Escándalo de la UNAM: la lección que deja el examen de ingreso en línea de la mayor universidad de México


Durante tres días, la explanada del Palacio de los Deportes, un lugar conocido para conciertos masivos en Ciudad de México, se transformó en una gigantesca aula. Bajo un silencio sepulcral y la vigilancia de supervisores que recorrían los pasillos, 37.000 jóvenes se enfrentaron a tabletas sin conexión a internet para resolver 120 preguntas en un rango de 3 horas. 

La escena fue la respuesta institucional al fallo de una aventura tecnológica: la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) tuvo que aplicar este inédito examen de control tras el fiasco de su primera prueba de admisión en línea, la cual estuvo marcada por acusaciones de fraude, suplantación de identidad y la filtración masiva de respuestas.

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Imagen de portada: © France 24

A las 6:30 de la mañana, Miriam González ya estaba con su hija y otros miles de aspirantes y familiares para poder realizar, por segunda vez, el examen de admisión. Su hija había conseguido un lugar en la carrera de cirujano dentista de la UNAM. Después de meses de preparación, había presentado el examen de admisión en línea, obtenido el puntaje requerido y había sido seleccionada. Hasta que dejó de serlo.

La universidad la convocó junto a otros 58.800 postulantes porque debían repetir la prueba después de detectar irregularidades en el primer examen de ingreso. Para Miriam y su hija, aquello significó volver a empezar.

“Pues muy pesados, tediosos”, cuenta Miriam al recordar los días posteriores. “Ya tenían el lugar asignado y todo. El 10 ya van a entregar papeles y pues les dicen (…) que van a repetir todo el proceso”, recordó la madre, quien reconoce que lo vivieron como una injusticia, pero decidió motivar a su hija a presentarse nuevamente. “A veces la vida no es justa y pues si se tiene que repetir hay que hacerlo nuevamente”, le aconsejó. 

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El costo humano del ensayo y error

Para los aspirantes y sus familias, la invalidación parcial de los resultados y el llamado al examen presencial representó un fuerte desgaste emocional y logístico. Sebastián Terres, un joven del Estado de México que afirma haber asegurado su lugar de manera legítima en la prueba a distancia, relató la frustración de tener que validar sus conocimientos por las fallas del sistema: «Fue algo molesto, incómodo el hecho de que haya tenido que repetir mi examen cuando yo me gané mi lugar con esfuerzo y honestidad».

Yamitzi García en la fila para presentar, por segunda vez, el examen de admisión de la UNAM en Palacio de los Deportes, Ciudad de México, México.
Yamitzi García en la fila para presentar, por segunda vez, el examen de admisión de la UNAM en Palacio de los Deportes, Ciudad de México, México. © Jorge Hurtado / France 24

Además, Sebastián advirtió un cambio drástico en la metodología de la nueva evaluación, señalando que el examen de control tuvo una dificultad mayor al exigir «problemas de mayor práctica» en materias exactas, dejando atrás el enfoque teórico para el cual se habían preparado en los simulacros.

El desgaste logístico y emocional cobró factura en las cifras de asistencia. De los 58.800 jóvenes llamados a reponer la evaluación, apenas acudieron unos 37.000.  El abstencionismo en las sedes foráneas de León, Tijuana y Oaxaca rondó un 30%, llegando hasta un 50% en algunos casos. 

La asfixia del monitoreo digital también dejó secuelas. Durante la prueba en línea, el software exigía condiciones irreales para entornos domésticos latinoamericanos. Yamitzi García, aspirante a Enfermería, recuerda que «por cualquier ruidito o por salirte del mismo cuadro te marcaba que a lo mejor estabas haciendo trampa». 

Kalef, aspirante a Veterinaria del Estado de México que llegó tres horas antes de su turno para evitar el tráfico, tuvo otro tipo de obstáculo en el examen en línea: la interfaz de la aplicación bloqueaba las respuestas cada vez que el usuario intentaba revisarlas. «Podías ver la pregunta, pero no podías ver ninguna respuesta. Si querías observar alguna, se te bloqueaba la pregunta y solo podías ver esa única respuesta», recordó. 

A pesar de esas restricciones que en teoría dificultaban la trampa, Kalef intuyó que muchos encontraron el camino de todos modos: «El límite creció demasiado y las gráficas de personas que no sacaban tantos puntajes de repente se dispararon. Sí estuvo medio sospechoso», contó a France 24 mientras aguardaba para realizar el examen. 

Kaleb, aspirante a licenciatura del Estado de México, revisa algunos apuntes antes de realizar el examen de control presencial en Ciudad de México, México.
Kaleb, aspirante a licenciatura del Estado de México, revisa algunos apuntes antes de realizar el examen de control presencial en Ciudad de México, México. © Jorge Hurtado / France 24

“Sucedió algo inesperado, que rebasó cualquier expectativa”

Las auditorías a los resultados del examen virtual de 2026 confirmaron comportamientos atípicos. Carreras muy competidas como Medicina, Actuaría e Ingeniería Aeroespacial tuvieron un pico irreal de aspirantes con más de 100 aciertos. En Medicina, por ejemplo, el promedio saltó de 61 a 78 y los exámenes perfectos pasaron del 7% al 30%. 

