Equilibristas. El embajador de Estados Unidos en México, Ronald Johnson, evocó una frase que, según dijo, le compartió la presidenta mexicana, Claudia Sheinbaum, cuando ambos se reunieron por primera vez: “La relación entre nuestros dos países es como un matrimonio, pero no podemos divorciarnos”. Con esa metáfora, el diplomático ilustró el carácter inevitable —y a veces conflictivo— de la interdependencia entre las dos mayores economías de América del Norte.
Durante su participación este miércoles en la 109ª asamblea general de socios de la American Chamber México, Johnson subrayó lo que describió como una “cooperación histórica” entre los gobiernos de Donald Trump y Claudia Sheinbaum. Destacó avances tangibles en temas sensibles como seguridad, combate al narcotráfico y control de la migración. Sin embargo, pese al tono conciliador del discurso oficial, especialistas consultados por France 24 advierten que el vínculo bilateral atraviesa por una etapa marcada por tensiones crecientes y una complejidad política cada vez más visible.
El episodio más reciente de fricción entre la presidenta mexicana, Claudia Sheinbaum, y su homólogo estadounidense se produjo el fin de semana, cuando Donald Trump difundió en Truth Social, su red social, una captura de pantalla de un mensaje de usuario que cuestionaba con tono irónico la negativa de México a aceptar apoyo militar de Washington para combatir a los cárteles. La publicación retomaba un argumento recurrente del mandatario estadounidense sobre la situación de seguridad en el país vecino.
El intercambio tiene su origen en la respuesta que Sheinbaum dio el pasado 9 de marzo: “Así es, dijimos que no. Orgullosamente, no”. El mensaje compartido por Trump planteaba entonces: “¿Y así dice que no son un narco-gobierno?”. Desde un acto público en Tecomán, en el estado de Colima, la mandataria reiteró el viernes pasado su postura: “la soberanía no se negocia”. Poco después, el republicano volvió a cuestionar la decisión de su contraparte mexicana: “Ella no debió haber rechazado mi ayuda”.
Soberanía discursiva vs. estrategia electoral
Para la doctora Arlene Ramírez Uresti, profesora del departamento de relaciones internacionales de la Universidad Iberoamericana, los roces actuales son el síntoma de un enfriamiento diplomático acumulado desde el sexenio pasado, que ha dejado a México con una mermada capacidad de «picaporte» (capacidad de interlocución) en Washington. Según la académica, mientras el Gobierno de Sheinbaum refuerza internamente un discurso de soberanía para su base electoral, la realidad operativa es distinta. “Hubo un distanciamiento evidente entre los dos países y el enfriamiento diplomático hoy tiene como resultado esto, cuando hay estos alejamientos diplomáticos se empiezan a ver frentes de conflicto innecesarios”, afirma.
Ramírez Uresti cuestiona, asimismo, la narrativa oficial sobre la cooperación bilateral. “Se habla mucho de la soberanía y se habla mucho de que no se hace lo que Estados Unidos requiere, pero la realidad es otra. Desde hace mucho que entre México y Estados Unidos no hay en realidad una verdadera cooperación”, dice.
Desde su perspectiva, el discurso de la soberanía cumple una función política interna. “Lo que estamos escuchando por un lado de la presidenta de México es un intento por reforzar en su base electoral y en su voto duro un discurso acerca de la soberanía”. En ese escenario, agrega, el papel de México en la estrategia global de Washington también ha cambiado. “México hoy más que ser un actor estratégico de la política de Estados Unidos, se ha convertido prácticamente en un pivote que libera atención”.
Por su parte, Paulina Barrera, investigadora del Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM, sostiene que el endurecimiento del discurso de Trump hacia México debe leerse ante todo como una estrategia de presión política y económica. A su juicio, el enfoque no puede limitarse a las acusaciones de “narcoterrorismo”, sino que requiere observar una agenda más amplia. “Una de las pistas que nos permite entender más allá de la aparente irracionalidad de un socio comercial tan importante como Estados Unidos es seguir la ruta de interés económico”.
