Las Fuerzas Democráticas Sirias (FDS), una alianza armada multiétnica liderada por milicias kurdas y respaldada por Estados Unidos, proclamaron su «disolución como fuerza militar independiente» en la noche del martes 25 de agosto, según anunció el comandante del grupo, Mazloum Abdi. El grupo se fusionará con el Ejército sirio, lo que pone «fin a su misión» como cuerpo paraestatal, detalló Abdi en una rueda de prensa desde el palacio presidencial.
En marzo de 2025, las FDS firmaron un acuerdo con el Gobierno para integrarse en la institución castrense, al tiempo que las autoridades civiles que gestionaban el territorio del norte y noreste sirio bajo control del grupo se disolvían en las entidades estatales.
Las Unidades de Protección Popular Kurdas, que constituían el núcleo de las FDS, ya se habían vinculado a las fuerzas estatales y su comandante, Sipan Hamo, fue nombrado en marzo viceministro de Defensa para los territorios orientales del país. No obstante, la implementación total del pacto se retrasó en varias ocasiones debido a desacuerdos sobre varios puntos.
La fuerza de mayoría kurda llegó a controlar de facto una zona autónoma en el noreste de Siria, pero perdió aproximadamente el 80 % de su territorio tras una ofensiva gubernamental en enero de 2026.
“Las FDS tuvieron una gran responsabilidad durante uno de los períodos más difíciles de la historia de Siria”, destacó Abdi, antes de reconocer que «las circunstancias han cambiado y el país ha entrado en una nueva fase, una de paz y participación en la construcción de una nueva Siria».
El fin de las FDS marca la culminación de ocho meses de negociaciones estancadas y turbulentas y el cierre del capítulo kurdo de la guerra civil. El anuncio de Abdi desde el Palacio del Pueblo de Damasco se produjo dos días después de que Washington retirara formalmente a Siria de su lista de Estados patrocinadores del terrorismo, poniendo fin a una designación de 47 años.
Las FDS fueron el principal socio de Estados Unidos en la lucha contra el autodenominado Estado Islámico. No obstante, tras el derrocamiento del expresidente sirio Bashar al-Assad en diciembre de 2024, Washington tendió la mano con el nuevo gobierno de Damasco, liderado por el presidente interino Ahmad al-Sharaa, antiguo líder de un grupo insurgente islamista.
Tras el cambio de mando, los kurdos se mostraron recelosos con al-Sharaa y reacios a renunciar a su autonomía de facto, dado que algunos de los grupos insurgentes que participaron en la ofensiva que derrocó a Assad eran fuerzas respaldadas por Turquía, que se habían enfrentado a las FDS en el pasado.
Ankara consideraba a las FDS una organización terrorista debido a sus vínculos con el Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK), un grupo separatista que se enfrentó al Estado por décadas antes de embarcarse en un proceso de paz que está en curso actualmente. Turquía lanzó múltiples intervenciones militares contra los kurdos en Siria, como ‘Escudo del Éufrates’ en 2016, ‘Rama de Olivo’ en 2018 y ‘Manantial de Paz‘ en 2019.
El oficialista Partido AK de Turquía celebró este martes el anuncio de las fuerzas kurdas a través de su portavoz, Omer Celik, quien escribió en la red social X que «con la disolución de las FDS se ha superado un umbral importante en lo que respecta al fortalecimiento de la unidad interna de Siria».
Lucha contra la desconfianza
Durante las cinco décadas de gobierno de la dinastía Assad en Siria, los kurdos fueron marginados hasta el punto de que a muchos se les negó la ciudadanía. Incluso, se prohibieron las celebraciones públicas de la festividad de Nowruz, un antiguo festival persa de año nuevo que se celebra en primavera y que también es festejado por el pueblo kurdo en Turquía, Irak e Irán.
Poco después de que comenzara el levantamiento contra el gobierno de Assad en 2011, que dio paso a la guerra civil, los kurdos ocuparon amplias zonas del noreste de Siria tras la retirada de las fuerzas gubernamentales. Las FDS alcanzaron a controlar cerca del 25% del territorio sirio, abarcando los fértiles campos del noroeste y los principales yacimientos petrolíferos de Deir al Zur (este).
En todo ese territorio, conocido por los kurdos como Rojava, crearon su propia administración civil autónoma, al margen del Gobierno central de Damasco, con el confederalismo democrático, la sostenibilidad ecológica y la equidad de género como estandartes, otorgando a las mujeres un papel más relevante en las instituciones y el frente de batalla.
Tras la caída de Assad, el Gobierno de Ahmad al-Sharaa intentó aliviar los temores de los kurdos sobre su representación en la nueva Administración, liderada por árabes sunitas. Para ello, durante las negociaciones de alto el fuego con las FDS, emitió un decreto que reforzaba los derechos kurdos, que convirtió al kurdo en idioma oficial junto con el árabe y adoptó el Nowruz como fiesta nacional. Además, restituyó la ciudadanía a decenas de miles de kurdos en la provincia nororiental de Hassakeh, a quienes se les había retirado durante el censo de 1962.
El comandante de las FDS, Mazloum Abdi, afirmó este martes que al-Sharaa había prometido que los kurdos tendrían derecho a la educación en su propio idioma, una cuestión importante para esa población.
La historia de las FSD comenzó en octubre de 2015, en el momento más oscuro de la guerra siria y en pleno auge de la expansión del grupo terrorista Estado Islámico (EI), que impuso su califato en territorio sirio e iraquí poblado ampliamente por kurdos.
Como respuesta a la eclosión del EI, diversas milicias locales, enfrentadas a su vez con el gobierno de Bashar al-Assad, decidieron unificar sus fuerzas bajo una misma bandera. Así, kurdos, árabes, asirios, siríacos y turcomanos conformaron las FDS, con el respaldo militar y financiero de Estados Unidos.
Un paso hacia la unificación nacional
El anuncio de este martes dejó algunos interrogantes en el aire, como el futuro de las unidades de combate exclusivamente femeninas de las FDS, cuya integración en el ejército parece incompatible con el espíritu conservador de algunos líderes de Damasco, quienes se oponen a la participación de las mujeres en combate.
Pese a ello, el éxito del acuerdo de integración supone un importante impulso para la política de unificación nacional del gobierno de Ahmed Al-Sharaa, como parte de la recuperación de una guerra civil de casi 14 años y décadas de aislamiento.
Actualmente, la mayor parte del país se encuentra bajo el control del gobierno central, a excepción de la provincia de Sweida, en el sur de Siria, controlada actualmente por facciones drusas hostiles al Estado. Estas milicias reciben apoyo de Israel, que también ocupa una franja de tierra en el sur de Siria, cerca de la frontera con los Altos del Golán, territorio anexionado por Israel.
En 2025, combatientes afines al gobierno sirio lanzaron ataques sectarios de represalia contra civiles drusos.
Un funcionario del gobierno sirio, que habló con la agencia EFE bajo condición de anonimato, presentó el acuerdo con las FDS como un modelo a seguir y no como un caso excepcional.
«A todas las regiones se les ha ofrecido el mismo camino: la plena participación en las instituciones del Estado, a cambio del reconocimiento de una soberanía y un ejército únicos. Quienes aceptan se integran en el Estado. Quienes se niegan eligen el aislamiento, no al revés», expresó.
Con AP, Reuters y EFE
