N. YORK: PRM pagará precio por no renovarse (OPINION)

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El autor es politólogo y teólogo. Reside en Nueva York

Nueva York ha sido más que una ciudad para la comunidad dominicana; es su capital financiera y política. Allí se concentra una masa que envía divisas para hacer crecer el PIB y es electoralmente influyente, en la República Dominicana.

Ningún partido puede ignorar que es decisiva, consciente, educada y exigente, pero parece que el Partido Revolucionario Moderno (PRM) no lo comprende.

Los datos del 2024, según la Junta Central Electoral (JCE), confirmaron que 863,785 dominicanos estaban habilitados para votar en el exterior, hoy son más, y dentro de ese universo Nueva York lidera con 275,350 electores registrados. Esta cifra supera el padrón de varias provincias: Puerto Plata (258,042), Dajabón (52,824), Elías Piña (45,337), Independencia (38,238) y Pedernales (19,720). Solo Nueva York, por sí sola, constituye un bloque electoral mayor que estas y otras.

La magnitud de la comunidad dominicana en el exterior representa un peso político fuerte que obliga a cualquier líder a reconsiderar sus estrategias y capacidad de adaptación.

Ignorar esta fuerza es comprometer la propia competitividad electoral.

La política, y la vida como tal, exigen ajustes, previsiones y renovación.

Porque las estructuras físicas o sociales que no se transforman se desgastan, y las que se aferran al pasado terminan perdiendo el presente. Esto es una ley.

En Nueva York, principalmente, el PRM enfrenta este dilema: una dirigencia que, en muchos casos, luce repetida, cansada, arrugada por los años de sacrificios, cerrada y desconectada conceptualmente de la nueva dinámica sociocultural.

Quiero precisar que el problema no se trata exclusivamente de nombres, sino de visión…

Actualidad

Los dominicanos hoy no son los de hace 30 años. Nuestra comunidad cuenta con electos en el Congreso, la Asamblea y en la Alcaldía del Estado, solo citando a Nueva York, y ha alcanzado significativos niveles de prosperidad financiera y educativa, con presencia en las principales instituciones públicas y privadas; y, demás está decir, en la alta tecnología y la moda, etc…

Hay una generación que ya no vota por tradición, sino por representación y afinidad. Y cuando no se siente parte, simplemente se aparta; es lo que ha estado pasando.

Por tanto, hay que abrir espacios para los jóvenes, académicos, asociaciones gremialistas de profesionales e intelectuales; esa es la clave.

Se trata de aprender a soltar y a pasar la antorcha, permitiendo una hibridación entre los liderazgos nuevos, que están conectados a los requerimientos de los hipermodernos, y soldarlos con las experiencias de los veteranos, que construyeron el camino aspectos que no se pueden ignorar.

Ese sacrificio tiene que ser reconocido, y así se garantiza continuidad, innovación, renovación y conexión con la comunidad.

Desconexión

Ahí radica el principal problema del PRM en Nueva York: la desconexión.

Mientras la comunidad evoluciona, crece y avanza, el partido opera bajo esquemas anacrónicos, con estructuras que no reflejan la diversidad ni la complejidad del exterior.

La política comunitaria ya no se construye solo con “reuniones cerradas”, “acuerdos internos” o exclusiones; se construye en las calles, en las escuelas, en las organizaciones culturales, de reclamos civiles, y en los medios electrónicos, creando empatía.

No podemos dejar de mencionar la indisciplina y, con ello, la debilidad organizativa, algo muy preocupante.

Ese partido —PRM— no tiene capacidad de análisis multidisciplinario y crítico. Hay que sacarlo de la caja cuadrada como la pintura de Bacon. La ausencia de esa capacidad analítica, crítica y reflexiva erosiona la confianza. No puede seguir siendo un Kandinski sangrando y melancólico siempre.

Un partido no puede aparecer cada cuatro años pretendiendo capitalizar un respaldo que no ha abonado.

La política exige permanencia, coherencia y cercanía.

Y, peor todavía, es la sobreconfianza que suele acompañar el ejercicio del poder. Gobernar en República Dominicana no garantiza respaldo automático en el exterior. La diáspora tiene su propia lógica, prioridades y criterio. Ignorar esto es un error táctico que se paga en las urnas. El PLD conoce de eso.

Entre los dirigentes que operan desde Santo Domingo circula la teoría de que: “un partido en el gobierno no debe hacer convenciones porque se divide”. Esta premisa es falsa y peligrosa, porque paraliza los procesos de crecimiento, renovación y fortalecimiento que tiende arrastrar a la base y dirigencia media al anquilosamiento.

La evidencia es clara: los partidos se dividen por no escuchar, no por abrir espacios internos, y por la falta de actualización organizativa.

La experiencia nos debe conducir a la apertura de nuevos liderazgos, y la democratización interna.

Ignorar la necesidad de reestructuración es asumir un riesgo que puede traducirse en pérdida de apoyo y relevancia política para 275 mil inscritos.

Quien no entienda esto, queda fuera del juego.

El PRM puede, todavía, escuchar y corregirse en el camino, sabiendo que esto implica abrirse a lo nuevo y reconectarse con las organizaciones comunitarias. Sin maquillaje.

Porque la verdad es simple: los partidos no pierden elecciones únicamente por la fortaleza de sus adversarios, sino también por sus propias debilidades.

En Nueva York, el mayor riesgo del PRM no es la oposición, sino su propio desinterés e incapacidad para reestructurarse, lo que lo condenará a pagar el precio de no renovarse.

jpm-am

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