August Hanning y Manfred D., que solo aparece identificado de esa forma en los documentos judiciales. El primero, exdirector de inteligencia de Alemania. El segundo, su jefe de gabinete y también el de otros directores subsiguientes después de él.
Los dos están acusados de haber compartido más de 2.000 archivos clasificados para un servicio de inteligencia extranjero a cambio de dinero, en lo que podría convertirse en la mayor filtración de documentos desde la Guerra Fría.
Espionaje, alta traición y obtención de información clasificada para una potencia extranjera. Esos son los delitos por los que serán investigados luego de su detención preventiva, en un nuevo escándalo de vulneración de la inteligencia nacional alemana que arroja dudas sobre la seguridad de este servicio.
August Hanning, de 80 años y arrestado por decisión judicial desde el 7 de octubre, fue director del Servicio Federal de Inteligencia (BND) entre 1998 y 2005. Durante ese tiempo, Manfred D., de 64 años, detenido este miércoles 7, fue su asistente personal.
De acuerdo con las investigaciones de la Fiscalía, los dos hombres acordaron en 2010 que el segundo proporcionaría a Hanning información clasificada, a cambio de un pago.
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Como resultado de ese convenio, entre 2012 y 2026, Hanning recibió más de 2.000 archivos de inteligencia filtrados por Manfred D., algunos de ellos con secretos de Estado que luego aparecían en informes redactados por el servicio de consultoría privado por el que era contratado por gobiernos extranjeros.
En un caso, la acusación no ha logrado demostrar si el análisis “llegó a su destinatario previsto”, pero en otro “se alega que Hanning transmitió información tras un extenso intercambio, también con un empleado de otro servicio de inteligencia», según un portavoz de la Fiscalía.
Aunque los reportes oficiales no revelan el país implicado, versiones de prensa informan que se trata de Azerbaiyán.
El Gobierno de Bakú rechaza esas vinculaciones y un comunicado del Consejo de Medios de Prensa azerbaiyano asegura que «la difusión de este tipo de materiales noticiosos sin citar a fuentes oficiales es inadmisible y es una manipulación de la información».
Leon Kruse, abogado de Hanning, también rechaza las acusaciones, a pesar de que al momento de su detención en el distrito de Nordwalde, en el oeste del país, y durante el allanamiento de inmuebles relacionados con él en Berlín, se confirmó que tenía en su poder documentos confidenciales.
«Mi cliente está siendo procesado injustamente», aseguró Kruse en declaraciones a la agencia DPA, agregando que “la acusación de que transmitió información contenida en ellos en detrimento de Alemania — y mucho menos a cambio de un pago — carece de fundamento”.
Se desconoce el contenido de los informes incautados a Hanning, cuya naturaleza no será revelada por la fiscalía, de acuerdo con su portavoz, Ines Peterson.
Gobierno también al descubierto
El caso de Hanning quedó al descubierto casi por accidente. De acuerdo con medios locales, salió a la luz en medio de una investigación diferente, que buscaba determinar si la heredera de una cadena de restaurantes, Christina Block, había orquestado el secuestro de sus dos hijos menores de edad en 2023, en medio de una disputa por la custodia.
La Policía intentaba esclarecer si Hanning había estado involucrado en una tentativa anterior de secuestrar a los niños, y al analizar un dispositivo de almacenamiento encontraron documentos confidenciales del BND.
Este nuevo escándalo deja en entredicho la fiabilidad de los servicios de inteligencia de Alemania, así como las capacidades del personal a cargo una vez que abandonan los cargos, como fue el caso de Hanning.
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Sebastian Hille, portavoz del canciller alemán Friedrich Merz, prometió en declaraciones a los medios “analizar la situación y llegar al fondo”.
«El Gobierno federal se toma este caso extremadamente en serio y está brindando pleno apoyo a las autoridades investigadoras», afirmó Hille, que agregó: «Debemos esperar los resultados de la investigación para determinar si se necesitan cambios» en el funcionamiento y control de los servicios de inteligencia del país.
Pero esos cambios ya están siendo reclamados. Varios políticos han comenzado a demandar prohibiciones más estrictas para evitar que funcionarios de inteligencia puedan realizar trabajos de consultoría una vez que abandonen sus cargos.
Marc Henrichmann, diputado nacional por la Unión Demócrata Cristiana (el partido de Merz) y presidente del comité parlamentario que supervisa a las agencias de inteligencia, reconoció que esta brecha de seguridad ha conmocionado tanto a Alemania como a la comunidad de inteligencia internacional.
Sin embargo, mostró su convicción de que puedan contactar con agencias extranjeras aliadas para restaurar la confianza en Berlín. «Aunque esto ha causado bastante revuelo, estoy bastante seguro de que los servicios alemanes gozan de una reputación muy alta a nivel internacional», aseguró.
Al momento de producirse este escándalo, el Gobierno alemán estaba trabajando en una reestructuración que busca ampliar los poderes de las agencias de inteligencia nacionales para contrarrestar intentos de sabotaje y hackeo, en respuesta a la amenaza que podrían suponer potencias como Rusia o el extremismo.
Esta reestructuración buscaba fortalecer tanto al BND como a su agencia hermana BfV para hacerlas menos dependientes de la inteligencia de sus aliados de la Unión Europea.
No es el primer caso
Alemania ya ha estado envuelta en escándalos por vulneraciones de sus servicios de inteligencia en tiempos recientes.
En 2022, otro exempleado del BND, Carsten L. (identificado así en los informes de la fiscalía), supuestamente entregó documentos internos al servicio de inteligencia ruso, el FSB, con ayuda de un intermediario.
El hombre sigue siendo sometido a juicio, en un caso que el director del BND en ese momento, Bruno Kahl, ha asegurado que ocasionó “daños graves” al servicio alemán.
Se cree que recibió 450.000 dólares por compartir información de inteligencia sobre la guerra en Ucrania y sobre el grupo Wagner.
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En 2014, se descubrió que otro empleado del BND, Markus R., era en realidad un espía de la CIA que había filtrado más de 200 documentos a la agencia de inteligencia estadounidense, lo que le acarreó una condena de ocho años de prisión en 2016.
Pero el mayor de esos escándalos se remonta a la época de la Guerra Fría, cuando Günter Guillaume, un agente de la extinta Alemania Oriental se infiltró en el sistema político de Alemania Occidental, con la orden de recopilar información para la Stasi, el servicio secreto de Berlín.
Guillaume llegó a ser secretario del canciller Willy Brandt y el descubrimiento de que reportaba para el otro lado del Muro llevó a la caída del Gobierno de Bonn en 1973.
Con AP, Reuters y EFE
