Esta variante genética, común entre mexicanos, está relacionada con el doble de probabilidad de diabetes… y ya sabemos por qué


La diabetes tipo 2 puede aparecer con mayor frecuencia en algunas familias, pero no existe un solo gen que determine quién desarrollará la enfermedad. El riesgo depende también de numerosos factores, como el peso, la edad y el entorno. Una nueva investigación identificó un mecanismo detrás de una de esas piezas genéticas y, con ello, abre una vía para explorar tratamientos dirigidos específicamente a quienes presentan esta alteración. La variante resulta particularmente relevante para el continente americano, pues aparece con una frecuencia elevada en algunas poblaciones de ascendencia indígena.

La variante genética se llama T4977C. Desde antes se sabía que estaba asociada con una mayor probabilidad de diabetes tipo 2, pero los engranes que podían explicar esa relación permanecían ocultos. Ahora, científicos de la Universidad del Sur de California encontraron al menos una parte de la respuesta: portar T4977C impide producir una microproteína recién identificada que participa en la manera en que el organismo optimiza el uso de la glucosa.


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Un estudio revela que la diabetes tipo 2 en personas delgadas se debe a falta de insulina, no a resistencia como en personas con sobrepeso.


Dile hola a MENTSH

Esta microproteína se llama MENTSH. Quienes portan la variante genética T4977C y, por tanto, no producen MENTSH de manera normal, tienen aproximadamente el doble de probabilidad de recibir un diagnóstico de diabetes tipo 2 que quienes no la presentan, explican los autores del estudio a WIRED en Español.

Los investigadores, encabezados por Pinchas Cohen, decano de la Escuela de Gerontología Leonard Davis de la USC, descubrieron que MENTSH ayuda al organismo a usar la glucosa de manera eficiente al modular la vía de señalización de la insulina tanto en las células grasas como en las musculares.

“La microproteína mejora la señalización de la insulina en las células musculares y la reduce en las células grasas. Al incrementar esta señalización en el músculo, favorece la captación de glucosa por el tejido muscular y, con ello, disminuye su concentración en el torrente sanguíneo”, dijeron.

Para explorar esa función, el equipo administró MENTSH y versiones modificadas de la molécula a ratones con obesidad y diabetes. Algunas mejoraron la señalización de la insulina y redujeron el aumento de peso en roedores alimentados con una dieta rica en grasas. Según los autores, una versión modificada también hizo que los animales utilizaran más grasa en lugar de glucosa como combustible y ayudó a preservar masa muscular durante la pérdida de peso.


Imagen digital para comprender cómo interactúa la insulina (de color naranja) con la glucosa (color amarillo) y la sangre.

Al desactivar un gen, investigadores lograron que células de los conductos del páncreas adquirieran características de las células beta y produjeran insulina.


Los resultados siguen siendo preclínicos. MENTSH no se ha probado como tratamiento en humanos, pero los investigadores consideran que la microproteína podría servir en el futuro como base para terapias dirigidas especialmente a personas que portan la variante genética T4977C.

El riesgo tampoco es igual para todos los portadores. “Este efecto perjudicial realmente solo se observa en personas con sobrepeso u obesidad. En quienes tienen un índice de masa corporal (IMC) saludable, la variante no produce este efecto adverso. Si bien siempre es recomendable mantener un IMC saludable, para las personas con esta variante genética es aún más importante conservar un peso adecuado”, contó el equipo.

Una variante de la que todavía sabemos muy poco

La variante podría ser especialmente relevante para México. Según el comunicado, está presente en alrededor del 20% de mexicanos y mexicoamericanos. Sin embargo, esa cifra no implica que esté distribuida de manera uniforme en todo el país.

“Al parecer, esta variante surgió en una de las primeras poblaciones indígenas de América. Se encuentra en el haplogrupo mitocondrial B2, presente —en distintos porcentajes— en numerosos pueblos indígenas de todo el continente”, explicaron los investigadores.

“Para comprender mejor su distribución en México, sería necesario realizar muchas más pruebas genéticas en las distintas poblaciones. Es importante señalar que esta variante se transmite únicamente por vía materna; por lo tanto, las personas cuya ascendencia materna sea de origen español o europeo no se verán afectadas”, añadieron.

El hallazgo no describe una predisposición genética compartida por todos los mexicanos, sino un factor de riesgo que podría ser especialmente relevante para determinados linajes maternos y cuya distribución dentro del país todavía está por conocerse.

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