Sierra Leona: ¿de diamantes de sangre a piedras de esperanza?


Hace 25 años arrancaron las negociaciones del Proceso de Kimberley, una iniciativa internacional destinada a frenar el comercio de los llamados diamantes de sangre, vinculados a conflictos como la guerra civil de Sierra Leona. Bajo la presión de las denuncias sobre su papel en estas guerras, la industria diamantífera emprendió una campaña para recuperar su credibilidad, con la promesa de impulsar un comercio más ético y convertir los diamantes en una fuente de desarrollo para los países productores. Pero, un cuarto de siglo después, la pregunta sigue abierta: ¿han contribuido realmente estos diamantes a mejorar la vida de las comunidades de las que se extraen? En Boleto de Vuelta, seguimos la pista a la promesa de una industria más responsable y exploramos qué hay detrás del brillo de los diamantes.

Violaciones, mutilaciones y miles de niños secuestrados y obligados a luchar: la guerra civil en Sierra Leona, entre 1991 y 2002, cobró más de 120.000 vidas y dejó a miles de civiles mutilados. También puso de manifiesto un comercio sangriento: el de los «diamantes de sangre».

Hace veinticinco años, se iniciaron las negociaciones del Proceso de Kimberley, con el objetivo de crear un sistema internacional y poner fin al comercio de diamantes de sangre. Esta economía paralela generó, según estimaciones, hasta 125 millones de dólares anuales durante el conflicto. Estas piedras se convirtieron en la principal fuente de financiación y en un símbolo de la complicidad de las corporaciones occidentales en esta guerra civil, que acaparó titulares en todo el mundo.

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Esto ha llevado a la industria mundial del diamante, ampliamente criticada, a cambiar de rumbo y recuperar su imagen. Mediante el Proceso de Kimberley, los principales países productores y los grupos internacionales del diamante han establecido estándares de control de origen para evitar que la historia se repita.

Un cuarto de siglo después, la industria vende una imagen de cadenas de suministro éticas y piedras orientadas al desarrollo que benefician tanto a las grandes corporaciones como a las comunidades locales. Este cambio radical se promueve intensamente en las comunicaciones de las principales compañías diamantíferas del mundo. Pero en la región de Kono, al este de Sierra Leona, antiguo epicentro de la guerra civil, ¿se han convertido realmente los diamantes en sinónimo de desarrollo?.

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