Con sus 8,516 millones de km² de superficie, la República Federativa de Brasil es el país más extenso de América Latina. “Un continente en sí mismo”, suelen repetir los especialistas. La barrera idiomática con sus naciones fronterizas no constituye un impedimento para ser un actor más que influyente en la región. Por eso, las miradas de quienes observan los destinos de Latinoamérica están puestas en el próximo 4 de octubre, cuando, otra vez, los mismos dos apellidos se perfilan para definir los destinos bifurcados del gigante del sur.
A pocos días para los comicios, la polarización entre dos expresiones políticas marcadamente opuestas parece volver a repetirse, pero el clima callejero muestra un pulso que asombra a los analistas: “Por primera vez desde la redemocratización, hay una desidia total en las calles sobre la elección”, dice, desde Sao Paulo, Pablo Giuliano, analista y consultor de asuntos brasileños, en diálogo con France 24 en Español.
Una extensión de tu navegador parece estar bloqueando la carga del reproductor de video. Para poder ver este contenido, debes desactivarla en este sitio.
“Es muy poco el ánimo que existe en la población, hay muy poca gente en las calles distribuyendo panfletos e intentando convencer”, describe y suma que la apuesta central de las formaciones partidarias se concentró en las redes sociales y ahora más en los medios tradicionales audiovisuales: Pero, “según las encuestas, estas propagandas no han cambiado las intenciones de voto”.
La perspectiva de los sondeos: desenlace abierto y el “voto silencioso”
Cuando se acerca el desenlace electoral, las encuestas muestran una leve ventaja para el líder histórico del Partido de los Trabajadores (PT, izquierda), Luiz Inácio Lula da Silva, pero con su inmediato contrincante, el ultraderechista Flávio Bolsonaro (hijo del expresidente Jair), en un escenario competitivo.
Un estudio de la consultora Quaest, publicado este 21 de septiembre, otorga 37% para Lula y 33% para Bolsonaro. Por su parte, otro sondeo de Nexus le asigna 40% de la intención de voto al mandatario y 37% a su principal adversario. En el mismo sentido, Datafolha estima 39% para el dirigente progresista y 36% para el candidato del Partido Liberal.
En promedio, la diferencia entre ambos aspirantes al máximo cargo ejecutivo muestra una tendencia al acercamiento. A comienzos de septiembre se registraba una brecha de 5%, mientras que ahora se ubica en torno a 3%.
Si estos datos se confirman el próximo 4 de octubre, nadie alcanzará el 50% necesario para asegurar el triunfo y el país tendrá una definición en la segunda vuelta del 25 del mismo mes. El adelanto de las mediciones para este escenario indica un panorama aún más ajustado. En la encuesta de AtlasIntel/Bloomberg, el candidato de extrema derecha se impone con un 47,2% frente al 46,8% que lograría el mandatario Lula. Según Nexus, también habría un empate técnico, aunque con ventaja para el presidente (46% contra 45%).
En este caso, la volatilidad del voto a opciones electorales por fuera de los dos principales candidatos parece estar más definida: “En el comando de campaña de Lula esperan que, para tener muchas chances en la segunda vuelta, la diferencia sea de 10 puntos, porque todo el resto del electorado está con opciones de derecha; no existen colectoras de izquierda esta vez”, destaca Giuliano.
De todas formas, el analista matiza la efectividad de los sondeos anticipados para una segunda vuelta. “En la experiencia brasileña, hacer encuestas de segunda vuelta dos o tres semanas antes de la primera nunca tuvo correlación con la realidad”, reflexiona y recuerda que, desde 1989, nunca triunfó un perdedor del primer turno.
Una extensión de tu navegador parece estar bloqueando la carga del reproductor de video. Para poder ver este contenido, debes desactivarla en este sitio.
En este contexto, identifica un punto ciego para los sondeos. Se trata de los mayores de 60 años que podrían beneficiar a Lula con “una ola silenciosa de votos”. Es una población que “vive sola o lejos de los aparatos celulares” y que, aunque no tiene la obligación de ir a votar, esta vez podría optar por hacerlo porque en la memoria aún vive la desarticulación que hizo Bolsonaro del programa de farmacias populares, incluso la interrupción de entregas de pañales para adultos.
Ayudas sociales, soberanía y morosidad: los temas de Lula
Al igual que Jair Bolsonaro en plena campaña electoral de 2022, Luiz Inácio Lula da Silva anunció un aumento del 15% en el monto de Bolsa Familia, la principal ayuda social del Gobierno. Una medida esperada y previsible en contextos electorales. Algunos editorialistas la califican como un “jaque mate” del metalúrgico a su adversario, mientras que Flávio Bolsonaro afirma que es un acto de “desesperación”.
Pero la apuesta lulista del sprint final se concentra en el endeudamiento de las familias, principalmente con las casas de apuesta deportivas online. La morosidad es una realidad de gran magnitud en Brasil y en otros países de la región.