En cuanto al impacto del discurso reiterado de Trump sobre los cárteles, Barrera advierte que la repetición cumple una función estratégica. “Yo creo que la repetición constante le sirve para justificar medidas que serían injustificables en algún momento”, afirma. “Por un lado le sirve de presión y por el otro lado sirve para anticipar, para tomar algunas medidas que parecen extraordinarias”, explica.
Johnson, el embajador estadounidense, subrayó que la agenda de seguridad compartida se traduce hoy en acciones coordinadas frente a amenazas transnacionales. “Nuestros gobiernos están trabajando juntos para detener el tráfico de fentanilo, interrumpir el uso de armas de fuego ilícitas, combatir el tráfico de seres humanos y afrontar juntos la inmigración ilegal”, afirmó al destacar el alcance de la cooperación bilateral.
De acuerdo con el diplomático, esa coordinación ya está generando efectos visibles en ambos lados de la frontera. Sostuvo que se ha logrado la frontera “más segura de la historia”. También aseguró que “las muertes relacionadas con el fentanilo en Estados Unidos continúan disminuyendo mensualmente”, en lo que presentó como evidencia de los resultados de esta estrategia conjunta.
“Para alguien como Trump, el que le demuestres esas cosas, siempre va a ser insuficiente»: Barrera
En su más reciente informe, el secretario de Seguridad y Protección Ciudadana, Omar García Harfuch, presentó resultados acumulados desde el 1 de octubre de 2024 hasta finales de febrero e inicios de marzo de 2026. Según él, 46.400 personas han sido detenidas por delitos de alto impacto, mientras que el Gobierno reporta una reducción de 44% en el promedio diario de homicidios dolosos respecto a septiembre de 2024, atribuida a la estrategia de detenciones y decomisos. En ese mismo periodo, las fuerzas federales han asegurado más de 346 toneladas de droga, incautado alrededor de 24.000 armas de fuego y desmantelado 2.318 laboratorios clandestinos, principalmente vinculados a la producción de metanfetaminas.
“Para alguien como Trump, el que le demuestres esas cosas, siempre va a ser insuficiente porque en realidad, el interés no es que la situación mejore solamente, sino tener un pie dentro del control del territorio y de los recursos”, replicó Barrera.
“Creo que hoy más que nunca es difícil hablar de una relación bilateral en términos de cooperación y creo que eso ya se empieza a dejar sentir”, reitera Arlene Ramírez.
Para Carlos A. Pérez Ricart, investigador del Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE), se trata del “enésimo round” entre “dos maneras de ver el mundo y de ver América del Norte”, que por ahora no se ha traducido en consecuencias concretas en materia de seguridad. A su juicio, ambos gobiernos actúan principalmente bajo lógicas de política interna: “Trump, por supuesto, pensando en las elecciones de noviembre y Sheinbaum manteniendo la cabeza fría, también dando un mensaje de tranquilidad al interior”, afirma.
El investigador del CIDE asegura que México intenta administrar los tiempos mediante «ofrendas» tácticas —como capturas de líderes criminales o extradiciones— que funcionan como concesiones para frenar una escalada mayor antes de las elecciones estadounidenses de noviembre.
“Ya se sabe que las métricas de Washington no son las métricas de éxito de México”, advierte. Las detenciones o golpes al crimen organizado que exige Estados Unidos, como la reciente captura de alias El Mencho, pueden generar desestabilidad dentro del país, lo que obliga al gobierno a actuar con cautela. «México hoy tiene la relación más complicada en el mundo frente a Estados Unidos. Las exigencias van a crecer conforme avance el calendario», agrega, y explica que la presidenta mexicana debe avanzar “con mucho cuidado” tanto en su política interna como en su proyección internacional.
«Se mueve en un margen pequeñísimo. A veces cuando pienso en Sheinbaum, pienso en un equilibrista que necesita mantener demasiados equilibrios a la vez, internos y externos”, concluye.
Ante la revisión del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá, T-MEC, en curso, la fricción entre ambos mandatarios subida de tono amenaza con volverse una factura real. En este complejo vínculo bilateral, el riesgo es que la soberanía discursiva termine por quebrar el único matrimonio que México no puede permitirse disolver.