la percepción de falta de oportunidades, el estrés y el deterioro de las relaciones sociales, factores que podrían contribuir a una mayor sensación de soledad.

En términos generales, el estudio señala que las dimensiones de salud mental con las puntuaciones más altas fueron las relaciones, el sentido de la vida, la competencia, el compromiso y la autoestima. De acuerdo con los expertos, esto sugiere que, aunque las personas se autoevalúan positivamente, tienen una visión negativa de los factores externos que afectan su bienestar.

El análisis también reafirmó la relación entre las condiciones económicas y la salud mental. Los resultados mostraron que las personas con mayores ingresos y más recursos económicos desde la infancia reportaron mejores niveles de bienestar. Además, la encuesta determinó que cada avance en la formación educativa se asoció con mejores puntuaciones, una tendencia que también se observó entre quienes tenían un empleo estable y vivían acompañados.

La inexistencia de trastornos mentales no es sinónimo de salud mental

Kai Ruggeri, profesor del Departamento de Políticas y Gestión Sanitaria en la Escuela de Salud Pública Mailman de la Universidad de Columbia y autor principal del estudio, asegura que estos hallazgos “son una señal de alarma que indica que poblaciones enteras ya están sufriendo y sienten que su capacidad de adaptación se ve mermada aquí y ahora, no solo por un futuro incierto”.

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Finalmente, el trabajo destaca que es un error utilizar como conceptos equivalentes la salud mental y las enfermedades mentales. Los especialistas precisan que una persona puede no presentar síntomas de un trastorno psicológico y, aún así, experimentar un bienestar moderado o deficiente. Por tanto, consideran insuficiente utilizar únicamente indicadores de estrés, ansiedad o ausencia de enfermedades para determinar el estado de salud mental de una población.

En este sentido, Ruggeri considera que “los líderes ya no pueden recurrir a vagas frases hechas que eluden la inversión en iniciativas genéricas de salud mental. Deben comprometerse con acciones concretas y significativas: garantizar el sustento de las personas ante la pérdida de empleos provocada por la inteligencia artificial, abordar los factores que generan agotamiento en la población joven y en edad laboral, y tomar medidas que generen confianza en las oportunidades futuras. Todo esto debe estar respaldado por una mejor atención a la salud mental. No hacerlo no solo representa una amenaza para el futuro, sino también para el presente”.

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