
En los últimos meses de la Segunda Guerra Mundial, miles de jóvenes pilotos japoneses recibieron la orden de lanzar sus aviones cargados de explosivos contra los buques aliados. Las misiones kamikaze fueron presentadas como un acto de sacrificio por Japón, pero también dejaron una profunda huella de muerte y controversia. Décadas después, uno de los últimos pilotos supervivientes recuerda aquella experiencia en una entrevista con nuestra reportera Mélodie Sforza.
En japonés, «kamikaze» significa «viento divino». Pero desde 1945, y para todo el mundo, la palabra sigue asociada a los pilotos japoneses que estrellaron sus aviones contra barcos estadounidenses.
Al final de la Segunda Guerra Mundial, mientras las tropas estadounidenses avanzaban en el Pacífico, Japón recurrió a una estrategia desesperada: los ataques kamikaze. Se trataba de usar a jóvenes soldados como bombas humanas.
Miles de pilotos recibieron la orden de estrellar sus aviones, cargados de explosivos, contra barcos enemigos. Con una edad promedio de 21 años, la propaganda japonesa los presentaba como héroes dispuestos a morir por el emperador.
En total, se cree que cerca de 4.000 pilotos japoneses perdieron la vida, causando la muerte de unos 7.000 marineros aliados y la destrucción de decenas de barcos. Pero tras esta imagen de soldados dispuestos a sacrificarse, algunos supervivientes cuentan una historia más compleja: la de jóvenes preparados para morir, muchos de los cuales no tuvieron otra opción.
Kunitake Toriya es uno de los últimos pilotos kamikaze supervivientes. En 1945, recibió sus órdenes de misión y se entrenó durante varios meses para un ataque suicida. Sin embargo, Japón se rindió antes de su partida. Capturado por los soviéticos, pasó casi dos años en cautiverio antes de regresar a Japón.
En el país, varios museos conservan hoy la memoria de estos pilotos. El más importante, en Chiran, alberga miles de cartas escritas por jóvenes aviadores antes de su partida. Sin embargo, estos relatos también están marcados por la propaganda y la censura del Ejército Imperial, que controlaba los escritos de sus soldados.
Un recuerdo que aún divide a su población
Más de 80 años después de la guerra, el recuerdo de los pilotos kamikaze sigue siendo un tema delicado en Japón. Algunos aún los consideran soldados que murieron por su país. Otros los ven principalmente como un símbolo del militarismo japonés y de una época en la que el individuo debía sacrificarse por el bien de la nación.
Tras la guerra, Japón adoptó una constitución pacifista y poco a poco dejó atrás su pasado militar. Sin embargo, hoy en día, a medida que el país incrementa su presupuesto de defensa y fortalece sus capacidades militares, resurgen los debates sobre este legado.
Incluso dentro de la propia familia de Kunitake, varias generaciones cuestionan este rearme. Su hijo, Masahiko, cree que destinar más dinero a las fuerzas armadas equivale a aceptar la idea de que la guerra podría volver a ser una posibilidad.
Para algunos activistas, conmemorar a los kamikazes es una forma de preservar la memoria de las jóvenes víctimas de la guerra. Para otros, esta memoria es inseparable de la violencia cometida por el Japón imperial. Esta controversia demuestra que, 80 años después de la rendición, Japón sigue buscando la manera de afrontar su pasado.
