«Ya está abierto». Con este histórico mantra, el alcalde de Múnich, Dominik Krause, inauguró el primer barril de la 191ª edición del festival de cerveza más célebre del planeta, el Oktoberfest, este sábado 19 de septiembre.
Miles de juerguistas irrumpieron por la mañana en las carpas de cerveza del recinto ferial Theresienwiese para conseguir un buen sitio en los bancos. Tras la apertura de las puertas, poco después de las 9:00, los primeros asistentes protagonizaron una carrera frenética por llegar hasta la primera línea.
Ellas, vestidas con los trajes bávaros tradicionales —’dirndls’—, y ellos, con los folclóricos ‘lederhosen’ —compuesto de pantalones de cuero y tirantes—, comenzaron a cantar y bailar al ritmo de la música, mientras la espuma de la cerveza rebosaba el límite de las jarras.
Se espera la llegada de unos seis millones de visitantes al evento, que se prolongará durante 16 días, hasta el 4 de octubre. La mayoría de asistentes procede de Múnich y del sur de Alemania. Sin embargo, millones de personas viajan desde otras partes del país y del resto del mundo.
Tras un leve incremento en los precios, el litro de cerveza rondará los 15 euros. Para acompañar la bebida, las mesas se llenaron de pretzels, asados de cerdo y salchichas.
Una de las visitantes foráneas es Ava Laboncher, quien viajó desde Estados Unidos y se declaró encantada de formar parte de las celebraciones. «Me encanta, el ambiente es increíble, es fantástico», explicó a la agencia AP.
Ben Dawson, de Nueva Zelanda, llegó con la intención de cumplir dos promesas: beber mucha cerveza «y probablemente emborracharme», y «volverlo a repetir mañana».
Cámaras con IA, entre las nuevas medidas de seguridad
Después de que el festival del año pasado tuviera que cerrar temporalmente debido a la masificación, las autoridades alemanas reforzaron las medidas de seguridad con la instalación de cámaras con inteligencia artificial para detectar grandes aglomeraciones, según detalló la agencia de noticias alemana DPA.
Además, se prohibieron los cuchillos, los bolsos de grandes dimensiones y los objetos voladores, especialmente los drones. También se realizaron controles de acceso y no se permitió fumar marihuana.
Unos 600 agentes de policía fueron desplegados en los alrededores del festival, además de unidades de la policía antidisturbios bávara, investigadores especializados en carterismo y grupos de trabajo internacionales de ocho países.
Durante las más de dos semanas que dura el festival, la explanada del Theresienwiese se convierte en una ciudad de atracciones con norias y montañas rusas. Aunque con más de una cerveza en el cuerpo, algunos seguramente preferirán abstenerse de tanta adrenalina y optarán por quedarse en las carpas para disfrutar de una jarra más.
Con AP y medios locales