“Brasil no va a tolerar ese modelo de negocio” que “transforma el vicio en lucro, endeudando y destruyendo miles de hogares”, dijo el jefe de Estado durante su alocución en el marco de la Asamblea General de la ONU.
“Si se acaba el mercado regulado, las apuestas no acaban. El fútbol es el que acaba”, señala un comunicado conjunto firmado por clubes brasileños de fútbol. Estas empresas auspiciaron a 18 entidades deportivas de primera división en 2025, con una cifra que alcanza 1.142 millones de reales (unos 223 millones de dólares o 195 millones de euros). Para responder, el mandatario recuerda que no existía este tipo de financiamiento en las cinco oportunidades que la verdeamarela conquistó la Copa del Mundo.
¿Por qué Lula presiona con este tema en esta instancia preelectoral? “En 2024, la asociación de supermercadistas había hecho un estudio que decía que las familias dejaron de comprar alimentos, productos de higiene y ropa porque alguno de sus miembros estaba gastando el salario en apuestas”, cuenta el experto. Desde su perspectiva, esto es lo que detecta Lula e intenta mostrar cierta “humanidad” con las personas afectadas. Al mismo tiempo, también lo encuadra en una misión de jefe de Estado de regular a las plataformas, más allá de las “bets”.
La performance económica de la administración petista ofrece números de crecimiento y también de los salarios. El desempleo cae tres puntos y medio con respecto a la misma medición durante el mandato de su antecesor y la deuda alcanza el 80% del PBI.
Leer tambiénLula da Silva, el presidente octogenario que busca un cuarto mandato en Brasil
Pero existe un factor en el cual los parámetros no se cumplieron con respecto a los objetivos del presidente: “No logró colocar a la industria de la transformación por sobre la industria de la extracción. Es muy importante porque es el país con la mayor base industrial de América Latina”, estima el analista.
Por último, el principio de no injerencia, la defensa de la soberanía y las fricciones con Donald Trump también juegan como un estandarte de campaña que busca desacreditar el rol de los Bolsonaro en estos altercados y lograr cierta adhesión nacionalista que parecía tener más eco en la propuesta bolsonarista, cuando inundaban sus actos con indumentaria de la selección de fútbol.
Flávio y el milésimo bolsonarista
Las elecciones de 2022 en Brasil significaron la derrota de Jair Bolsonaro; pero, al mismo tiempo, consolidaron al bolsonarismo como una corriente con gran capacidad de influencia en la sociedad brasileña.
La condena y la prisión del expresidente no alteran este escenario. El apellido tiene peso propio. Entonces, es Flávio, hijo de Jair, el candidato elegido para intentar con votos lo que no se consiguió el 8 de enero de 2023, durante el asalto al Palacio del Planalto. El experto consultado considera que “el bolsonarismo es la mayor fuerza política de Brasil” porque “la victoria de Lula por menos de un punto en 2022 prácticamente no modificó el escenario. El bolsonarismo ha quedado firme al lado de Bolsonaro”.
No obstante, Flávio es el hijo de Jair, no es el expresidente. Su designación genera dudas sobre si logrará retener la base electoral de su padre.
“Llega en las encuestas mucho mejor de lo que se esperaba”, explica Giuliano y añade que el elector no le presta atención al caso de corrupción en el que él se ha visto involucrado.
Una extensión de tu navegador parece estar bloqueando la carga del reproductor de video. Para poder ver este contenido, debes desactivarla en este sitio.
Bolsonaro hijo suma un matiz ausente en la gestión y en la retórica de su progenitor. “Tiene un plan más libertario que el de su papá”, adelanta el especialista. El presidente de su país vecino del sur, el argentino Javier Milei, se erige como una figura de referencia que irradia a todo el equipo económico del candidato.
Una constelación de medidas similares a las del mandatario argentino irrumpen como consignas de campaña: fin de la negociación salarial paritaria, reducción drástica de los presupuestos para salud y educación y baja de impuestos. La iniciativa se condensa en una propuesta de derogación de 1.000 normas que, según el aspirante, afectan la libertad de la economía.
La probada relación de los Bolsonaro con el inquilino de la Casa Blanca también se presenta como un activo en la campaña. La promesa invita a pensar que, sin Lula, Brasilia retomaría las buenas relaciones con Washington y quedarían en el pasado las sanciones arancelarias. Iniciativa a la cual los lulistas suelen recordar que fue la familia del exmandatario la que solicitó la aplicación de tarifas.
La venta de buenos vínculos con la Casa Blanca tiene una opción con algo que funciona en otros comicios de la región. Las encuestas identifican como principal preocupación de los brasileños la falta de seguridad ciudadana. Flávio Bolsonaro presenta la calificación como organizaciones terroristas de los grupos del crimen organizado por parte de Estados Unidos como una respuesta a esa preocupación.
