
El hígado graso se está convirtiendo en un problema mayor. En todo el mundo, la composición de los hígados de más de 1,000 millones de personas está cambiando de forma lenta e insidiosa.
Aunque la presencia de grasa en un hígado sano es insignificante, muchos adultos e incluso niños tienen hígados en los que la grasa supera el 5% o incluso el 10% del peso total del órgano. Esta presencia anómala provoca inflamación, daño celular y la formación de tejido cicatricial conocido como fibrosis. Todos ellos son rasgos característicos de la enfermedad del hígado graso, que actualmente afecta a aproximadamente el 30% de los adultos de todo el mundo.
Si no se trata, la acumulación progresiva de grasa puede conducir en última instancia a insuficiencia hepática. La enfermedad también se ha relacionado con un mayor riesgo de afecciones cardiovasculares y diversos tipos de cáncer. Sin embargo, la afección suele desarrollarse sin síntomas apreciables, por lo que rara vez se detecta en una fase temprana y tratable. Incluso entre las personas con cirrosis o cicatrización hepática avanzada, tres de cada cuatro solo reciben el diagnóstico cuando la enfermedad ya pone en peligro su vida.
La inteligencia artificial al rescate
Como consecuencia, un número cada vez mayor de especialistas está investigando cómo podría ayudar la IA. Jeffrey Lazarus es profesor de la Escuela de Posgrado de Salud Pública y Política Sanitaria de la CUNY. Sugiere que las herramientas de IA podrían usarse para examinar minuciosamente un gran número de historiales médicos electrónicos. Así esperan identificar a las personas con mayor probabilidad de haber acumulado cantidades preocupantes de grasa hepática.
“La IA puede analizar retrospectivamente los datos de un número ingente de visitas hospitalarias y de informes de laboratorio”, asegura Lazarus. “Esto permite determinar a quiénes debe darse prioridad según su nivel de riesgo.”
Si la enfermedad del hígado graso se detecta a tiempo, gran parte del daño puede revertirse. En las fases iniciales, ciertos cambios en el estilo de vida pueden revertir la fibrosis y la inflamación: reducir el consumo de alcohol, mejorar la alimentación, hacer ejercicio para perder peso e incluso aumentar el consumo de café. Incluso en el caso de personas con fibrosis hepática de moderada a avanzada, se ha demostrado que tratamientos novedosos, como el medicamento GLP-1 semaglutida y un fármaco llamado resmetirom, son muy eficaces.
El hígado noble
“El hígado es un órgano muy versátil e interesante: es capaz regenerarse, la fibrosis es reversible y el órgano puede volver a estar completamente sano”, señala Lazarus.. ”Pero, tradicionalmente, nos hemos centrado más en la atención en fases avanzadas y en intentar prolongar la vida del paciente, en vez de detectar la enfermedad a tiempo y evitar que avance».
Una de las frustraciones de Lazarus y otros especialistas es que, aunque existen métodos sencillos y no invasivos para evaluar la salud hepática, rara vez se utilizan. Esto ocurre incluso entre personas con un riesgo conocido mucho mayor de sufrir complicaciones por la enfermedad del hígado graso, como quienes padecen obesidad o diabetes tipo 2.
El índice Fib-4, por ejemplo, estima el riesgo de que una persona padezca fibrosis hepática avanzada mediante una puntuación de 0 a 6. El cálculo se basa en la edad, los niveles de dos enzimas hepáticas y la capacidad de coagulación sanguínea. Para ello, los médicos deben realizar un análisis de sangre para evaluar el hígado, algo que en Estados Unidos suele formar parte de un chequeo médico anual. Los médicos también disponen de una prueba sanguínea más precisa de segunda línea, conocida como ‘prueba mejorada de fibrosis hepática’. Esta mide los niveles de dos proteínas implicadas en la formación de tejido cicatricial y de una enzima que inhibe la eliminación de las cicatrices del hígado.
