Cuando era niña, María Juana Peralta Fuentes pasaba buena parte de las tardes junto al río Sonora. Bañarse, caminar por la orilla y comer algo ahí eran actividades habituales en San Pablo de Aconchi, la comunidad donde ha vivido toda su vida. Años después decidió llevar a sus hijos. “Íbamos y cortábamos berros y hacíamos una ensalada bien rica», recuerda. «Ahora ya no”.
La tarde del 6 de agosto de 2014, una persona llegó desde Sinoquipe para advertir a los habitantes que había ocurrido un derrame y que cerrarían los pozos. Les dijo que almacenaran tanta agua como pudieran en cubetas y otros recipientes. Nadie sabía cuánto duraría la emergencia ni de dónde se abastecerían después.
“Nos sentimos muy tristes y derrotados. No sabíamos qué hacer, porque todos los pueblos estaban pasando por lo mismo”, cuenta.
Ese día, alrededor de 40 millones de litros de solución de sulfato de cobre acidulado salieron de las instalaciones de Buenavista del Cobre, una mina operada por una filial de Grupo México en Cananea. El líquido llegó primero al río Bacanuchi y después al río Sonora. Afectó a ocho municipios y a una población de más de 22,000 personas.
En 2023, la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat) atribuyó el desastre a fallas en el diseño hidrológico del sistema de almacenamiento de la mina. La dependencia sostuvo que las lluvias registradas en la zona no explicaban el derrame, como señaló al principio la empresa.
La calidad del agua puede cambiar según la localidad, el pozo y la fecha en que se realizó el análisis. El Dictamen Diagnóstico Ambiental del Río Sonora, publicado por la Semarnat en 2023, encontró niveles elevados de aluminio, mercurio, hierro y manganeso en distintos puntos del río. En las tomas domiciliarias también detectó arsénico, aunque por debajo del límite permitido, además de otros metales.
La exposición a concentraciones elevadas de algunos de estos metales puede afectar la salud, aunque el riesgo depende de la cantidad, la vía y el tiempo de exposición. El arsénico, por ejemplo, se ha relacionado con lesiones en la piel, enfermedades cardiovasculares y algunos tipos de cáncer; mientras, el mercurio puede dañar los riñones, los sistemas nervioso, digestivo e inmunitario, y representa un riesgo particular durante el embarazo y la infancia.
Un río al que dejaron de acercarse
Después del derrame, la familia de María Juana Peralta dejó de bañarse en el río. Sus hijos también dejaron de jugar con la manguera como antes y ella comenzó a advertirles que evitaran beber de la llave. Actualmente compran agua purificada para tomar, pero utilizan la de la red para bañarse, lavar y realizar otras actividades.
“Nos bañamos, pero con miedo también, con miedo a contaminarnos. Muchas veces no hay recursos para comprar el agua, por eso la compramos nada más para tomar”, explica Peralta, quien forma parte de los Comités de Cuenca Río Sonora, una organización integrada por habitantes de las comunidades afectadas que desde hace 12 años exige agua segura, atención médica y reparación ambiental.
En 2024, la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH) señaló que las autoridades de salud no habían garantizado una atención adecuada y permanente, a pesar de que contaban con información sobre los riesgos sanitarios y toxicológicos en la cuenca.

