Guterres clama por «restablecer la seguridad» en Haití y deplora la «indiferencia» del mundo


Haití, un país que desde hace años sufre una profunda crisis económica, humanitaria y política por la mortífera violencia de pandillas, está en el centro del viaje de António Guterres al Caribe.

Este miércoles 17 de junio, el secretario general de la ONU volvió a República Dominicana, país que comparte con Haití la isla de La Española y en el que había aterrizado el lunes.

Tras reunirse con el presidente dominicano, Luis Abinader, Guterres aseguró que «es absolutamente esencial» el restablecimiento de la seguridad en Haití, tanto para esa nación como para la región.

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Solo de esa manera, afirmó el jefe de la ONU, será posible «una evolución después política, con elecciones, y que permita la integración de Haití en la comunidad internacional».

En ese sentido, el secretario general de Naciones Unidas agradeció «profundamente» las contribuciones del Gobierno dominicano para la creación de la denominada Fuerza de Eliminación de Pandillas (GSF, por sus siglas en inglés), una misión internacional aprobada en septiembre pasado por la ONU para enfrentar a las bandas armadas haitianas y que debe contar con un máximo de 5.500 agentes de varios países.

El secretario general de Naciones Unidas, António Guterres, saluda a los miembros de la Fuerza de Eliminación de Pandillas, el 16 de junio de 2026 en Puerto Príncipe, Haití.
El secretario general de Naciones Unidas, António Guterres, saluda a los miembros de la Fuerza de Eliminación de Pandillas, el 16 de junio de 2026 en Puerto Príncipe, Haití. © Amélie Bottollier-Depois / AFP

República Dominicana y la ONU «compartimos una visión que es de una total prioridad en este momento para reforzar el combate contra las pandillas y para restablecer un mínimo de seguridad en Haití que permita una evolución política positiva», insistió.

Durante su visita a Haití el día anterior, Guterres había visitado la sede de ese cuerpo, que reemplaza a una misión anterior dirigida por la Policía keniana, la cual concluyó su tarea en mayo de este año, con magros resultados.

Si bien las operaciones de la GSF deberían empezar en las próximas semanas, hasta el momento el despliegue de tropas de Jamaica, El Salvador, Guatemala y Chad ha sumado menos de 1.000 efectivos, que se espera que trabajen en conjunto con la Policía Nacional de Haití y sus crecientes Fuerzas Armadas.

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Más de uno de cada diez haitianos son desplazados forzados

Estadísticas recientes publicadas por la ONU muestra que, en lo que va de 2026, más de 2.300 personas han sido asesinadas en Haití, 1.100 han resultado heridas y otras 100 han sido secuestradas, entre ellos James Boyard, director de gabinete del Ministerio de Defensa, capturado la semana pasada en una de las pocas zonas relativamente seguras de Puerto Príncipe.

Además, de acuerdo con Naciones Unidas, hay 1,5 millones de personas desplazadas (lo que equivale a más de uno de cada diez habitantes del país) en campamentos precarios, entre ellas un récord de 300.000 solo en la capital. Según la Organización Internacional para las Migraciones (OIM), uno de los éxodos recientes fue el de al menos 18.000 personas que huyeron en mayo de Cité Soleil, uno de los barrios más pobres de Puerto Príncipe, donde el fin de semana un enfrentamiento entre bandas criminales dejó una treintena de muertos, informó la ONG local Coalición por la Paz y el Desarrollo (CPDHaiti).

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En esta realidad se sumergió Guterres durante su visita del martes 16 de junio a Haití. En su recorrido, visitó un refugio improvisado en una antigua escuela, donde más de 1.200 personas viven hacinadas, con la garantía de solo una comida al día.

En un aula calurosa, el secretario general de la ONU escuchó las crudas historias de seis mujeres, que se quejaron por la falta de privacidad, incluso para ducharse o ir al baño, y expresaron su preocupación por sus hijos pequeños.

Y es que, también según cifras de la ONU, unas 700 personas, sobre todo mujeres y niñas, han sido víctimas de violencia sexual en lo que va del año y cientos de menores siguen en manos de redes de trata.

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En ese sentido, Guterres advirtió que en el primer trimestre de este año, una media de 20 mujeres y niñas «han sido agredidas cada día», y el número de niños reclutados por las pandillas «se ha triplicado», por lo que «ahora uno de cada dos miembros de las bandas es un niño».

La tensión rodeó toda la visita de Guterres y alcanzó su pico cuando un hombre comenzó a golpear el revestimiento metálico del edificio, al grito de «¡Queremos volver a casa!», hasta forzar que los guardias de seguridad evacuaran al jefe de la ONU.

Por todo esto, y por una inseguridad alimentaria severa que amenaza a 6,4 millones de personas dependientes de ayuda humanitaria, Guterres subrayó que Haití «atraviesa la crisis más severa del hemisferio occidental» y la tercera del mundo, después de los Territorios Palestinos y Sudán.

«La mayor vergüenza es la indiferencia»

La visita a Haití incluyó un encuentro entre Guterres y el primer ministro haitiano, Alix Didier Fils-Aimé, a quien le pidió, así como a toda la clase política, «acelerar» el proceso para restablecer la confianza entre la población, «con etapas de transición inclusivas y elecciones creíbles», comicios que, indicó, solo podrán realizarse cuando se garantice la seguridad.

Aunque la primera vuelta de los comicios generales en Haití estaba prevista para agosto de este año, los altos niveles de violencia y sus consecuencias hacen imposible trazar un calendario electoral realista.

Guterres se negó a vaticinar una fecha («no me corresponde», afirmó), pero sí remarcó que «el pueblo haitiano ha esperado demasiado», por lo que instó a los dirigentes haitianos a aprovechar una «oportunidad» que «quizá no vuelva».

Pese a la frágil situación, el diplomático portugués destacó que las autoridades han retomado recientemente el control de algunos barrios del centro de Puerto Príncipe y subrayó como «símbolo del retorno progresivo del Estado» que el Consejo de Ministros se haya podido reunir en el Palacio Nacional de la capital después de más de tres años.

Antes de abandonar Haití luego de pasar unas horas en el país, el jefe de Naciones Unidas aseguró: «Lo que vi me marcó para siempre» y lamentó que «cada día es una lucha por sobrevivir», realidad en la que «las mujeres y los niños son quienes pagan el precio más alto».

Con eso en mente, cuestionó con dureza a una comunidad internacional que «no está plenamente comprometida», teniendo en cuenta que el plan de respuesta para Haití es el programa humanitario de la ONU «menos financiado», con una recaudación que apenas alcanza un cuarto del total de 880 millones de dólares previstos.

Miembros de un grupo de vigilancia vecinal suben una colina mientras patrullan una zona residencial después de que bandas incendiaran casas, según estimaciones de la ONU, en Furcy, Haití, 24 de junio de 2025.
Miembros de un grupo de vigilancia vecinal suben una colina mientras patrullan una zona residencial después de que bandas incendiaran casas, según estimaciones de la ONU, en Furcy, Haití, 24 de junio de 2025. REUTERS – Jean Feguens Regala

«Haití no pide caridad. Haití pide que el mundo cumpla su palabra. Y Haití no puede esperar (…). La mayor vergüenza no es la violencia de las bandas. La mayor vergüenza es la indiferencia, la de un mundo que durante demasiado tiempo ha mirado hacia otro lado», sentenció.

Con EFE y AP

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