El peso de las acusaciones de fraude masivo forzó la salida de la secretaria general de la UNAM, Patricia Dávila, cediendo el mando en medio de la tormenta a Javier de la Fuente, quien creó la Comisión Técnica que determinó repetir el examen de forma presencial. 

“Por supuesto hay que pedir una disculpa. Al final del día sucedió algo inesperado, que rebasó cualquier expectativa (…) muchísimos jóvenes que hicieron de manera normal su examen y que están siendo afectados con el estrés y la incertidumbre de uno nuevo”, declaró De la Fuente el primer día del examen presencial. 

“Siempre hay tiempo para cambiar, lo que no puedes hacer es ocultarlo, minimizarlo, quedarte pasmado o paralizado y la UNAM actuó de manera muy rápida, transparente y aprendió mucho”, aseguró. 

Aspirantes a licenciatura de la UNAM presentan el examen de control presencial en Palacio de los Deportes en Ciudad de México, México.
Aspirantes a licenciatura de la UNAM presentan el examen de control presencial en Palacio de los Deportes en Ciudad de México, México. © UNAM cortesía

El miércoles, la presidenta de México, Claudia Sheinbaum. instó a la UNAM a aplicar un plan de austeridad y reorientar sus fondos. El objetivo, señaló la mandataria, es financiar la apertura de más espacios y evitar que el rechazo masivo de jóvenes siga siendo la norma. “Lo peor que puedes decir a un joven es que es rechazado. Antes les decían ‘ninis’ o rechazados. ¿Rechazados de qué, de la sociedad?”, sentenció la mandataria.

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“No sobran estudiantes, faltan lugares” 

Para Imanol Ordorica, investigador del Instituto de Investigaciones Económicas de la UNAM, el fraude fue la consecuencia más visible de una presión acumulada, no su causa. La universidad recibió aproximadamente 180.000 solicitudes para un proceso en el que el examen de admisión puede absorber máximo 20.000 jóvenes por ciclo. «No sobran estudiantes, faltan lugares», resume. Todo mecanismo de selección, señala, está construido sobre una misma lógica: dejar fuera.

Pero Ordorica advirtió que el examen, tal como existe, tiene «profundos sesgos de género, socioeconómicos, culturales y étnicos» que, según él, favorecen sistemáticamente a los aspirantes en condiciones más privilegiadas. Sostiene que se trata de un mecanismo que reproduce desigualdades de origen y contradice la idea de la universidad como un gran ecualizador. «El procedimiento de selección es inequitativo, es injusto, no debe realizarse de la manera en que se hace», lamentó. 

Desde esa perspectiva, el investigador rechaza que el escándalo revele algo sobre el carácter de quienes hicieron trampa.

«No es que estemos frente a generaciones proclives a la deshonestidad y a la trampa; es que estamos generando procesos de muy alto impacto en donde el futuro de las personas está en juego con muy pocas oportunidades de ingreso frente a una demanda muy grande», plantea.

El investigador aclaró que «no fue el uso de inteligencia artificial lo que privó; lo que privó aquí fue la incapacidad de un sistema tecnológico que se le vendió a la Universidad Nacional por una empresa privada», aclara e invita a no demonizar el uso de la tecnología. 

Imanol Ordorika, investigador de la UNAM y doctor en Ciencias Sociales y Educación por la Universidad de Stanford, Estados Unidos.
Imanol Ordorika, investigador de la UNAM y doctor en Ciencias Sociales y Educación por la Universidad de Stanford, Estados Unidos. © Jorge Hurtado / France 24

Regresar al papel y la sala cerrada, señala, es volver a los problemas que ya existían antes del escándalo. Afirma que la solución de fondo implicaría revisar un proceso de selección que la UNAM estableció en los años cincuenta del siglo pasado y que, aunque ha sido modificado, sigue basándose en «un examen en un tiempo muy corto que se supone debe evaluar conocimientos, capacidades, experiencia, bagaje cultural… y que no lo hace de manera adecuada». 

El académico propone modelos alternativos: propedéuticos de ingreso, combinación de examen con promedios históricos, o sistemas ponderados por nivel socioeconómico como el que aplica Chile, que ajusta los puntajes según los ingresos de la familia y el contexto del aspirante.

Frente al escrutinio de las familias y las recientes presiones políticas para ampliar su matrícula, la UNAM enfrenta ahora la disyuntiva de simplemente perfeccionar los filtros de seguridad de un examen creado a mediados del siglo pasado, o emprender una revisión más profunda sobre cómo evalúa y recibe a las nuevas generaciones de mexicanos. 

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