Estudio demuestra cómo un simple cambio en tus hábitos de sueño puede mejorar tu desempeño académico


Los beneficios de dormir bien, entre siete y ocho horas al día, son muchos y en WIRED hemos abordado algunos. Los perjuicios de dormir mal, menos de seis horas al día, también son muchos y, de igual manera, te hemos explicado algunos. Ahora te vamos a contar de otro estudio que se suma a la lista de beneficios: tiene que ver con la escuela. Quizás no sea sorprendente escuchar que si te desvelas para un examen, tu calificación podría verse afectada por la falta de descanso. Sin embargo, no había evidencia científica aún que respaldara una relación causal entre dormir bien y el desempeño académico. Hasta ahora.

Un estudio publicado recientemente en la revista Journal of Political Economy reclutó a más de 1,100 estudiantes de Estados Unidos para indagar dos cosas: la primera consistía en examinar si los incentivos económicos son capaces de modificar los hábitos cotidianos de sueño de estos jóvenes, y la segunda, y más interesante, era ver si estas alteraciones en su higiene del sueño se traducían en algún cambio en sus calificaciones finales.

Antes de sumarse al estudio, los alumnos dormían un promedio de 6.6 horas por noche, nada fuera de lo ordinario en un ambiente universitario. Alrededor de la mitad tenía la costumbre de irse a la cama después de la 1:00 am, y uno de cada cuatro se dormía después de las 2:00 am. Apenas un 15% llegaba a dormir más de 7 horas al menos una vez por semana. Estudiantes, pues.

El examen del sueño

Los voluntarios fueron divididos en dos grupos: el grupo de control y el grupo de los incentivos. Mientras el grupo de control mantuvo sus hábitos cotidianos de sueño, el grupo de los incentivos recibió un wearable tipo pulsera llamado Fitbit. Esta tecnología monitorea horas de sueño y viene acompañada por una app que sirvió para emitir recordatorios diarios para dormir, recibir retroalimentación en tiempo real y notificar de los pagos digitales de 4.75 dólares por noche (literalmente un trabajo de ensueño).

A través de la app, los investigadores evaluaron cómo las diferentes combinaciones de señales, retroalimentación e incentivos afectaban tanto el sueño a corto plazo como los hábitos a largo plazo. Además, los participantes completaron encuestas semanales sobre el uso del tiempo, su salud mental y su rendimiento cognitivo, incluyendo pruebas de creatividad y resolución de problemas.

“Este fue uno de los experimentos de campo sobre el comportamiento más completos jamás realizados en relación con el sueño”, dijo Osea Giuntella, coautor del estudio e investigador de la Universidad de Pittsburgh, en un comunicado difundido por esta casa de estudios. “Al integrar tecnología portátil, incentivos en tiempo real y mediciones psicológicas, pudimos observar tanto la formación de hábitos de sueño como su impacto educativo”.

Como era de esperarse, los estudiantes que recibieron pagos por dormir, pues sí, durmieron más. Los incentivos incrementaron en un 26% la proporción de noches con siete o más horas de sueño, con un incremento de 19 minutos de sueño por noche. Incluso después de que finalizó el periodo de pagos y recordatorios, se siguieron observando mejoras menores pero duraderas de unos 8 minutos por noche, lo que demuestra que los incentivos lograron formar un hábito.

Lo que fue más llamativo del estudio fue que los estudiantes del grupo de incentivos también obtuvieron entre 0.075 y 0.089 puntos más en sus calificaciones ese semestre (lo que en Estados Unidos se conoce como el grade point average, que es un cálculo del promedio de todas las calificaciones).

“Nuestros resultados demuestran que ayudar a los estudiantes a dormir más —y a dormir mejor— puede mejorar el rendimiento académico con la misma eficacia que las intervenciones académicas tradicionales, pero a una fracción del coste”, dijo Giuntella.

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